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(ca) [Peru] LA PROTESTA: ¿DE QUÉ ORGANIZACIÓN HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE ORGANIZACIÓN?

From a-infos-ca@ainfos.ca
From laprotesta90@hotmail.com
Date Tue, 11 Jan 2005 19:44:20 +0100 (CET)


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AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
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http://ainfos.ca/index24.html
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Qué hacen los anarquistas
“Lo primero que hacen los anarquistas es pensar como anarquistas. Un
anarquista tiene que elaborar una nueva visión integral del mundo y una
nueva manera de tratarlo, esto se hace habitualmente mediante la
conversación con las personas que son anarquistas o están cercanas al
movimiento, especialmente dentro de algún grupo o actividad del ala
izquierda. Además, incluso el anarquista más acérrimo tiene contacto con
no anarquistas, y tal contacto constituye, inevitablemente, una
oportunidad para la difusión de las ideas anarquistas. Entre la familia y
los amigos, en el hogar y en el trabajo, cualquier anarquista que no sea
enteramente filosófico en sus convicciones puede ser influido por ellas.
No es universal pero si habitual que los anarquistas se preocupen menos
que las demás personas por cosas tales como la fidelidad de sus esposas,
la obediencia de sus hijos, la conformidad de los vecinos, la puntualidad
de los colegas. Es menos probable que los empleados y ciudadanos
anarquistas hagan lo que se les dice, y que los maestros y padres
anarquistas hagan hacer a otros lo que se les dice que hagan. El
anarquismo que no se muestra en la vida personal resulta muy sospechoso.
Algunos anarquistas se contentan con tener una posición y limitar sus
opiniones a su propia vida. Pero la mayoría de ellos desean ir más lejos e
influir sobre otras personas. Es en la conversación acerca de cuestiones
sociales o políticas donde expresarán el punto de vista libertario, y en
las luchas sobre problemas públicos donde apoyarán la solución libertaria.
Pero para producir una repercusión real es necesario trabajar con otros
anarquistas o en alguna clase de grupo político sobre una base más
permanente que la del encuentro ocasional. Este es el comienzo de la
organización, que lleva a la propaganda y, finalmente a la acción”.
(Nicolás Walter, Acerca del anarquismo)
Primeros pasos
Históricamente el poder ha cambiado de manos de muchas maneras entre
grupos organizados de múltiples formas, siendo la más socorrida la del
grupo conspirativo. Si las contradicciones al interior de los diversos
sistemas sociales y económicos que ha conocido la humanidad fueron el
caldo de cultivo para que el pueblo impulse el cambio de un sistema por
otro, y que su administración cambie de manos de clase en clase, es
finalmente una elite dirigente, espontánea o planificada, la que
invariablemente ha terminado haciéndose del poder y escamoteando
aspiraciones de libertad. Hasta nuestros días sigue existiendo el grupo
conspirativo, aunque este ha cambiado de formas, de look diríamos ahora, a
partir de la Revolución Francesa. Hasta la caída de la monarquía en
Francia, el grupo conspirativo era un privilegio de las clases acomodadas.
Patricios en Roma, Caballeros en el Medioevo, Burgueses en la monarquía y
pequeños burgueses en el capitalismo. Los anarquistas no son ajenos a esta
tradición conspirativa. Herederos de la Revolución Francesa por el ala
socialista, los anarquistas plantearon que la liberación de las clases
trabajadoras debían ser hecha por ellas mismas, en contraposición a las
teorías de los socialistas autoritarios (marxistas y socialdemócratas),
que planteaban que el pueblo debía pasar por un educación política para
que luego tome el poder y se libere. Es en la Comuna de Paris donde se
produce el punto de quiebre entre las teorías revolucionarias de
anarquistas y marxistas. Marx planteaba la creación de un partido de masas
en el que la dirigencia y los militantes tengan (tomando prestada la
expresión a Gustavo Gutiérrez) “una opción preferencial por los pobres”,
mientras que los anarquistas, al considerar que todo partido recrea
estructuras autoritarias y de poder, optaron por el tradicional grupo
conspirativo, con el deslinde que este grupo no debería tener estructura
piramidal, sino por el contrario sería horizontal, dialógico y con un
armónico equilibrio entre la flexibilidad y la disciplina, ya no para
dirigir y organizar a las masas, sino sólo para influenciar en ellas.
