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(ca) [España]El Viejo Topo, nº 202 2005 enero: Joan Peiró, una víctima más de la alianza nazi-franquista

Date Sat, 8 Oct 2005 13:49:00 +0200 (CEST)


Vivimos en una época de recuperación de la memoria histórica reciente
(exhumación de restos humanos en fosas comunes del franquismo,
documentales y libros sobre las obras forzadas de los presos republicanos,
peticiones de revisión de sentencias militares durante la dictadura,
programas de televisión, tesis,...) Todo parece indicar que nos hallamos
ante un cierta revisión de lo pactado en la llamada transición democrática
de los años 70.
Durante estos años ha habido francotiradores contra el olvido que han sido
marginados en los ámbitos universitarios, las tertulias y actos para
minorías, el silencio casi generalizado de los grandes medios,... Ahora,
nuevas generaciones de historiadores, escritores, cineastas,
periodistas,... sin implicación directa en el proceso de transición del
franquismo a la monarquía parlamentaria y con ganas de bucear en las aguas
turbias y profundas de nuestro pasado airean documentos y testimonios que
han sido acallados durante décadas.
Los ocho años de gobierno del Partido Popular y su intensa y eficaz
dedicación al revisionismo histórico deberían abrirnos los ojos. El
silencio y la amnesia son fruto de la represión y ésta, aunque se trate de
autorrepresión, siempre favorece a los poderosos, a aquellos que más
necesitan ocultar. El asesinato de Joan Peiró es uno de los casos que
precisa de una mayor difusión.

La forja de un revolucionario

Joan Peiró nació el 18 de febrero de 1887 en el barrio obrero de Sants
(Barcelona) Comenzó a trabajar, aún niño, en un horno de vidrio en el
barrio vecino de La Bordeta. Posteriormente, y siempre en el mismo sector
productivo, trabajó en Poble Nou y en Badalona. En 1907 se casó con Mercè
Olives, obrera textil, y tuvieron cinco hijos (tres varones y dos
mujeres)
De su iniciación como activista sindical hay diferentes versiones, aunque
él mismo la sitúa en 1906. Comenzó a tener importantes responsabilidades
entre 1915 y 1920: secretario general de la federación local de sindicatos
de Badalona (1915-1916), secretario general de la Federación Española de
Vidrieros y Cristaleros (1916-1920), director de La Colmena Obrera
(órgano de los sindicatos badaloneses) y de El Vidrio (portavoz de los
vidrieros federados)
Estuvo influenciado por el sindicalismo revolucionario francés (la Carta
de Amiens y la CGT) y mantuvo contactos con activistas y publicistas de la
CNT, pero no se vinculó a la CNT hasta 1918, después del congreso de Sants
de la Confederación Regional del Trabajo de Catalunya. De su activa
participación en este congreso destacan: la recomendación, no su
aplicación dogmática, de la táctica de la acción directa sindical
(resolución directa de los conflictos entre patronal y sindicato, sin
intervenciones ajenas), la formación de sindicatos únicos (agrupación de
los sindicatos de oficio en su mismo ramo o sector, cuestión en la que
llevaba varios años trabajando en su sector, tras una serie de luchas
fallidas) y su elección como miembro de la comisión de redactora de los
estatutos de la CNT catalana.1
Su papel en el congreso de La Comedia (Madrid, 1919) de la CNT no será tan
significativo. Se sumó a la defensa de las federaciones de industria, que
fueron rechazadas y sólo se aceptaron comités de relaciones, aunque le
correspondió al asturiano Eleuterio Quintanilla ser el portavoz.

