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(ca) [Periódico CNT] Los trabajadores en Polonia después de 1989

Date Sat, 12 Nov 2005 02:44:48 +0100 (CET)



Los trabajadores en Polonia después de 1989


Aunque resulta muy difícil describir en un sólo artículo todo lo
relacionado con la situación de los trabajadores polacos, intentaré
presentar en este artículo los temas más relevantes, agrupándolos bajo
epígrafes temáticos.

-Transformaciones constitucionales y privatización de empresas públicas.

Durante la revolución de los años 1980-81, los trabajadores polacos
demandaron la creación de empresas gestionadas por consejos obreros. Esta
condición se creía necesaria, no sólo para que las reformas economicas
funcionasen, sino también para humanizar los lugares de trabajo y para
conseguir la emancipación del individuo. Alain Touraine, investigador
especializado en el movimiento ?Solidarnosc? (Solidaridad), afirmó que la
dialéctica de los trabajadores polacos en aquel momento no era muy
diferente a la utilizada por los trabajadores occidentales, que en una
economía capitalista, trabajaban bajo las leyes de la ?eficiencia laboral
y el beneficio?. ?Los estados socialistas y los capitalistas -escribió en
1982- se diferencian, e incluso se encuentran en polos opuestos, cuando se
trata de realizar cambios sociales o en la forma de gestionar procesos de
industrialización, pero mantienen la misma estructura de clases, colocando
a un lado a los trabajadores y frente a ellos a aquellos que tienen el
poder: directivos y gestores que demandan eficiencia, que dictan las
condiciones y el ritmo de la producción y los sistemas de retribución; es
decir, aquellos que explotan a otros?. El objetivo de los consejos obreros
era el de cambiar ese sistema de explotación. El sindicato Solidaridad
hizo, en 1981, un llamamiento a todos sus afiliados para apoyar la
creación de estos consejos obreros, independientes de la administración
del Estado, de las organizaciones políticas y los sindicatos.

Estudios sociales muestran que en aquel momento nadie quería la
privatización de la economía al modo capitalista. Uno de estos estudios,
realizado justo antes de la huelga general de 1980, señala que cerca del
56,9% de los trabajadores se declaraban incondicionalmente a favor de
formas colectivas de propiedad, mientras que sólo el 11% se mostraban
decididos seguidores de la privatización. En 1990, después de las reformas
constitucionales, el 23% de los trabajadores seguían a favor de la
propiedad estatal, mientras que un 48,9% lo eran de una privatización
limitada del comercio y la agricultura. La privatización del sector del
comercio (que se denominó ?pequeña privatización?) se completó de una
forma extremadamente rápida y fue, generalmente, apoyada por toda la
sociedad. Pero todavía en 1992, la mayoría de los polacos (un 60%) eran
partidarios de que las grandes industrias permanecieran en manos del
Estado.

Estas estadísticas demuestran que, aunque el número de partidarios de la
privatización aumentaba año tras año, el apoyo nunca fue ni masivo ni
incondicional. Este aumento se debió en parte a la posición no siempre
clara del sindicato Solidaridad, que en 1985 publicó en su programa tesis
defendiendo que ?la ecomomía de mercado significaba privatización?.
Ignorando la opinión de la sociedad, las élites neoliberales impulsaron el
proceso de privatización que comenzó en 1989 y que fuera de todo control
resultó tan demoledor que fue llamado ?privatización salvaje?.


- Consecuencias socio-económicas de las transformaciones constitucionales.

A comienzos de 1990 existían todavía unas 8.500 compañías estatales. En
2000 esta cifra era de 2.400. Actualmente, el proceso de privatización
continúa, lo que significa el saneamiento de cada vez más empresas
estatales para proceder luego a su venta, sobre todo a intereses
extranjeros. La privatización no sólo se realizó en el sector energético o
en el del transporte público, sino también en el sistema educativo y en el
sanitario, sectores que la sociedad nunca ha querido que fuesen
privatizados.

En 2004, Piotr Szumlewicz, en un artículo en El Nuevo Trabajador (Nowy
Robotnik), mostró una opinión muy crítica sobre las transformaciones
constitucionales de 1989 y desde la perspectiva de los 15 años
transcurridos, escribió que ?no existía ninguna obligación de tomar la
senda privatizadora que Polonia tomó desde 1989?. Las autoridades
eligieron la peor de las soluciones posibles. Solución que ha tenido
consecuencias muy negativas: desde el año 1990 hasta 1992, el PNB
descendió casi un 18% , mientras que el desempleo se incrementó en casi
dos millones de personas.