Sin embargo el desarrollo de los procesos revolucionarios en Europa a
finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX impactaron de manera
diferente en ambas concepciones organizativas. A Marx no le fue muy bien
que digamos: el Partido patrocinado por él fue incapaz de convencer a la
población que era su vanguardia y nunca logró tener, ya no el poder, si no
ni siquiera una minoría parlamentaria de oposición significativa, a pesar
que consideraba que había que participar en el parlamento burgués para
“destruirlo desde dentro”. Como sea, su más exitosa actividad se
desarrollo en el área social, organizando trabajadores. Por su parte, el
anarquismo se enfocó en organizar trabajadores y realizar atentados,
siendo esta ultima práctica calificada de terrorista por los seguidores de
Marx.
Estos dos tipos de organización siguieron un camino similar hasta 1905,
cuando los anarquistas rusos presionaron lo suficiente como para que el
pueblo crease una situación pre-revolucionaria. Al parecer, el trabajo de
los “conspirativistas” ácratas evidenciaba mejores resultados que el de
sus competidores marxistas. Grupos, colectivos o células anarquistas,
coordinando en el área legal o tirando bombas a la primera cabeza coronada
que veían, llevaron a Rusia una situación insostenible. Sin embargo, esta
situación pre-revolucionaria no culminó en ningún cambio sino recién hasta
1917.
Lenin marca un nuevo hito en el diseño de organizaciones revolucionarias,
creando un “partido de nuevo tipo” que combinaba el trabajo conspirativo
con el de masas. Historiadores bien documentados como Max Nettlau, Irving
Horowitz o Woodcock, señalan que esta invención de Lenin fue producto de
su contacto cercano con grupos anarquistas. De hecho, su hermano fue un
anarquista que intento matar al zar con tan mala puntería que fue atrapado
y asesinado. Ahora tenemos que Lenin toma de Marx el partido de masas y de
los conspirativistas el aparato de cuadros.
¿Es posible que un partido sea al mismo tiempo de cuadros, (es decir de
elites conspirativas) y de masas (o sea de trabajo público)?.Al parecer
Lenin creyó que sí, y si tenemos en cuenta que el Partido bolchevique
creado por él tomó el poder en 1917, diremos que la realidad le dio la
razón. Si pues, tomó el poder, ¿y qué?. La historia posterior confirmó la
advertencia anarquista que los “comunistas” de estado sólo recrearían las
tradicionales estructuras de poder en beneficio de ellos y en perjuicio
del pueblo.
Después de 1917 los anarquistas pusieron las barbas en remojo. No bastaba
la organización celular, ni los atentados regios. Así que hicieron su
aparición el anarcosindicalismo y el anarco-comunismo, con sus respectivos
métodos de organización.
Para los anarcosindicalistas, la sociedad debería basarse en los
sindicatos como expresión de la clase trabajadora, reorganizados de modo
que abarcaran tanto las poblaciones como las regiones y reformados para
que estén en manos de las masas, de manera que toda la economía se maneje
de acuerdo con el principio del control de los trabajadores. Aunque esta
táctica venia desde 1890, es a principios del siglo XX donde llega a su
máxima expresión con las luchas por la jornada de las ocho horas. Por su
parte los anarco-comunistas consideraban que no es suficiente la posesión
en común de los instrumentos de trabajo, sino que también deben ser
comunes los productos del trabajo y se les debe distribuir en forma
igualitaria. Este comunismo anarquista o libertario no debe confundirse,
por supuesto, con el comunismo de los marxistas. Mucho anarquistas parecen
haberse llamado a sí mismo comunistas no tanto porque tuvieran una
convicción tal definida, sino porque deseaban desafiar a los marxistas en
su propio terreno y superarlos a los ojos de la opinión pública.
El sindicalismo y el comunismo anarquistas fueron los últimos aportes
ideológicos de los libertarios que se sumaban a teorías y organizaciones
dentro de la tradición ácrata como el Anarquismo Filosófico, Nihilismo,
Individualismo, Egoísmo, Libertarismo, Bohemialismo, Mutualismo,
Federalismo, Colectivismo, Sindicalismo y finalmente Comunismo.
Con la revolución de 1917 se inicia un debate sobre el carácter militar de
la revolución. Para los leninistas estaba claro: el partido debía armarse
y así lo proclamaron a los cuatro vientos. Para los libertarios, por otra
parte, el éxito de la revolución bolchevique y la menos promocionada
revolución ucraniana, tan cara a los anarquistas y apoyada sólo en
milicianos campesinos, les daba argumentos para iniciar ellos también su
revolución armada. ¿Pero cómo se organiza eso sin un partido centralizado
y sin una disciplina del tipo militar que permita una acción coherente? La
respuesta se buscó en la Comuna de Paris y en las milicias ucranianas y se
pusieron en práctica en… España.
