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(ca) [Uruguay] Entrevista con Daniel Barret

Date Thu, 23 Jun 2005 11:21:34 +0200 (CEST)


ANA > Este despertar del anarquismo en América Latina, ¿tú crees también
que comenzó con "Seattle", u otros factores, como el "cacerolazo" en la
Argentina también tienen cierto peso?

Daniel Barret < Referirse a las movilizaciones de Seattle o al
levantamiento argentino de diciembre de 2001 es referirse a
acontecimientos claves y emblemáticos; los que, por añadidura, son
fácilmente ubicables para casi cualquier observador. Sin embargo, esos
momentos no lo son todo sino que hay que interpretarlos como
condensaciones formidables de tendencias que operan en el subsuelo de la
política; tendencias que necesitan ser rastreadas y descifradas con
anterioridad a los acontecimientos mismos. La caída del Muro de Berlín no
produjo la debacle del ?socialismo real? ni las movilizaciones de Seattle
son la explicación última del fracaso del Consenso de Washington pero
ambas resultan ser las rúbricas inmejorables de tales cosas y, en el
último caso, también el momento de presentación ?oficial? en sociedad de
un movimiento de proporciones planetarias; un movimiento que, insisto en
ello, habría tenido características distintas 20 años antes, cuando una
densa trama de organizaciones internacionales hegemonizadas por los
Partidos Comunistas pro-soviéticos lo hubiera canalizado de un modo bien
diferente. El levantamiento argentino, mientras tanto, es también una
rúbrica -insustituíble en su fuerza y en su capacidad de irradiación, por
supuesto- de tendencias que desembocaron en él y que están muy lejos de
haber desaparecido o haber sido resueltas.

Del mismo modo, yo no creo que el despertar anarquista latinoamericano se
explique exclusivamente por los sucesos de Seattle o luego por los de
Argentina, sino que el mismo responde, en última instancia, a navegaciones
submarinas y de menor visibilidad. Pero no hay duda que ambos
acontecimientos fueron susceptibles de una lectura libertaria y, de esa
manera, reforzaron extraordinariamente las tendencias subyacentes.

Yo no hice un relevamiento minucioso en tal sentido y no puedo ser exacto
en el dato, pero parece evidente que una buena parte de los grupos
anarquistas latinoamericanos de nuestros días se formaron luego de las
movilizaciones de Seattle. Y en Argentina, donde la influencia anarquista
directa fue muy escasa en diciembre de 2001, se han formado grupos en
Bariloche, en Paraná, en Mendoza, en Neuquén, etc.; lugares donde no había
actividad libertaria organizada. ¿Por qué ha sido así? Porque el discurso
y la práctica de impronta anarquista ofrecen explicaciones y respuestas a
cosas tales como la crisis de la representación político-partidaria, las
experiencias autogestionarias, las asambleas populares, etc. Y lo mismo
ocurrió en Bolivia luego de octubre de 2003 hasta el punto de que la
publicación alternativa de mayor difusión en la levantisca ciudad de El
Alto fue por momentos un modesto periódico anarquista. Ése es el campo de
oportunidades de que hablaba y de nosotros depende nada menos que saber
aprovecharlo o no.

ANA > ¿Qué corriente del anarquismo tú consideras hoy cargada de sentido?
Veo particularmente un campo enorme para que el "anarquismo verde" crezca,
como viene creciendo. (risas)

Barret < Naturalmente que la incorporación de consideraciones ecológicas
al núcleo del pensamiento libertario es hoy un imperativo insoslayable.
Sin embargo, creo que esto debería ser teóricamente acotado. Para mí el
ecologismo radical es la ecología social de Murray Bookchin o de Takis
Fotopoulos o de Joan Martínez Alier, por ejemplo, pero no la deep ecology
que se cultiva en los países anglosajones y que nos introduce en un
farragoso e incontrolable terreno de imprecisiones teórico-ideológicas.
Según la primera vertiente adquirimos, entre otras cosas, la posibilidad
intelectual de ejercer una crítica a fondo del productivismo a ciegas
mientras que la segunda nos conduce, dicho también a modo de ilustración,
a un fraternal encuentro con la ultra-derechista Brigitte Bardot y al
supuesto profundamente erróneo de que las ballenas azules son tan
importantes como el Movimiento de los Sin Tierra. Hechas estas
precisiones, te diría que prefiero definir el tema desde un ángulo
distinto.