El numero de personas viviendo por debajo del umbral de la pobreza se
duplicó. El poder adquisitivo descendió. La delincuencia creció,
aumentando el número de delitos cometidos en 1990 un 60% respecto a 1989?
Las reformas políticas, la libertad de creación de asociaciones,
sindicatos y partidos políticos, la eliminación de la censura y
especialmente la recuperación de la soberanía por los ayuntamientos y
corporaciones municipales, fueron el origen de fenómenos muy positivos.
Gracias a las políticas regionales que se desarrollaron después de las
transformaciones constitucionales (de 1990 a 1994) se mejoraron las
infraestructuras comunales. Se construyeron, por ejemplo, unos 18.000 km
de tuberías de abastecimiento de agua potable (un 60% más de las ya
existentes); la longitud de los sistemas de alcantarillado creció un 24%;
los sistemas de calefacción un 113%; el número de abonados a una línea
telefónica, hasta entonces un privilegio, se incrementó en un 44%, etc.
Esto no cambia el hecho de que, como ya hemos visto, muchas de las
transformaciones se hicieran en contra de la opinión de la sociedad, lo
que causó un aumento de la tensión social. Según la Oficina Polaca de
Estadística, en 1990 se mantuvieron 250 huelgas, que implicaron a 116.000
trabajadores. Documentos oficiales dan fe de que ?durante 10 meses de
1991, 104 manifestaciones tuvieron lugar (?) la mayoría pequeñas y
pacíficas. En este periodo, 123 huelgas y alteraciones del ritmo de
trabajo fueron contabilizadas??. En 1991 se utilizó por vez primera la
fuerza contra los trabajadores, reprimiendo, por ejemplo, a los empleados
de la Compañía Municipal de Transportes de Bialystok, que exigían el cese
del director, aumento de los salarios y poder tomar parte en las
negociaciones que afectaban a las relaciones laborales.


- El mercado de trabajo y el desempleo.

Uno de los efectos más perniciosos de las reformas constitucionales en
Polonia ha sido el aumento del desempleo. Si se analizan las estadísticas,
las diferencias entre los ?viejos? y los nuevos? miembros de la UE son
evidentes. La tasa de desempleo de la UE se situaba en el 8,1% en 2003,
mientras que en la mayoría de los nuevos países miembro era muy superior,
especialmente en Polonia (casi un 20%) y en Eslovaquia.
Aún más, como atestiguan los censos de 1988 y de 2002, ha habido grandes
cambios en la estructura laboral de la sociedad. El porcentaje de personas
profesionalmente activas ha descendido del 65,2% al 55,5%, lo que
significa que el número de personas inactivas ha crecido en un 10%. En la
actualidad sólo un 32,2% de las personas en edad laboral vive de su
trabajo, mientras que en 1988 esta cifra era de un 45,5% (el porcentaje ha
disminuido a pesar de que el crecimiento demográfico ha significado más
personas en edad de trabajar).

Este aumento de la población significa que el desempleo afecta sobre todo
a los jóvenes, especialmente a los que buscan su primer trabajo. La tasa
de paro entre los jóvenes de 15 a 24 años de edad se sitúa en el 29,4%. La
princial preocupación de los analistas es el hecho de que, cada vez más,
el desempleo afecta a personas con estudios universitarios, un sector de
la sociedad que hasta ahora tenía empleo seguro. Cientos de miles de
estudiantes son admitidos en las universidades mientras en numerosas
regiones de Polonia, 1/3 de los licenciados no encuentra trabajo.
El aumento de los índices de producción y la mejora de las cifras
macroeconómicas experimentados en los últimos meses no parecen traducirse
en un crecimiento estable del empleo.

El hecho de que todavía no haya habido un estallido social es fruto de la
desorganización de los trabajadores y de las promesas del gobierno polaco
de que desde el 1 de mayo de 2004, fecha de ingreso de Polonia en la UE,
la situación mejoraría gracias a la apertura del mercado laboral de europa
occidental. La mitad de los desempleados polacos estan dispuestos a
trabajar en el extranjero.


- Salarios.

