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(ca) La tira de papel # 30: Deslocalización y precariedad

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Date Mon, 31 Jan 2005 12:56:12 +0100 (CET)


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AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
http://www.ainfos.ca/
http://ainfos.ca/index24.html
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De esta forma se está aplicando el programa máximo del neoliberalismo con
rapidez, concretado en lo que se conoce como el “Consenso de
Washington”, protocolos informales suscritos entre empresas
multinacionales, entidades financieras, la Reserva Federal
estadounidense y las instituciones monetarias internacionales, el Banco
Mundial, el Fondo Monetario
Internacional o la Organización Mundial del Comercial. Este consenso se
fue gestando durante los años 80 y 90, y constituye el programa político
del neoliberalismo. Su objetivo es establecer al Capital como única
fuente de poder y derecho, sometiendo al mismo a individuos y
naturaleza. El camino es la liquidación de cualquier control social
sobre el Mercado, la eliminación de los impuestos, la privatización de
todos los bienes y servicios. La creación de un Estado Policial que
exclusivamente se ocupe de establecer un orden social que garantice los
beneficios empresariales.
La sociedad que prefiguran estos cambios la podemos observar ya. El
imparable crecimiento de los “sin”: sin techo, sin derechos, sin papeles,
sin pensión, sin trabajo, sin educación, sin salud... Las relaciones
sociales se han envilecido. La competencia y la lucha entre todos es cada
vez más despiadada, siendo la violencia la pauta de comportamiento
interpersonal, contaminando el tejido social, y desarrollándose hasta en
el ámbito doméstico, los hogares han alcanzado el triste record de
convertirse en los lugares más inseguros. Esto es el neoliberalismo, la
destrucción de la condición social y moral de la humanidad, su reducción
a mero productor en guerra contra si mismo y contra el planeta.

El balance es aterrador, y lo que nos espera. Todos los poderes de la
Tierra conspiran para implantar ese sistema. La Iglesia Católica,
acompañando al resto de las sectas fundamentalistas, bendicen a los
gobiernos neoliberales y facilitan sus medios de propaganda para
predicar el nuevo credo. Son los nuevos conservadores, los “neocons”,
quienes en nombre de los valores tradicionales del cristianismo están
destruyendo a la humanidad y al planeta. Los obispos católicos han
recomendado el voto a Bush. Todos los círculos, fundaciones,
universidades y focos de difusión de los “neocons” están íntimamente
relacionados con los sectores más combativos del fundamentalismo
cristiano. Iglesia y Capital definitivamente han resuelto sus
contradicciones, si alguna vez fueron algo distinto, y colaboran juntos
abiertamente para establecer el nuevo orden mundial: La desaparición de
los valores humanos. Ya que no existe infierno en la otra vida, se han
propuesto que exista en ésta.

Debemos recordar que hubo un tiempo en el que el desarrollo industrial
era compatible con la mejora de las condiciones de vida. En el siglo XIX
la concienciación y organización de los trabajadores cuaja en la
creación de sindicatos combativos que logran imponer mejoras en todos
los ámbitos, configurando en el siglo XX sociedades avanzadas. Esas
sociedades fueron fruto de la tensión dialéctica entre trabajo y
capital. Entonces el proceso de industrialización era fundamentalmente
local, los productos que se producían en un Estado se vendían en ese
Estado. Si unos trabajadores de ese Estado conseguían mejoras sociales y
salariales, era ese Estado el que se beneficiaba en su conjunto, ya que
esos trabajadores gastaban su salario en productos de su Estado. Se
generaba un círculo virtuoso. Aumentaban los salarios y aumentaba la
producción al haber más consumo. Aumentaba la producción y aumentaban
los puestos de trabajo y los salarios, y a la vez esto repercutía en el
aumento de la producción y en la mejora de las condiciones de vida.

Hoy, con la desaparición de las fronteras para el Capital y la Mercancía,
se genera un círculo vicioso. Las empresas se trasladan donde hay
menores costes de explotación, menos impuestos, salarios y protección
ambiental. Los países con sistema social avanzado pierden empresas,
generan paro, baja la capacidad adquisitiva, lo que genera menor consumo
y más despidos. A la vez entran en su mercado productos de sus
competidores. No les queda más remedio que competir en generar mano de
obra barata y en reducir los impuesto a las empresas, lo que implica
menores servicios sociales, y desmantelamiento de la protección social.
Se establece de esta forma una carrera vertiginosa hacia el abismo, ya
que los países del tercer mundo, para no perder competitividad se
ofrecen en condiciones cada vez más bajas, lo que implica reducción de
las condiciones de vida, menos consumo y más explotación, que se
traslada a los países desarrollados que nuevamente tendrán que
implementar políticas para abaratar los costes laborales. Por este camino
terminaremos por volver a las condiciones de esclavitud anteriores al
siglo XIX, a la desaparición del desarrollo industrial. Hoy es evidente
que este sistema se ha mostrado incapaz de acabar con el hambre, las
guerras y las injusticias. Todo lo contrario, hoy las desigualdades son
mayores, el hambre y la desertización avanzan, más de 2/5 partes de la
humanidad está en guerra permanente.