Si desplegamos frente nuestro el mapa del actual movimiento anarquista,
podremos apreciar que los grupos organizados en torno a una temática
particular -medio ambiente, género, contra-cultura, anti-militarismo,
cárceles, etc.- tienen un peso y una gravitación mucho mayores que en
otros períodos. A su vez, esos grupos son recíprocamente independientes y
ya no resultan ser, como en épocas pasadas, ?comisiones de trabajo? de
organizaciones anarcosindicalistas o federaciones específicas sino que se
pretenden ?completos? en sí mismos.

Ahora bien, observada la situación desde el punto de vista de esa
necesaria renovación de que hablaba cabe concluir que los efectos son
ambiguos: por un lado, esos grupos son vehículos reales de renovación y
actualización pero también le ponen un límite a sus alcances. La
renovación teórico-ideológica y político-práctica que yo entiendo como
imprescindible debe realizarse en un mayor nivel de abstracción y ser
capaz de abarcar cualquier particularismo sin dejarse colonizar por
ninguno. Esa renovación tiene que ser un discurso-práctica apoyado en dos
contenidos que en sí mismos no tienen nada de novedoso: la recreación de
una crítica del poder y la recreación de una ética de la libertad capaces
de subvertir realmente el entramado social del que forman parte. Los
particularismos, mientras tanto, pueden y deben ser nutrientes
imprescindibles de la renovación pero ninguno cuenta -ni el anarquismo
?verde? ni ningún otro- con la virtualidad de resolverla por entero.

ANA > ¿Brigitte Bardot? ¡No! (risas) Lo que sucede es que el "anarquismo
verde" es un poco difuso, en él que tú vas a encontrar corrientes
primitivistas, anti-civilización, indígena, vegana, hasta la ecología
social. Sinceramente desconozco alguna corriente de eso que cité de fondo
anarquista que tenga cierta relación con Brigitte Bardot o la
extrema-derecha, u ONGs; muy por el contrario. En la verdad, la gran
mayoría de estas corrientes tiene influencias de la práctica y del
pensamiento salvaje, de los pueblos originarios. Pero concuerdo cuando
hablas de los particularismos, realmente no existen las luchas parcelares,
porque las luchas se completan y extienden, algunas más otras menos, ¿no?

Barret < Sí, estamos de acuerdo: yo tampoco conozco anarquistas que hayan
coordinado nada con Brigitte Bardot; pero, precisamente, sus anti-cuerpos
ideológicos residen en el anarquismo y no en la deep ecology. Simplemente
quise referirme a una cierta lógica de razonamiento y tal vez sea bueno
que aclare los términos. Pienso que debe distinguirse una
conceptualización centrada en las relaciones con la naturaleza y que
acaba, por fuerza, adoptando inflexiones libertarias de otra en la cual
una redefinición de las relaciones con la naturaleza se plantea como
consecuencia de una crítica radical del poder en sociedad. Esas
diferencias de construcción ideológica dan lugar, no siempre pero sí en
algunos casos, a órdenes diferentes de prioridad. Y pueden dar lugar
también a prácticas diferentes. Es por eso que creo que la formulación
ideológica debe plantearse en el nivel de abstracción propio a las
relaciones de poder en sociedad, entre personas. Pero, de todos modos,
ésta es una cuestión teórica altamente compleja que seguramente no estamos
en condiciones de resolver aquí y ahora.

Por su parte, me gustaría hacer una precisión adicional en torno al tema
del particularismo en su relación con la renovación teórico-ideológica y
político-práctica. Como se deduce de la propia formulación, esta
renovación tiene dos dimensiones que deben caminar juntas pero que también
deben ser diferenciadas a efectos analíticos. En ese sentido, cabe decir
que hay un ?momento? teórico cuyo nivel de abstracción no puede ser
cubierto por ningún particularismo; pero también hay un ?momento? práctico
que sólo puede echar raíces en lo local, en lo vivencial, en lo inmediato,
en la concreta experiencia de lucha de cada colectivo libertario. De lo
contrario, caeríamos en ese absurdo tan frecuente en filas trotskistas por
el cual cada uno de sus militantes cree formar parte del Partido Mundial
de la Revolución pero nadie conoce al tal Partido en lugar particular
alguno. Por tanto, uno de los trabajos de creación que tenemos por delante
es el de fusionar correctamente ambos niveles.

ANA > ¿Y la corriente que está ?caducando" con la velocidad del tiempo?