Los difíciles años veinte

Los años veinte estuvieron marcados, en Catalunya, por la feroz represión
patronal y de los aparatos del Estado contra la CNT y sus aliados
(asesinatos, entre otros, del destacado anarcosindicalista Salvador Seguí,
el Noi del Sucre, y del abogado y diputado republicano Francesc Layret)2
En 1920, Peiró se trasladó de Badalona a Barcelona y durante tres meses
vivió exclusivamente dedicado a la organización. El mismo año sufrió dos
atentados, fue detenido y pasó por las prisiones de Soria y Vitoria.
En 1922 asumió la secretaria general de la CNT y durante su gestión se
celebró la Conferencia de Zaragoza en la que, por primera vez desde 1919,
se volvieron a encontrar los pesos pesados confederales: Seguí, Pestaña,
Peiró, G. Diez, Abós, Cano Ruiz, Aláiz, Buenacasa,...
Dos hechos destacaron en aquella reunión. El primero, la propuesta de
referéndum entre los sindicatos para decidir la permanencia o salida
(éste fue el resultado) de la CNT de la Internacional Sindical Roja (ISR)
y su adscripción a la reconstruida Asociación Internacional de los
Trabajadores (AIT) Un año antes, los delegados a Moscú (Maurín, Nin,
Arlandis,...) habían decidido integrar la CNT en la ISR.
El segundo y más significativo, la aprobación por aclamación de un
dictamen elaborado por Peiró y firmado por Seguí, Pestaña y Viadiu
conocido como la moción política de Zaragoza. En dicho documento se
proclamaba el alejamiento de la CNT de los partidos políticos, al mismo
tiempo que su total implicación en ?los problemas morales, económicos,
sociales y políticos? de la clase trabajadora. La CNT se definía como ?un
organismo netamente revolucionario... a la vez integral y absolutamente
político puesto que su misión es la de conquistar sus derechos de revisión
y fiscalización de todos los valores evolutivos de la vida nacional y...
ejercer la acción determinante por medio de la coacción derivada de los
dispositivos y manifestaciones de fuerza de la CNT?3
A pesar de determinar de manera diáfana una posición de autonomía sindical
y de actuación sociopolítica revolucionaria, fue denostada por los medios
anarquistas ortodoxos y utilizada por la prensa liberal y de izquierdas
para plantear un acercamiento de la CNT a la política en su sentido más
formalista. El dictamen dejaba claro que la política a la que se referían
no era ?en el sólo sentido de arte de gobernar a los pueblos, si no ...las
actuaciones de todo orden ...de los individuos y las colectividades?
En agosto de 1922, Peiró se estableció en Mataró y trabajó en el sector
del vidrio. En 1925 dirigió la constitución de la Cooperativa del Vidrio,
que anteriormente había intentado organizar con un régimen cooperativista
mixto.4
El golpe de estado y la dictadura de Primo de Rivera situó a la CNT en la
clandestinidad (clausura de sedes y sindicatos, suspensión de Solidaridad
Obrera) Peiró fue enviado a prisión en 1925, 1927 y 1928 y fue nombrado
nuevamente secretario del comité nacional de la CNT entre 1928 y 1929.
Aunque en 1927 se inscribió en la Federación Anarquista Ibérica (FAI)
nunca militó y, posteriormente, fue muy critico con las posiciones de la
FAI en la CNT.
Durante la etapa de la dictadura elaboró algunos de los elementos claves
de su pensamiento sindical, social y político: los sindicatos eran
organismos de clase; el anarquismo no podía regular el funcionamiento de
la CNT; era necesaria una transformación de la Confederación ?de la que
sólo queden en pie la substancialidad de los principios y procedimientos
del sindicalismo revolucionario?; el sindicalismo había de basarse en la
defensa de los intereses de los trabajadores y en el establecimiento de la
solidaridad de clase y constituía ?la fuerza que derribe a la sociedad
capitalista y el medio por el cual se articulará el mecanismo de la
producción? pero no una doctrina o un sistema completo; para no caer ni en
el reformismo ni el corporativismo era necesaria la influencia, sin
imposición, del anarquismo ?queremos la anarquización del sindicalismo y
de las multitudes proletarias, pero mediante el previo consentimiento
voluntario de éstas y manteniendo la independencia de la personalidad
colectiva del sindicalismo?5
A pesar de sus críticas a la que consideraba vicios de la clandestinidad
(grupos de acción, decisiones no consultadas, minorías de militantes
dirigentes) nunca aceptó que la legalización de los sindicatos
confederales se consiguiese con el trágala de la aceptación de los jurados
mixtos, oponiéndose a ?cuanto significara reformismo... y para... evitar
el olvido completo de los principios y normas de la CNT... con vistas al
mañana?. Esta postura le llevó a una fuerte crítica de la actuación
colaboracionista de la UGT y un duro ataque a Pestaña, con el que
compartía otras posiciones, que provocó la dimisión del comité nacional de
la CNT y frustró cualquier maniobra de aceptación de los comités
paritarios y, por ende, una bocanada de aire fresco a la Dictadura.