Uno de los mitos fomentados por las élites políticas es el de que el
motivo principal del desempleo es el alto precio del trabajo y la poca
flexibilidad del mercado laboral. Como ejemplo muestran estadísticas que
indican que el coste real del trabajo está creciendo. Pero en el proceso
de privatización de la economía polaca, lo único que crece son los sueldos
de los mandos intermedios, de los directivos y de los altos cargos,
mientras que los de los empleados y trabajadores industriales disminuyen.
Tal y como publicó en 2002 una revista económica, mientras el poder
adquisitivo disminuyó un 25% durante los dos primeros años de las
transformaciones constitucionales, los ingresos de los directivos polacos
son de 10 a 15 veces superiores al salario medio del país. ?En ningún
lugar de Europa -citaba la revista- el rango de salarios es tan amplio
como en Polonia?. El coste de la hora de trabajo en Polonia es uno de los
más bajos de Europa:
- Alemania: 17,56 euros.
- Itallia: 16,72 euros.
- Gran Bretaña: 15,45 euros.
- Francia: 14,08 euros.
- España: 10,41 euros.
- Portugal: 5,33 euros.
- República Checa: 3,31 euros.
- Polonia: 2,64 euros.
- Rusia: 0,93 euros.
- Ucrania: 0,36 euros.
Los salarios en los sectores industriales ya privatizados son muy
inferiores a los de los mismos sectores todavía públicos. Por ejemplo, en
2003, el sueldo en la minería de titularidad pública era de unos 3.801
zlotys (unos 975 euros) mientras que en sectores como el de la
construcción, el comercio o los servicios, era de la mitad. Los ingresos
medios de los profesores fueron de unos 2.198 zlotys, unos 563 euros.
De entre todos los países de la UE, Polonia es uno en el que las personas
trabajan más horas y ganan menos dinero (en 2003 los trabajadores polacos
trabajaron 1.984 horas aproximadamente, ganando unos 1.350 zlotys, 346
euros aproximadamente). Los trabajadores alemanes, por ejemplo, trabajaron
un 40% menos, mientras que ganaron cinco veces más. Estas diferencias no
pueden explicarse sólo por los índices de productividad laboral.
Para terminar, estudios sociales señalan que sólo el 14% de los ciudadanos
polacos admiten que su situación financiera ha mejorado tras las
transformaciones de 1989.


- La situación social después de 1989.

El desempleo y el descenso del poder adquisitivo ha significado un
descenso en la calidad y en la esperanza de vida. Mientras que en 1985 el
15% de la sociedad vivía por debajo del umbral de la pobreza, en 1996 la
cifra aumentó hasta el 47%, llegando al 58% actual. Este umbral se
determina según el porcentaje de los ingresoso que las familias tienen que
dedicar a la compra de productos y servicios indispensables para vivir y a
la participación en eventos culturales y de ocio. Según el tamaño la
unidad familiar, este nivel se sitúa entre los 500 y los 800 zlotys por
persona (de 128 a 205 euros).

Si se analiza la situación social en Polonia, sin atender exclusivamente a
datos económicos, resulta que el nivel de vida es, en muchos casos, muy
bajo. Por ejemplo, según el ?Índice de Desarrollo Humano?, que mide el
logro medio de un país en cuanto a tres dimensiones básicas del desarrollo
humano como son la esperanza de vida, la calidad de la educación y los
ingresos medios por ciudadano, Polonia ocupa el puesto 40 de los 170
países analizados. Pero si se tiene en cuenta la situación del mercado
laboral, la posición desciende por debajo de la número 70.
El desempleo y las, a veces, trágicas situaciónes económicas, llevan cada
vez a más personas a cometer suicidio: desde 1989, el número de suicidios
crece, especialmente entre los jóvenes.


- Sindicatos.