Barret < Hasta ahora no hay nada que demuestre que alguna de las muchas
corrientes libertarias caduque completamente. Observemos el mapa de este
despertar anarquista en el mundo y en América Latina y veremos que incluso
las corrientes más tradicionales -anarcosindicalismo y ?plataformismo?-
han crecido en los últimos tiempos. Veámoslo según la siguiente imagen: la
extensión de los servicios y de los ?círculos de calidad? no acabó con las
fábricas ni la revolución industrial hizo desaparecer por entero en su
momento el trabajo rural sino que todo ello es resignificado
históricamente en el correr del tiempo. Lo mismo ocurre con las corrientes
anarquistas tradicionales: son reubicadas en un contexto diferente a aquel
para el que fueron pensadas originalmente, pierden una parte importante de
su pertinencia, carecen de la mística exclusivista que alguna vez
pretendieron tener, etc.; pero no desaparecen ni tienen por qué hacerlo,
al menos por el momento. En cambio, sí pierden su condición de paradigma
libertario excluyente: es decir, ya no pueden concebirse a sí mismas como
modelos seguros y eficaces o como el desideratum ideológico indiscutible
sino que están forzadas a aceptar un contexto que las desborda
holgadamente.

Pero esto se constituye, además, en una de las claves de la renovación: su
clave organizativa. Una vez más habrá que recurrir a la perspectiva
histórica para evaluarlo.

Tanto el anarcosindicalismo como las federaciones específicas -sean de
raíz malatestiana o plataformista- son el resultado de sus respectivas
experiencias históricas y no modelos a priori que fuera posible encontrar
en el principio de los tiempos. Sin embargo, acabaron transformándose en
modelos de organización y acción que ofrecieron, cada uno en su propia
circunstancia de tiempo y de lugar, un cierto marco de certezas. El
problema es que ya no pueden cumplir el mismo papel, precisamente porque
nuestra circunstancia histórica es distinta. Nuestro pasado debe ser
incorporado como lección y no como tradición inviolable y por eso más nos
vale deformar que repetir. Entonces, yo creo que uno de los desafíos de la
renovación consiste en producir -no en una sala de lectura sino en el seno
de las luchas sociales de nuestro tiempo- el modelo de organización y
acción más adecuado a nuestras propias circunstancias. El
anarcosindicalismo clásico y el plataformismo ya no pueden aspirar a ser
el modelo mismo pero todavía tienen cosas importantes para decir en este
trabajoso proceso de construcción.

ANA > Es gracioso, muchos dicen que el anarco-sindicalismo está
sobrepasado, pero si tomamos la CNT española, la USI italiana,
evidenciamos que vienen creciendo en los últimos tiempos. Cada vez más se
implican en conflictos sociales, laborales... Y lo queramos o no, las
organizaciones anarquistas más grandes son anarco-sindicalistas.

Barret < Sí, de eso no hay duda; seguramente la mayor organización de
matriz o de intención libertaria en la actualidad sea la CGT española, con
alrededor de 100.000 afiliados. Pero es precisamente allí donde deben
analizarse las limitaciones del paradigma clásico y las razones por las
cuales ya no puede aspirar a ser un modelo excluyente de organización y
acción. Esto ya lo visualizó claramente un grupo de la propia CGT y fue
así que dieron lugar a la Red Libertaria Apoyo Mutuo, a efectos de
disponer de un espacio de elaboración y nucleamiento que se mantuviera
relativamente inmune a los condicionamientos en que opera el sindicalismo
actual y, supongo, siendo concientes que esos mismos condicionamientos
ponían en tela de juicio algunas de las tradiciones más arraigadas; como,
por ejemplo, la no concurrencia a elecciones en los comités de empresa
bajo la supervisión estatal y la no aceptación de funcionarios rentados.
Pero, a su vez, tales cosas son parte de una trama más compleja en la que
también intervienen las formas de contratación propias de los Estados
benefactores, las décadas de sindicalismo mediatizado y negociador, los
cambios en la composición y en el perfil de la clase trabajadora o, quizás
más fuertemente, la alta desocupación estructural generada por los cambios
tecnológicos. Y, a nuestros efectos, lo que también interesa destacar
sobremanera es la propia pérdida de centralidad cultural del trabajo.

Ahora bien, insisto en que esto no lleva a la desaparición del
anarcosindicalismo y los hechos están a la vista. Pero insisto también en
que éste ya no puede considerarse como el modelo a seguir en cualquier
lugar y en cualquier circunstancia concebible. En todo caso, la situación
nos invita a analizar caso por caso: habrá circunstancias y lugares en los
que el anarcosindicalismo continúa siendo una práctica oportuna y
encuentra condiciones favorables a su desarrollo y habrá otras
circunstancias y otros lugares donde lo más recomendable será buscar
cursos de acción distintos. Creo que, en este terreno, lo importante es no
ceñirnos a una regla fija e inmutable y sí ensayar las formas de
organización y acción más ajustadas a cada situación. Y pienso que
precisamente eso es lo que han estado haciendo estos últimos años los
diferentes movimientos anarquistas ?nacionales? a lo largo y a lo ancho
del planeta.