República y escisión

Durante los años veinte, Peiró mantuvo frecuentes contactos con las
fuerzas opositoras a la Dictadura y a la monarquía. En 1930 firmó el
manifiesto de ?Inteligencia Republicana?, pero un alud de críticas
internas le lleva a retirarla e incluso a plantearse su retirada de la
vida pública. El mismo año fue nombrado, por un pleno de sindicatos,
director de Solidaridad Obrera.6
Desde diferentes publicaciones (Despertad, Acción, Mañana, Solidaridad
Obrera) defendió la estructuración de los sindicatos en federaciones de
industria. Dos fueron sus principales argumentos: en el presente, para
enfrentarse en mejores condiciones a la concentración industrial y a las
organizaciones patronales; en el futuro, las federaciones se
responsabilizarían de las complejas tareas de la producción en la
revolución social.
En el congreso extraordinario de la CNT (Madrid, junio de 1931) consiguió
un apoyo masivo a las federaciones de industria frente a las tesis de
quienes (García Oliver y otros faístas) defendían modelos organizativos
únicamente territoriales. En el mismo comicio, la ponencia ?Posición de la
CNT frente a las Cortes Constituyentes? planteaba una ambivalencia entre
el mantenimiento de los principios antiparlamentarios de la CNT y la
exigencia a los nuevos gobernantes de soluciones a asuntos relacionados
con las libertades, los derechos sociales y la crisis económica. Su
discusión volvió a enfrentar a los sectores (Peiró, Pestaña, Villaverde)
que entendían que la proclamación de la República permitía avanzar en la
conquista de libertades y derechos sindicales fundamentales para la
recomposición de la CNT y a quienes (miembros de la FAI y delegados de
casi todos los sindicatos de la construcción) opinaban que se trataba del
reconocimiento de la eficacia de los organismos y engranajes políticos
burgueses. El dictamen fue aprobado con algunas modificaciones.7
En agosto de 1931, Peiró firmó junto a otros 29 destacados militantes de
la CNT (Pestaña, López, Gibanel, Alfarache, Piñón,...) el ?Manifiesto
Trentista?. En él se hacía una descripción de la situación económica y
social a la que se califica de ?honda tragedia colectiva? y se acusaba al
gobierno republicano de haberse ?colocado en situación contemplativa
cuando se ha tratado de mermar privilegios, de destruir injusticias,...?,
para posteriormente criticar una visión minoritaria, simplista y
espontánea de la revolución que ?nos llevaría a un fascismo republicano,
con disfraz de gorro frigio? , reclamarse ?revolucionarios, sí; pero no
cultivadores del mito de la revolución? que ?queremos una revolución
nacida del hondo sentir del pueblo...? y preguntarse ?¿lo quiere también
la mayoría de los militantes de la organización? He aquí lo que interesa
dilucidar,... la Confederación es una organización revolucionaria, no una
organización que cultiva la algarada, el motín,... el culto de la
violencia, de la revolución por la revolución?8
La reacción de la FAI no se hará esperar y en el pleno de la CNT de
Catalunya (Sabadell, abril de 1932) se provocó la salida de los sindicatos
sabadellenses de la CNT, la dimisión de Pestaña del comité nacional y la
de Mira como secretario del comité regional. A finales de 1932 se
constituyó la Federación Sindicalista Libertaria y durante el 1933 se
fueron añadiendo a esta primera escisión los llamados sindicatos de
oposición. Peiró participó en este proceso pero nunca en responsabilidades
destacadas y siempre buscando puntos de retorno. Sus principales
actividades se centraron en sus escritos en Cultura Libertaria y
Sindicalismo y en su dedicación a la cooperativa del vidrio de Mataró. En
1935, formuló una serie de condiciones mínimas (respeto a los acuerdos
congresuales de 1931, la independencia de la CNT y el respeto al
funcionamiento federalista) para la reunificación.9 Esta se produjo en
1936.