La disciplina organizativa de los anarquistas de la mano de la coherencia
política de sus líderes fue puesta a prueba durante la Revolución
Española. Organizados en torno al anarcosindicalismo español, los ácratas
ibéricos lograron realizar una consensual división del trabajo
revolucionario. Unos grupos organizaban sindicatos, otros a mujeres y
pobladores, y otros sólo eran colectivos que armaban aparatos de
propaganda. Se puede argumentar que al no haber disensiones significativas
el movimiento ácrata español pudo ser lo suficientemente coherente como
para responder al ejército realista; sin embargo de la mano del
anarcosindicalismo español estaba la coherencia de sus militantes; como lo
cuenta Durruti, incluso generales españoles se ponían a órdenes de los
milicianos sin pretender ordenarles, pero a estos se les pedía que
actuasen como uno más porque “acababan de ser liberados de la tiranía de
ser jefes”.
El tercer paso en el desarrollo de las organizaciones políticas que se
pretenden revolucionarias lo dio el maoísmo, una versión chinizada del
marxismo que últimamente se refiere a si misma como “el guerrero mundial”
que enterrará al Imperialismo. En el Perú ya sabemos lo que paso con su
“cuarta espada”. Los maoístas no pueden exhibir, en la persona de Mao ni
en sus seguidores, el genio filosófico de Marx ni la creatividad política
de Lenin, y realzan más bien que Mao “aportó” al marxismo y a la
revolución la militarización del partido. Sin embargo y en perspectiva, su
experiencia-comparada con otras organizaciones-demuestra que Mao fue más
bien un buen e ingenioso copista. Sus tesis de creación de una “democracia
popular” y el apoyo o creación de una burguesía nacional monitoreada por
el Partido Comunista, así como su llamado a la revolución mundial, son
unas u otras sólo copia de cosas que ya antes han sido dichas en primer
lugar por Anarquistas (critica al autoritarismo y burocratismo) y luego
por Trotskistas (críticas al burocratismo, planteamiento de la revolución
cultural, etc).
Sin embargo, la crítica central a su tipo de organización estriba en que
copió la estructura del Fascismo italiano para organizar la sociedad en
“corpos di combatimento” en los que convivían proletarios, campesinos y
burgueses. Basta poner lado a lado el programa de desarrollo del Partido
Nacional Socialista alemán (si, el mismo de Hitler) junto a las propuestas
maoístas para entender que si no son lo mismo, por lo menos son de la
misma estofa.
Con ellos, pues, no tenemos nada que discutir.

Una forma de “organización”, si cabe el término, es la realizada por
individuos que apelan a la violencia en forma inorgánica, y en el
anarquismo los hemos tenidos verdaderamente notables. Nosotros no hemos
patentado el terrorismo, pero éste ha estado a veces de moda en algunos
sectores del movimiento. Después de la frustradora experiencia de predicar
una teoría minoritaria en una sociedad hostil o con frecuencia
indiferente, resulta tentador atacar físicamente a la sociedad. No puede
remediar mucho la hostilidad, pero terminará, de hecho, con la
indiferencia; que me odien, siempre que se me tema, es la línea de
pensamiento del terrorista. Pero si el asesinato calculado ha sido
improductivo, como en el caso de los anarquistas tirabombas de finales del
siglo XIX, el terror al azar ha resultado contraproducente. Allí están
Abimael y sus secuaces, y no exageró cuando digo que nada hizo más daño al
anarquismo que el arrebato de violencia psicopática que siempre lo ha
recorrido y aún lo recorre.1
Carrera de fondo
En la historia del movimiento anarquista mundial se pueden distinguir
grandes bloques de la evolución de su práctica social:
1.- La aparición de la idea y su difusión. Desde William Godwin (1793)
hasta Kropotkin , que muere en 1922.2.- La aparición de las variantes que conforman el anarquismo: Anarquismo
Filosófico, Nihilismo, Individualismo, Egoísmo, Libertarismo,
Bohemialismo, Mutualismo, Federalismo, Colectivismo, Sindicalismo y
finalmente Comunismo3.- La puesta en práctica de las teorías en las revoluciones rusa y
española. (1917 y 1936).4.- El repliegue mundial, y
5.- El renacimiento libertario actual.