ANA > Sobre CGT existen controversias, pero vamos a dejar esta
controversia para otros. (risas) Hoy, ¿qué experiencia en el universo
anarquista, o libertario, destacarías? ¿La Federación Municipal de Base,
en Spezzano Albanese, en Italia, es un buen ejemplo de ideas y prácticas?
¿Destacarías alguna cosa en América latina?

Barret < Sí, estoy de acuerdo contigo; la mención a la CGT sólo quiso
ejemplificar los condicionamientos sociales e históricos del
anarcosindicalismo pero pasando por el costado de la polémica misma; una
polémica que -así lo espero- debería ser trascendida por el curso de los
acontecimientos y por las próximas experiencias de lucha. Con el mismo
ánimo te diría que prefiero no destacar ninguna experiencia en particular
en América Latina. Es seguro que las experiencias particulares son un
aporte y que algunas habrán de serlo más que otras, pero estoy convencido
que lo realmente importante es el desarrollo del movimiento en su
conjunto. A veces tenemos la tendencia a sobredimensionar la importancia
de las experiencias que se desarrollan con cierto suceso pero la historia
toda nos está diciendo que las mismas son pasajeras o estarán mediatizadas
si no se incorporan a una corriente más vasta que las exprese en un plano
más inclusivo. Nuestros mayores logros constructivos siguen siendo la
Majnovchina y las colectividades libertarias en Cataluña y Aragón; y no
debemos olvidarnos que a una le faltó Rusia y a las otras les faltó
España. Siempre será preferible, sin embargo, que haya parcelas de
libertad a que no las haya; pero más preferible todavía es un ?mundo? de
libertad.

ANA > Noam Chomsky es tenido como uno de los principales intelectuales del
mundo, y hace 13 años atrás cuando le preguntaron "cuál era la
responsabilidad de los intelectuales", contestó: "decir la verdad y
exhibir mentiras". En 2004, por primera vez, fue para Cuba, para dar una
conferencia, y en la ocasión encontró al dictador Fidel Castro. En este
período algunas decenas de cubanos disidentes habían sido encarcelados,
otros fueron sumariamente asesinados. De acuerdo con historias de la gran
prensa su conferencia solamente ha dado vueltas alrededor de críticas y de
ataques a los Estados Unidos, y ninguna palabra sobre el régimen
dictatorial cubano. Por otra parte, es común encontrar declaraciones de
Chomsky elogiando al PT (Partido de los Trabajadores, hoy en el poder)
brasileño, entre otras ideas que tiene, en mi opinión equivocadas. Una vez
hablé con un anarquista de EUA, y me dijo que Chomsky era muy
contradictorio, que estaba solamente en los medias haciendo declaraciones
sobre politica americana, internacional... y que nunca había visto a este
señor en una asamblea anarquista, o en el calor de una manifestación. En
fin, será que es este perfil del intelectual que el anarquismo necesita?

Barret < A Chomsky le comprenden ?las generales de la ley? de lo que ya
sostuviéramos sobre los intelectuales; pero, en su caso, tal vez valga la
pena realizar algunas especificaciones. Comencemos contextualizando su
labor intelectual. Chomsky es un lingüista de vastísima reputación y
también ha realizado una extraordinaria y documentadísima sucesión de
denuncias sobre las políticas gubernamentales de los Estados Unidos; todo
lo cual es sumamente valioso. Pero -más allá de su concepción de que el
lenguaje es una práctica social de libertad; algo que lamentablemente no
desarrolló- Chomsky no ha sido un pensador libertario original; y, hasta
donde yo sé, tampoco parece mantener nexos estables con el movimiento
anarquista norteamericano. Pienso que la base de su actuación es la
convicción de que en el mundo hay un solo, único y excluyente monstruo:
las agencias gubernamentales de los Estados Unidos; las que, por cierto,
son realmente monstruosas. Ése es su espacio de coherencia y, siendo así,
sus intervenciones políticas están normalmente reguladas por ese principio
típicamente leninista de la acumulación de fuerzas frente al enemigo
principal; algo parecido a lo que en algún momento se llamó en filas
libertarias ?doctrina del mal menor?. Por eso, las posiciones de Chomsky
descuidadamente simpáticas hacia los movimientos nacionalistas en América
Latina, Africa y Asia son bastante desafortunadas si se las piensa desde
el punto de vista de las políticas que puedan estar desarrollando los
núcleos libertarios en cada uno de esos lugares; algo que a Chomsky parece
no interesarle demasiado o le interesa menos que vincularse a cualquier
cosa que aparezca como vagamente anti-imperialista. Por otra parte, yo
descartaría la ingenuidad como hipótesis y es harto probable que el
Chomsky más anarquista se sepa utilizado -por el gobierno cubano o el Foro
Social Mundial, por ejemplo-, lo acepte como parte de un intercambio de
servicios y haya resuelto convivir con un cierto margen de ambigüedad o de
imprecisión.