Revolución y guerra: de la cooperativa al ministerio

Peiró asumió una vicepresidencia del comité antifascista de Mataró, creado
como consecuencia del alzamiento de los militares golpistas entre julio
y agosto de 1936. Sus dos hijos mayores marcharon al frente de Aragón.
Entre agosto y octubre denunció en diversos medios (Solidaridad Obrera,
Llibertat) la irresponsabilidad de los grupos incontrolados y sus
prácticas de rapiña y venganza que deshonraban la revolución.10
También expuso sus opiniones sobre la necesidad: de un esfuerzo económico
de guerra basado en el control sindical de la producción y en la
eficiencia del proletariado; de un mando único (sin discriminación de los
diferentes sectores ideológicos de las milicias) y de la
?profesionalización? de la guerra; y de la entrada de la CNT y de la FAI
en los gobiernos de Catalunya y de España, para evitar actuaciones
contrarias a los intereses futuros de la clase obrera y para afirmar la
posición de la CNT y su papel en el triunfo sobre la sublevación militar.
Igualmente, planteó una República Social Federal como forma de gobierno
para la etapa posterior a la guerra.11
Fue uno de los cuatro ministros de la CNT (García Oliver, Montseny y
López, los otros tres) en el gobierno de Largo Caballero. Desde el
ministerio de Industria ideó un decreto de incautaciones y de intervención
en la industria y la minería. No se trataba de una nacionalización, el
gobierno republicano colaboraba en la gestión que era responsabilidad de
las organizaciones sindicales y respetaba los procesos de colectivización.
También proyectó la creación de un banco de crédito industrial que
redistribuyese los beneficios de determinadas empresas para cubrir
déficits de empresas necesarias y nuevas inversiones. La oposición
sistemática de Negrín, ministro de Hacienda, retrasó sus proyectos o los
dejó reducidos a determinados sectores (textil, minas de Puertollano y
Peñarroya)
La crisis de mayo de 1937 en Catalunya, provocó la caída de Largo
Caballero y la salida de la CNT de los gobiernos de la Generalitat y la
República. Peiró retornó a Mataró y a la Cooperativa, dio conferencias
sobre su actividad gubernamental12 y publicó una serie de duros artículos
contra el PSUC y el PCE a los que acusaba de la persecución del POUM y de
ampararse en la unidad antifascista para extender su influencia. En
agosto, se hizo cargo de la dirección del Catalunya, diario vespertino en
catalán de la CNT. Desde estas páginas defendió nuevamente la unidad
antifascista, la vuelta de la CNT a los gobiernos y su permanencia en los
consejos municipales y provinciales. También a Companys frente a Negrín,
cuando el gobierno republicano se instaló en Barcelona y fue recortando
atribuciones de la Generalitat.
En abril de 1938, la CNT entró en el gobierno Negrín y Peiró fue nombrado
comisario general de Energía Eléctrica. En aquella época preparaba un
libro sobre la más adecuada gestión de los recursos económicos de España.
Sus artículos recogen la crítica a las nacionalizaciones de las empresas,
aunque consideraba que algunas de carácter estratégico sí debían serlo, y
su defensa de las colectivizaciones como forma de que los trabajadores
realizaran las tareas de gestión y dirección de la producción. 13 En los
últimos meses de la guerra, sus escritos combatían el derrotismo y
alertaban sobre el quintacolumnismo e iniciaban una revisión del
anarcosindicalismo desde la reciente experiencia de la revolución y la
guerra.14

Exilio, detención y entrega al régimen franquista por la Gestapo

Joan Peiró atravesó la frontera francesa el 5 de febrero de 1939,
acompañado de su hijo Josep. Tras unos días de detención y una corta
estancia en Perpinyà, se reencontró con el resto de su familia en Narbona.
Posteriormente se trasladó a París para representar a la CNT en la Junta
de Ayuda a los Refugiados Españoles (JARE)15 La función de Peiró fue la
de sacar de los campos de concentración franceses a refugiados de la CNT,
auxiliarlos y procurarles el viaje a Méjico.
A pesar de que era consciente de que la invasión nazi impediría nuevas
partidas, Peiró no tomó el último avión hacía Méjico16 y permaneció en
Francia para no abandonar ni a los exiliados ni a su familia.
En la huida de París hacia Narbona fue detenido por las tropas alemanas y
conducido de nuevo a la capital. La policía francesa, para evitar su caída
en manos de la Gestapo, le entregó una orden de expulsión del país. El
objetivo era pasar a la zona no ocupada y acogerse al convenio
francomejicano y huir al continente americano con su familia. En su huida
fue detenido nuevamente, entregado a las tropas nazis y trasladado a
Tréveris (Renania)17
En enero de 1941, el ministerio de Asuntos Exteriores franquista, dirigido
por Serraño Suñer, inició los trámites de petición de extradición. El 19
de febrero, Peiró fue entregado a las autoridades franquistas en Irún sin
haber pasado por el preceptivo juicio en tierras francesas. Como en otros
casos, se trataba de una simple entrega de indeseables entre dos regímenes
aliados.18
Consejo de guerra y fusilamiento