La deslocalización ejemplifica perfectamente la sumisión de la humanidad
a la economía. La humanidad desarrolló el mercado para facilitar los
intercambios y satisfacer de forma más eficaz sus necesidades. Ese
mercado ha evolucionado hasta convertirse en un ser autónomo,
omnipresente, omnisciente y omnipotente, todo se debe someter a sus
deseos y necesidades. Los individuos no valen nada, son un mero
instrumento que facilita su existencia.

Frente a la deslocalización cabe adoptar distintas posturas:
El proteccionismo
Los sucesos acontecidos en Elche el 16 de septiembre de 2004, donde se
atacó a empresas y emigrantes asiáticos, son un ejemplo de este
proteccionismo. Es una aptitud estúpida, que no resuelve el problema,
sino que lo incrementa. En los años 70 se vieron brotes del mismo tenor
de los agricultores franceses contra los productos españoles: la
tradicional fiesta veraniega de volcar camiones con frutas y verduras.
Hubo incluso algunos revolucionarios de salón que vieron en esas
demostraciones de impotencia el nacimiento de una nueva lucha social que
alumbraría una humanidad nueva. El proteccionismo conduce al
nacionalismo decimonónico, solo sirve como desahogo emocional y para
encumbrar a algún aprendiz de dictador local.

El neoliberalismo
Es creer que este camino nos lleva a la salvación
material y espiritual. Propone competir en ser los más eficientes a la
hora de explotarnos a nosotros mismos y a los demás. Ser los primeros de
la clase y acatar sin crítica este estado de las cosas como algo natural
e inevitable. En este camino hay una bifurcación, una nos lleva al
exterminio de la vida en el planeta, la otra nos conduce a un orden
totalitario mundial, todavía no está definido el rumbo definitivo que
adoptará.

El socialdemócrata
Pretende embridar el Mercado, sometiéndolo a una regulación que lo haga
más humano y gobernable. Está por inventar el sujeto social que sea
capaz de semejante hazaña. Su ejecución es un rosario de fracasos. El
desmantelamiento, vía reconversión, de la industria es su fruto más
preciado. En España los astilleros públicos sirven de botón de muestra.
El parlamentarismo, el instrumento político con el que pretende gobernar
el Mercado, es ineficaz para ese propósito. El parlamentarismo actúa a
nivel estatal, y el Mercado a nivel global. Al Capital le resulta muy
fácil burlar los controles gubernamentales. En la práctica el
parlamentarismo sirve de coartada legal para legitimar el proceso de
desarrollo ilimitado del Mercado. El parlamentarismo es el procedimiento
para suplantar la soberanía popular. Desde el siglo XVIII está
firmemente establecido en la conciencia colectiva de la humanidad que la
soberanía reside en el pueblo, ni en dios, ni en el rey, sí en cada una
de las personas. La soberanía popular es resultado del libre juego de
interacciones de las soberanías individuales. El parlamentarismo
fosiliza las energías que surgen del quehacer espontáneo de individuos
libres, las aboca a un callejón sin salida. Más todavía el
parlamentarismo moderno, donde la abstención y el voto en blanco no
cuentan, donde cada escaño cuesta un número distinto de votos, donde se
establecen mayorías absolutas con menos del 25% de sufragios. Los
gobiernos que surgen de esos parlamentos se saben débiles, no
representan a nadie. Su pretensión de gobernar al Mercado es un brindis
al Sol, son precisamente ellos los siervos del Capital.
Solamente un gobierno mundial salido de un parlamento elegido
directamente mediante sufragio universal podría afrontar la
gobernabilidad del Mercado. Pero tampoco esto serviría de garantía.
Vemos cómo en la ONU los gobiernos ni siquiera se ponen de acuerdo para
acabar con los paraísos fiscales, donde recalan las inmensas fortunas
que se consiguen mediante el crimen y la corrupción. Tampoco se ponen de
acuerdo para establecer una legislación social mínima mundial, donde se
contemplen tanto los derechos laborales, como los derechos civiles,
políticos y la protección de la naturaleza. Esto garantizaría la mejora
de las condiciones de vida en todos los países, y conforme se vayan
armonizando y equilibrando esas condiciones mínimas, se irían
estableciendo nuevos objetivos. De esta forma entraríamos en un nuevo
ciclo virtuoso de ámbito global. Estas intenciones darían pié a pensar
que todavía existe algo de sentido común en los gobernantes, pero todos
se han rendido al nuevo amo.