De cualquier manera, para responder a tu pregunta concreta, yo te diría
que no es ése el perfil de intelectuales que necesita nuestro movimiento.
Para decirlo en términos parecidos a los ya usados cuando vimos el tema de
las relaciones entre anarquismo y ecología, yo creo que son preferibles
los anarquistas intelectuales a los intelectuales anarquistas porque las
actitudes se definen realmente a partir de cómo se concibe y desde dónde
se construye cada uno. Pero esto no es más que un juego de palabras porque
en realidad tampoco habría que hablar de anarquistas intelectuales y
tampoco habría que fomentar la centralidad en forma de espectáculo de
compañeros cuyo exclusivo papel consista en pontificar desde los muchos
púlpitos del saber. Esto no implica promover el anti-intelectualismo -algo
que a mí me parece peligroso- sino jerarquizar, antes que a los
intelectuales de ?profesión?, el trabajo de reflexión y elaboración a
fondo desde dentro de los movimientos y de sus luchas; que no otra cosa
fue el recorrido del mismísimo Bakunin. Los intelectuales de ?profesión?,
mientras tanto, seguirán existiendo y lo mejor será poder disponer
críticamente de su información sistematizada, de sus métodos y de sus
herramientas y que el movimiento sepa servirse de los mismos según sus
propios objetivos y sus propios fines.

ANA > Gustaría que tú hablase del siguiente pensamiento de un indio Yaqui:
?Un hombre de conocimiento vive actuando y no pensando como deve actuar,
y, todavía, menos pensando en lo que pensará una vez la acción haya sido
terminada. Un hombre de conocimiento elige un camino que tiene corazón y
lo sigue?.

Barret < (Silencio sepulcral y risas) Eres ?cruel? conmigo, Moésio, pero
igual intentaré una respuesta. Lo primero que se me ocurre es que la frase
sólo puede ser cabalmente entendida dentro del universo cultural
respectivo y yo sólo estoy en condiciones de traducirla a mis propios
códigos; lo cual de por sí es ya una deformación de su sentido original
profundo. Hay un dicho italiano que lo expresa magníficamente bien:
?Traduttore, tradittore?. Inmediatamente, te diré que me sorprende un poco
la lógica binaria que allí se maneja y la escisión tajante entre el pensar
y el actuar; la que, curiosamente, es propia de la racionalidad que se nos
ha hecho adoptar a nosotros. Con estas salvedades, pienso que puedo darte
dos respuestas divergentes.

Por un lado, en una línea de continuidad con la lógica que he seguido en
esta entrevista, te diría que no es posible actuar sin habernos
representado mentalmente, así sea en forma imperfecta y aproximada, la
acción y los objetivos hacia los cuales se orienta. Incluso, aunque la
acción adopte la forma de un ?reflejo?, ese ?reflejo? fue pensado y
establecido como respuesta en un pasado impreciso; de modo que el
pensamiento propiamente dicho parezca limitado a establecer súbitamente
una relación de identidad con situaciones similares ya vividas. Además,
cuanto más compleja es la situación y mayor la experiencia acumulada,
tanto mayor y más compleja será la carga de pensamiento involucrada en
cada nuevo diagrama de acción. Pero, en definitiva, es muy difícil
establecer una rotunda línea divisoria y el hecho de que nos planteemos el
asunto en estos términos responde a esa lógica binaria de que te hablaba.
Tal vez nuestro propio y acotado discurso se extienda algún día y podamos
decir que estamos ?pensactuando? o ?actupensando?; algo que hoy desborda
las condiciones de posibilidad dentro de las cuales nos movemos. Mientras
tanto, conformémonos con saber que el sólo hecho de imaginar una sociedad
contra el poder es la cima conocida de nuestras capacidades de destrucción
y creación.