Peiró pasó primero por la Dirección General de Seguridad de Madrid, donde
fue sometido a interrogatorios y malos tratos. Su primera exculpación
basada en su oposición a las brigadas de control y su defensa de
determinadas personas ante los consejos de tribunales revolucionarios fue
confirmada por la policía de Barcelona: ?Todos los individuos interrogados
han coincidido en asegurar que es verdad que Peiró hizo campañas en sus
escritos contra los asesinatos y desmanes que se realizaron, aunque
siempre defendiendo sus ideales anarquistas...? No obstante, el delegado
de información de FET y de las JONS de Mataró, aunque le reconocía como
?el menos malo de los que allí estuvieron?, le acusó por omisión de
crímenes y robos.
En cualquier caso, su situación era francamente difícil porque una orden
ministerial establecía que haber sido ministro de la República era una de
las excepciones a la conmutación de la pena de muerte. Paradójicamente la
pena de muerte se argumentaba en la ?rebelión militar? de los
republicanos.
El proceso fue aplazado de manera excepcional, no acostumbraban a pasar
más de 2 meses entre la entrega de la Gestapo y la sentencia condenatoria.
Peiró fue trasladado, en abril de 1941, a Valencia. Hasta diciembre no se
abrió el proceso sumarial. Esta tardanza tenía relación directa con los
intentos por parte del régimen de convencerlo para que asumiera la
dirección de los sindicatos franquistas. La firmeza de su negativa,
aceleró el proceso. El fiscal formuló sus acusaciones en mayo de 1942, el
defensor militar de oficio fue nombrado en junio y el 21 de julio se
pronunció sentencia.
En el juicio militar, declararon a favor de Peiró una serie de personas
vinculadas a los vencedores: militares de las guarniciones de Mataró y
Barcelona, religiosos de Mataró, jueces y personal de la administración de
justicia, empresarios y propietarios de diferentes localidades catalanas.
Especialmente significativo fue el testimonio del escritor y ?camisa
vieja? Santa Maria que avaló, sin ninguna relación directa con el acusado,
que el acusado había sido contrario a los excesos de los incontrolados y
había protegido a personas perseguidas.
De nada sirvieron, la Falange de Mataró aumentó el tono de las acusaciones
y el fiscal incluso le hizo responsable de la Semana Trágica. Tampoco fue
posible trasladar el proceso a Barcelona o a Mataró. La negativa de Peiró,
más que su actuación como revolucionario o como ministro, le había
condenado: pena de muerte y no tramitación expresa de propuesta de
conmutación. El 24 de julio, Peiró junto a otros 6 cenetistas fue fusilado
en el campo de tiro de Paterna.19

A manera de epílogo

El asesinato ?legal? de Joan Peiró es sólo excepcional en el desarrollo
del proceso judicial y en la cínica propuesta que recibe del régimen.
Otras muchas personas, más o menos conocidas y significativas20 pasaron
por situaciones semejantes.
José Antonio Martín Pallín, magistrado del Tribunal Supremo ha escrito21
que ?no se tata de analizar, una por una, las conductas que fueron
sancionadas con la ejecución fulminante, simplemente declarar que el
sistema seguido para imponer las condenas repugna y es incompatible con la
cultura democrática y los valores de la civilización? El citado magistrado
concluye ?no creo que ampararse en un superficial formalismo jurídico,
inaceptable en un sistema democrático, sea la única solución?
Suscribo estas declaraciones y aplaudiré que las fuerzas políticas
democráticas, sin ningún tipo de sectarismo ideológico o de interés
nacional o partidista, no busquen únicamente la fórmula legal para revisar
determinados casos y hagan en el ámbito parlamentario aquello que los
ciudadanos normales ya hemos hecho en la calle, al considerar asesinatos y
privaciones forzadas de libertad lo que el régimen franquista consideró
sentencias.


Emili Cortavitarte Carral






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