El alternativo
Antiautoritario, antiestatalista y anticapitalista. Aquí se parte de una
visión realista del Mercado y el Capital. El neoliberalismo no es el
libre juego de las iniciativas individuales, sino el establecimiento de
un sistema que garantiza el poder absoluto de los más ricos y la
opresión del resto de la población.

No hay libertad de mercado. Existe un Mercado Único dominado por grandes
multinacionales. El neoliberalismo es la gran mentira, no es la ausencia
de regulación en el mercado, es regular el mercado de tal forma que
solamente puedan operar las multinacionales. El neoliberalismo recurre
al fraude y al engaño, se impone mediante la coacción.

La deslocalización no beneficia a ningún trabajador/a ni del primer, ni
el segundo ni el tercer mundo. Sólo beneficia a las multinacionales. La
exportación de grano por Etiopía no ha servido para paliar el hambre. Ha
servido para que la industria cárnica occidental pueda alimentar al
ganado de forma más barata. Se pierden puestos de trabajo de
agricultores europeos, que compran carne en el mercado al mismo precio.
La industria cárnica aumenta sus beneficios. Las mafias políticas de
Etiopía pueden comprar armas más modernas, con el dinero recibido de la
venta de grano, así garantizan que su población, cada vez con menos
recursos para alimentarse, no se rebele. Los traficantes de armas se
forran, y los paraísos fiscales prosperan.

El Mercado, y su instrumento de dominación, la deslocalización, no van a
acabar con el hambre, la enfermedad, la injusticia, la desigualdad, la
guerra. Son precisamente sus frutos. En cualquier lugar del mundo la
Naturaleza es generosa, y ofrece más que suficiente para que con un poco
de esfuerzo se puedan satisfacer todas las necesidades de la población
que cobija. La ciencia nos ha enseñado a obtener un rendimiento óptimo
del trabajo. El problema es que hay una clase social que se ha apropiado
de estos recursos, y los utiliza para perpetuarse en el poder, no para
satisfacer las necesidades de la población.

La solución es que la población se erija en protagonista de sus vidas,
que tome conciencia de su explotación, que se organice para recuperar
los medios de producción, y los utilice para satisfacer sus necesidades
materiales al margen del mercado, estableciendo redes de intercambios y
apoyo mutuo.

Más les hubiera valido, a los revoltosos de Elche, haber ocupado el
Ayuntamiento, establecer una gestión más eficaz de los bienes y servicios
municipales. Atreverse a dejar de pagar las hipotecas a los bancos, y
movilizarse, cuando se intente desahuciar a alguien, con el mismo ímpetu
con el que perseguían a emigrantes chinos. Crear colectividades de
consumo para distribuir alimentos, en cooperación con los agricultores,
a menor coste que el mercado. Colaborar con otras colectividades de
consumidores y distribuir sus productos a través de ellas. Deshacerse de
los dueños de las empresas en que trabajan.

Para esta solución alternativa el individuo es la medida de todas las
cosas, el fin de cualquier actividad social. La economía debe estar a su
servicio y dedicarse exclusivamente a satisfacer sus necesidades
individuales, y no los deseos de corporaciones inmateriales. La
Naturaleza es hogar, madre y sustento. La acción del hombre/mujer debe
tender a su conservación, no a su explotación. Se valora más el disfrute
del tiempo en libertad que la acumulación de objetos que esclavizan a
sus poseedores. Aquí sí nos encontramos ante un choque de
civilizaciones. Esa solución alternativa implica una nueva cultura, con
valores opuestos al neoliberalismo, donde la cooperación y el apoyo
mutuo sean el pilar sobre el que se asiente la sociedad, y no la lucha
entre los individuos, donde cada individuo pueda concurrir libremente a
expresar su soberanía individual y contribuir a conformar en cualquier
foro acuerdos y consensos sociales que regulen su actividad.

Juan de la Lama. Abogado laboralista y miembro de la Federación Comarcal
Sur de Madrid de CNT.




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