Pero también es posible articular una respuesta diferente, más acorde con
nuestra sensibilidad espontánea. Piensa, por ejemplo, en la siguiente
frase de Rafael Barrett, una de mis fuentes más duraderas de inspiración
ética: ?Estamos en camino; no sabemos adónde, pero no podemos detenernos?.
Y, es realmente así. Existen esas bases del pensar según las cuales
establecemos un cuadro de relaciones entre medios y fines como
racionalización de la práctica; pero también hay algo más. Los anarquistas
sabemos aproximadamente qué queremos y, tentativamente, cuáles son los
caminos que nos conducirían en esa dirección. Sin embargo, no tenemos
ninguna certeza respecto a un hipotético ?triunfo final?; si es que hay un
final. ¿Y eso nos paraliza? ¡Evidentemente, no! ¿Por qué? Porque la propia
práctica libertaria es un objetivo en sí mismo y el sólo hecho de
transitar un camino propio constituye una meta y una victoria. O sea:
pienso que el anarquismo y sus prácticas responden a su propia lógica y a
su propia racionalidad pero el fundamento libertario nuclear no es más que
una intuición y un deseo, un axioma y un punto de partida. Dicho de otro
modo: el anarquismo también es enigma, sorpresa, azar, pasión, misterio,
alzamiento y poesía. Y tal vez, en un mundo regido por el cálculo contable
como el padre putativo de todos los saberes, sea ésa la explicación última
de por qué seguimos siendo anarquistas y estamos cada vez menos sólos.

ANA > ¿Cómo la gente interesada puede hacer para recibir tus folletos?
¿Cuáles son los títulos que tú ya lanzaste hasta ahora?

Barret < Me pones en un apuro, Moésio, porque estoy ?obligado? a ser
coherente con lo que acabo de decir. (Risas) Yo no creo tener una obra en
el sentido convencional del término y solamente guardo la costumbre de
ordenar por escrito mis ideas; ideas que nunca consideré acabadas ni
dignas de una consideración especial. Por supuesto que me importan en
tanto ideas y prefiero que sean tenidas en cuenta antes que ignoradas.
Pero mi mayor aspiración es que esas ideas se incorporen al movimiento
mismo y sean sobre todo momentos de una reflexión colectiva. Además, creo
no haber abordado todavía los problemas de mayor hondura teórica, lo cual
ciertamente me preocupa y lo considero como una deuda con mis compañeros y
conmigo mismo; una deuda que, dicho a modo de disculpa, no es sólo mía
sino del movimiento en su conjunto. Mientras tanto, en todos estos años
sólo creo haber desarrollado una escritura de ocasión que no sobrevive
mucho más allá de las circunstancias que la vieron nacer. Aceptando esas
características, te imaginarás que nunca llevé un registro de mis
trabajos; quizás algo más de un centenar de artículos publicados en
diferentes lugares, con distintos nombres y adoptando muchas veces una
firma colectiva. Tal vez la mayor parte de esas cosas no tenga demasiada
utilidad al día de la fecha y yo mismo no sabría cómo hacer para reunirme
con sus expresiones tangibles. En todo caso, y para no parecer demasiado
antipático contigo, puedo decirte que algunos de los artículos más
recientes pueden encontrarse todavía en la página web de El Libertario de
Venezuela.

Sin embargo, estos ?descuidos? de mi parte no deberían ser tomados como
modelo sino todo lo contrario. Creo que debemos jerarquizar la elaboración
teórica y dedicarnos realmente a producir ideas nuevas en ese terreno.
Personalmente lo tengo definido como necesidad, pero hasta ahora sigo
siendo un activista -algo maltrecho y sin la agilidad de otros tiempos- y
no he sabido proporcionarle una dedicación real. Y esa carencia puede
volverse dramática en América Latina donde creo que sobran los dedos de
una mano para contar los trabajos originales que apuntan en esa dirección;
como, por ejemplo, la Sociología de la dominación de Alfredo Errandonea o
la Bitácora de la utopía de Nelson Méndez y Alfredo Vallota. Pienso que
tenemos que elaborar pensamiento específico sobre la región en que
actuamos, pienso que la renovación teórico-ideológica es una urgencia y
pienso también que este momento de auge no puede durar indefinidamente y
que quizás no tengamos mucho más tiempo para perder.

ANA > ¿Y qué problemas teóricos son éstos? ¿Muchos desafíos teóricos se
presentan para el anarquismo?

Barret < En principio, creo que es bueno comenzar matizando y no realizar
un ejercicio de estéril masoquismo. Por un lado, y aun pese a una
sensación genérica de carencia, el movimiento anarquista ha avanzado en su
renovación teórica y podrían citarse algunos ejemplos en los que ahora no
es posible abundar; y, por el otro, también cabe recordar que la teoría en
abstracto no lo es todo y que muchos de nuestros problemas están siendo
abordados y respondidos en la práctica misma. Pero siguen quedando algunos
vacíos, los esfuerzos de renovación se mantienen generalmente aislados en
su esfera intelectual sin articularse orgánicamente y con las zonas de
mayor temperatura antagonista y quizás pueda resultar interesante
definirnos un ?programa? de trabajo en tal sentido.