De toda esta historia ¿algo aprendieron los anarquistas? Si, primero a
limar asperezas y a considerar que todas estas variantes libertarias son
más aparentes que reales, que constituyen sugerencias artificiales de
énfasis, incluso de vocabulario más que diferencias serias de principio.Como sea, quien quiera acercarse al anarquismo se va a encontrarse con una
práctica compleja. Primero porque nadie lo va a instrumentalizar para
realizar algo que no quiere, y segundo porque sólo uno es la medida del
anarquismo que pretende difundir, ya que no contamos con comisarios, ni
secretarios generales que nos premien o castiguen.2
Organización
A estas alturas de la historia se puede afirmar que el anarquismo ha
probado todas las formas de organización y desorganización, y a la luz de
la experiencia ha quedado establecido que nos organizamos más o menos así:
La forma inicial de la organización anarquista consiste en un grupo de
discusión. Si este resulta viable, se desarrollará de dos maneras:
establecerá vínculos con otros grupos y comenzará a desarrollar una
actividad más amplia. Los vínculos con otros grupos pueden llevar,
eventualmente, a alguna clase de federación que coordine la actividad y
emprenda iniciativas más ambiciosas. La actividad anarquista comienza
normalmente con alguna forma de propaganda para hacer comprender la idea
básica del anarquismo en sí. Hay dos maneras principales de lograrlo:
propaganda verbal y propaganda mediante la acción.
El cambio que implica pasar de la teorización del anarquismo a su puesta
en práctica significa un cambio de organización. El grupo típico de
discusión o propaganda que está abierto a una fácil participación por la
gente de afuera y a una fácil observación por las autoridades, y se basa
en que cada miembro haga lo que quiera y no haga lo que nosotros no
queremos hacer, se volverá más exclusivo y más formal. Ese es un momento
de gran peligro, puesto que una actitud demasiado rígida lleva al
autoritarismo y al sectarismo, mientras una demasiado laxa lleva a la
confusión y a la irresponsabilidad. El peligro resulta aun mayor porque
cuando el anarquismo se transforma en una cosa seria, llega a constituir
una amenaza seria para las autoridades y comienza la persecución real.
La forma más común de acción anarquista consiste en que la agitación
acerca de un problema se transforme en participación en una campaña. Esta
puede ser reformista, a favor de algo que no cambie todo el sistema, o
revolucionaria, en pro de un cambio a introducir en el sistema mismo;
puede ser legal o ilegal o ambas cosas, violenta o no violenta o sólo no
activamente violenta. Puede tener probabilidad de éxito o carecer de ella
desde el comienzo. Los anarquistas pueden ser influyentes o incluso
dominantes en la campaña o constituir uno de los muchos grupos que
participan de ella. No cuesta mucho pensar en una amplia variedad de
campos posibles de acción, y durante un siglo los anarquistas los
ensayaron todos.
Sugerencias
Como quiera que los individuos, grupos y colectivos anarquistas no tienen
directivas del tipo de un partido leninista, yo sugiero que, ya sea en
forma individual o colectiva, los simpatizantes del Ideal anarquista
diseñen su participación o su grupo de acuerdo a una actividad especifica
para que los esfuerzos se potencien. Es decir, si un grupo de personas
sabe hacer publicaciones y además tiene conocimientos de cómo hacerlas
bien, podría ponerse al servicio general de difundir la acracia de las
maneras más efectivas posibles, coordinando con otros colectivos para
emprender tareas más grandes como diarios o producción de videos. Si otro
grupo se diseña asimismo como organizador, pues sus integrantes podrían
enfocarse en la tarea de enseñar a otros grupos y a la población en
general como organizarse en forma autonoma. Si otro grupo quiere ser una
asociación miscelánea de personalidades pues en buena hora. Lo expresado
sólo es una sugerencia que, desde mi punto de vista, nos evitaría
agotamientos infructuosos en una lucha que vale la pena ser librada.

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1.- Ojo que aquí lo reprensible es lo psicopático, impulsivo y,
finalmente, contraproducente de un acto violento quien sabe legítimo, no
su condición violenta de por sí. (N.E). Subir2.- Habría que añadir “....tampoco Biblias, santorales ni ortodoxias” pero
sí coherencia entre principios y actos, incluso a despacho de ciertas
experiencias históricas (como el apoyo de Kropotkin a los aliados en la
1ra Guerra Mundial, los “ministros anarquistas” de la CNT en la Revolución
Española de 1936, etc), ínfimas en comparación a los reveses y traiciones
del marxismo histórico. Subir





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