Según las estadísticas, entre un 14 y un 18% de los trabajadores polacos
(oficialmente 17,2 millones) son miembros de sindicatos, porcentaje que
desciende desde hace muchos años. En 1980, el sindicato Solidaridad era un
movimiento social en el que participaron 10 millones de personas. Al
comienzo de los años 90 todavía contaba con 2,25 millones de afiliados.
Hoy en día, tan sólo 750.000 trabajadores engrosan sus filas. El segundo
sindicato en número de afiliados es OPZZ (Ogólnopolskie Porozumienie
Zwiazków Zawodowych-Unión de Sindicatos Polacos), creado en los años 80
como sindicato afín al poder, que agrupa a unos 730.000 trabajadores. El
tercer sindicato en importancia es el recientemente creado FZZ (Forum
Zwiazków Zawodowych-Fórum de los Sindicatos Polacos) del que unos 300.000
trabajadores son miembros. Existen otros sindicatos, habitualmente ligados
a fábricas concretas, que reunen en total a unos 600.000 empleados.
Una de las principales razones para el descenso del número de trabajadores
afiliados a los sindicatos, son los cambios sufridos en las estructuras
que generan empleo. Las industrias pesadas y la minería, que
tradicionalmente eran las que contaban con mayor número de trabajadores,
ya no son los principales sectores de creación de empleo. El papel más
importante lo desempeñan ahora los servicios y el comercio, sectores en
los que la organización del trabajo es totalmente distinta. Los empleados
de estos sectores están menos concienciados, trabajan en grupos pequeños y
están sometidos a una mayor movilidad geográfica. El 60% de los
trabajadores del sector minero están todavía afiliados a sindicatos,
mientras que en el sector del comercio y los servicios son sólo unos miles
(en la industria de la construcción, sólo un 3%).
La segunda, y no menos importante, es la pérdida de confianza en las
centrales sindicales. Se debe a la fuerte politización de los líderes de
los sindicatos durante los primeros años 90 y a los más que habituales
casos de corrupción de sus dirigentes. El uso de los sindicatos en luchas
políticas, por partidos de izquierda y de derecha, no ha traído ningún
beneficio a los trabajadores. Las reformas pro-capitalistas que comenzaron
en 1989 significaron desempleo masivo, que acualmente alcanza el 20%,
recortes de los beneficios sociales y un descenso de los salarios de los
trabajadores industriales, que son la base principal de las organizaciones
sindicales. A pesar de que en 2000 se recibió como un éxito la limitación
de la jornada laboral a 40 horas semanales, los trabajadores polacos
siguen trabajando de media unas 45 horas: a más de la mitad no parece
importarles la duración de la jornada laboral, mientras que 2/3 sufren
retrasos en la percepción de sus salarios. Por regla general, la posición
de los trabajadores, cuyos sindicatos deberían defender, ha empeorado. El
número de afiliados sigue descendiendo debido a que cada vez más y más
industrias quiebran o reducen sus plantillas, mientras los sindicatos,
inmersos en luchas políticas, no consiguen adaptarse a estas nuevas
circustancias.


- Protestas de trabajadores en 2002-2004.

En 2002-2004 tuvieron lugar las mayores protestas obreras desde 1989-1991,
algunas de ellas muy violentas. En 2002, 8.000 trabajadores de los
astilleros de Szczecin mantuvieron protestas durante meses, como también
lo hicieron los empleados de Bison-Bial en Bialystok o los obreros de la
fábrica de cables Ozarow en Mazowiecki, huelga que culminó con cinco días
de disturbios. El 11 de septiembre de 2003 los trabajadores de Tonsil, en
Wrzesnia, protestaron en las calles de Varsovia y amenazaron con cortar la
autopista A-2. El 26 de abril de 2002, miles de afiliados de Solidaridad
protestaron contra la reforma laboral y el día 25 más de 20.000 afiliados
reclamaron el cese de las políticas de despidos, el respeto a los derechos
de los trabajadores, el pago de los salarios a tiempo, la vuelta de los
subsidios por desempleo y de los beneficios sociales para las
prejubilaciones?

Gracias a la fuerza demostrada en aquellas manifestaciones, el estado
decidió destinar 5,5 millones de euros (un 100% más que el año anterior) a
ayudas a compañías en dificultades, salvándose así miles de puestos de
trabajo, de 30 a 60.000 sólo en las industrias de construcción naval.
Actualmente, el descenso en el número de protestas puede deberse a los
fondos que el Estado dedica a la estabilización de ciertos sectores. Pero
desde el ingreso de Polonia en la UE, estas políticas intervencionistas
del Estado no serán ya posibles. Hace unos años, en una cumbre de la UE
celebrada en Estocolmo, los estados miembro se comprometieron a reducir
las aportaciones estatales a políticas de beneficios sociales a un 0,7%
del PNB. Mientras, en Polonia, el PNB descendió un 3% en 2003. Los
criterios de convergencia impuestos por la UE pueden causar muchos
problemas políticos y sociales y olas de protestas de los trabajadores,
especialmente cuando el crecimiento económico no trae consigo la creación
de nuevos puestos de trabajo y cuando el mercado laboral de Europa
Occidental no puede absorber a parte de los desempleados polacos.

J. Urbanski
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Publicado en el periódico CNT nº317, de noviembre de 2005

http://www.periodicocnt.org

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