Intentemos revivir, por ejemplo, la atmósfera intelectual en la que cobra
cuerpo el movimiento anarquista original. Allí encontraremos la influencia
-directa o indirecta, conciente o inconciente, en proporciones variables
según los casos- del kantismo, del positivismo comtiano, del evolucionismo
y de la dialéctica hegeliana: una influencia que se ejerce tanto sobre las
formas de producir pensamiento teórico como sobre las propias
representaciones de la sociedad y del cambio social. Ése es el sustrato
desde el cual pensaron Proudhon, Bakunin y Kropotkin por cuanto ahí
residían las epistemes propias de su época y allí quedaban delimitados los
confines y las posibilidades mismas del pensar. En forma muy gruesa y
aproximativa puede decirse que se trata de un pensamiento ?centralista?,
arborescente, jerárquico, binario, etc. mientras que algunas tendencias de
nuestro tiempo apuntan, por el contrario, a la adopción de una alternativa
?localista?, rizomática, caótica, compleja, etc. En fin; no creo que sea
posible profundizar estas cosas en una entrevista y, a modo de
justificación personal, te diré que una buena selección de textos sobre el
tema está contenida en Il pensiero eccentrico, realizada en Italia, en
1992,por el grupo editor de Volontá.

Ahora bien, las formas de pensar condicionan fuertemente a los objetos del
pensamiento. Tomemos un ejemplo privilegiado y preguntémonos si hoy nos
resultaría satisfactorio contar con una teoría del Estado completa y
autosuficiente. La respuesta que yo me doy es negativa y que hoy
deberíamos disponer, en lugar de lo anterior, de una teoría del poder que
lo concibiera como un no-lugar y como algo que no se agota en posiciones
institucionalizadas de dominación o en ciertos símbolos claves. Los
parisinos derribaron la columna Vendôme en 1871 y 130 años después los
porteños quemaron sillones del Congreso, pero nada de eso produce una
alteración real sobre las formas de circulación del poder en sociedad. La
revolución ya no puede ser entendida como la toma del Palacio de Invierno,
en su versión leninista, pero tampoco como su destrucción y ni tan
siquiera como su mítica sustitución por un ?poder popular?.

Estos problemas son de la mayor importancia pero distan de ser los únicos.
Carecemos también de una visión más o menos acabada del proceso de
?globalización?, de una actualización razonable de la vieja lucha de
clases, de una conceptualización en profundidad de los nuevos movimientos
sociales, de un modelo de organización y acción adecuado a nuestra época y
ampliamente aceptado y así hasta el infinito.

Pero, te repito, no quiero ofrecer una imagen pesimista: pienso que los
problemas teóricos son reales y sería preferible tenerlos mínimamente
resueltos o que el movimiento como tal adoptara un ?programa? de trabajo
en tal sentido. Aun así, entiendo que la práctica misma procesa sus
propios avances, explora y encuentra caminos inéditos. Nos movemos según
una lógica de experimentación y de ensayo capaz de producir y ofrecer sus
propios resultados. Eso tal vez sea suficiente en el actual momento de
ebullición por el que pasamos y, en lo personal, me conformo con no
conformarme y esperar todavía algo más.

ANA > Para descontraer, si tú fueses un científico, ¿que "Frankenstein
anarquista" crearías? ¿Cuáles serían tus personajes anarquistas en esta
mezcla?

Barret < La pregunta me toma por sorpresa y nunca me había formulado las
cosas en esos términos pero igual acepto el desafío. Imaginemos, entonces,
que es posible combinar a Bakunin, a Malatesta y a Buenaventura Durruti.
Nuestro Frankenstein anarquista tendría, por lo tanto, aquella intuición
intransigente y salvaje de la libertad, aquella desmesura
destructivo-creadora, aquella capacidad para romper todos los esquemas
institucionales preconcebidos y, simultáneamente, inventar mundos nuevos
detrás de una barricada que nos legara Bakunin. Malatesta, mientras tanto,
le agregaría a nuestro Frankenstein una sistematización ?realista? y su
insobornable perseverancia para entablar diálogos libertarios con las
gentes más humildes. Y a Durruti le correspondería dotarlo de ese
activismo nómade que siempre guardó la entrañable particularidad de
pensarse no como una empresa de aislado heroísmo ni como un empujón de
élite sino en tanto parte de un multitudinario movimiento organizado que
siempre estuvo en el origen de sus decisiones.

Pero, además, el Frankenstein de nuestro tiempo es un hermafrodita al
alcance de la tecnología disponible y deberíamos colocarle unas necesarias
dosis femeninas en las personas de Louise Michel y de Luce Fabbri. Louise
colaboraría con su capacidad para proyectar su talante subversivo más allá
de las barreras culturales, de modo que si a Frankenstein le tocara como a
ella la prisión-exilio de Nueva Caledonia también podría organizar
nuevamente una revuelta de los indios canacas. Y Luce se encargaría de
darle a Frankenstein el ingrediente de su serenidad, de su apertura
mental, de su tolerancia y de su vocación por tender respetuosos puentes
entre los libertarios de todos los colores.

Y, ya que estamos dejando volar libremente nuestra imaginación, ¿por qué
no permitir que Frankenstein recorra las profundidades filosóficas que
recorrieron Michel Foucault y Gilles Deleuze, aunque éstos no hayan sido
propiamente anarquistas? ¿por qué no dotarlo de la impronta andariega de
Líber Forti y de Víctor García? ¿por qué no dejar que se permita incurrir
en el absurdo y en el humor vitriólico de Antonin Artaud, de Luis Buñuel y
de George Brassens? ¿por qué no pensar que Frankenstein jamás envejecería
y siempre tendría la edad a la que fue asesinado Salvador Puig Antich? ¿y
por qué no tantas cosas más de las que ahora me olvido? En definitiva,
Moésio, tal vez Frankenstein no sea más que el movimiento que tú y yo
integramos; con todas sus riquezas, su diversidad, sus contradicciones y
sus incertidumbres sin resolver.

ANA > Estamos acabando esta conversación, y con certeza han faltado
algunas preguntas, pero ¿qué pregunta no hice que tú quisieras haber
contestado? (risas) Gracias por todo, la paciencia, generosidad...

Barret < Sea lo que sea que haya faltado, Moésio, puedo asegurarte que en
esta conversación he podido explayarme a gusto y sobre una gran variedad
de temas. Además, sería poco elegante de mi parte reprocharte la ausencia
de una pregunta. De cualquier manera, me gustaría cerrar ampliando una
idea que no fundamenté debidamente y que, casualmente, utilicé en mi
primera respuesta y en la última: ?tender puentes?.

Hemos visto, incluso en detalles, que el movimiento anarquista está
atravesando un nuevo período de despertar y en el mismo hemos localizado
algunas de sus fortalezas y debilidades. Entre éstas últimas pienso que
habría que destacar una que me parece esencial y es que el movimiento
estaría resignándose a vivir en un estado de irremediable centrifugación.
Carecemos, como se ha dicho, de un modelo común de organización y acción y
eso ha dado lugar a una fuerte dispersión cuando no a rencillas
inexplicables y fratricidas. Creo que esto obedece a la superposición de
corrientes y concepciones que no siempre reconocen la pertinencia de las
demás y en ocasiones trasladan las diferencias teórico-ideológicas y
político-prácticas, equivocadamente, al terreno de los cuestionamientos
éticos. Es esta situación la que no debería prolongarse un minuto más y
ser sustituída por un clima de respeto, de reconocimiento y de discusión
real de las alternativas existentes.

El momento es fermental pero también conlleva una buena carga de
confusión. Todavía son muchos los cambios que debemos procesar y no parece
inmediatamente posible que haya entendimientos que den lugar a
federaciones totalmente incluyentes de alcance nacional. Pero sí es
inmediatamente posible la aceptación recíproca de unos y de otros y la
admisión de que el actual diagrama del movimiento es de por sí el el
anuncio de algo nuevo. Los anarquistas no podemos ser rehenes de nuestro
pasado porque nuestra orientación básica no puede sino dirigirse hacia el
futuro. Y tender puentes hacia el futuro exige que tendamos puentes entre
nosotros y que desarrollemos nuestra conciencia y nuestra vocación
movimientista, aquí y ahora, recuperando en el contexto y en la práctica
de las redes el imprescindible ejercicio de la solidaridad.

En fin, Moésio, te estoy infinitamente agradecido por esta conversación y
a través tuyo le envío un fraternal y enome abrazo libertario a todos los
compañeros de Brasil.

Daniel Barret: agencakrat@hotmail.com

agência de notícias anarquistas-ana

Pisé las hojas

secas. Todas soltaron

la carcajada.

Victor Sanchez Montenegro



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