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(ca) Argentina: ¿de la crisis del sistema a la restauración peronista ?

Date Sun, 4 Dec 2005 23:48:41 +0100 (CET)



Argentina: ¿de la crisis del sistema a la restauración peronista?
Siempre es difícil escribir la historia que a cada uno le toca vivir. Este
es el desafío que se presenta al tratar de poner en letras lo que como
personas vivimos, los distintos momentos y sensaciones y las luchas que
hicimos y que seguimos haciendo. Pero vale un intento de ver el pasado y
el presente cuando se trata de alumbrar el futuro; por eso es que sirve
hacer un resumen de lo vivido en los últimos años. De esto tratan estas
páginas.

Marco histórico de la crisis

Es imposible entender la crisis política que se hizo manifiesta en
diciembre de 2001 sin comprender a grandes rasgos las características de
la historia argentina, por lo menos desde la década de 1940; por lo tanto
nos limitaremos a trazar unas líneas de análisis. Partimos del primer
gobierno de Juan Domingo Perón, un militar populista como tantos de
Latinoamérica, con fuertes simpatías hacia el franquismo, al punto de que
se exilió en España (1). Perón logró terminar definitivamente con la
influencia de los anarquistas en las masas populares, pero no sólo de
éstos, sino también de socialistas, comunistas y otras tendencias, por
medio de la cooptación de la CGT (la central sindical única; aún hoy el
resto del sindicalismo espera reconocimiento de personalidad jurídica).
Pero además logró articular un modelo casi keynesiano de políticas
económicas que generó una alza en la calidad de vida de amplios sectores
de la población antes marginados, apoyado en gastos del Estado;
nacionalizó sectores clave de la industria, como los ferrocarriles; y pudo
polarizar la discusión política entre peronistas y antiperonistas por más
de 30 años.
En 1955 Perón es derrocado por un golpe militar. Hasta los 70 se sucederán
en el gobierno dictaduras militares y gobiernos democráticos (con el
peronismo proscrito). En 1973, asumirá Perón, en un momento de luchas
sociales muy fuertes, con predominancia de los grupos de lucha armada
(fundamentalmente dos: Ejército Revolucionario del Pueblo,
marxista-leninista, y Montoneros, peronista de izquierda). El peronismo se
hallaba muy dividido entre la derecha y la izquierda; Perón eligió un
bando, y no fue el de la "revolución socialista", sino más bien el de las
hordas fascistas de la Alianza Anticomunista Argentina.
A la muerte de Perón en 1974, todo el equilibrio se pierde. Su esposa y
vicepresidenta del país, Isabel Perón, no puede controlar la situación...
En 1976 un golpe de Estado inicia la represión más sangrienta que haya
conocido el pueblo argentino: 30.000 desaparecidos, secuestrados y
asesinados son el saldo. Esta dictadura no sólo está en el poder para
reprimir, sino también para imponer el neoliberalismo, contrayendo gran
parte de la actual deuda externa, para dar subsidios a grandes
empresarios, y nacionalizando la deuda privada de los mismos burgueses.
Tras una gris década del 80, con transición a la democracia incluida, la
década del 90 fue el escenario de la vuelta del peronismo al poder; sólo
que el presidente Carlos Menem aplicó un programa que poco tenía que ver
con el de Perón, excepto por la represión y la corrupción. Privatizó las
empresas de servicios del Estado y aniquiló la poca industria que quedaba,
favoreciendo a los importadores y a los inversores extranjeros. Su
ministro de economía, Domingo Cavallo, se convirtió en un símbolo del
neoliberalismo y el ajuste. Todos estos elementos signaron tanto al
gobierno de Menem como a su sucesor Fernando De la Rúa. Éste llegó al
poder criticando la política económica de Menem, pero siguió a fondo sus
recetas, que habían sido fuertemente aplaudidas por el FMI y el Banco
Mundial.
De la Rúa, elegido en 1999 gracias al voto anti-Menem, rápidamente se
mostró incapaz de contener la protesta, demostrando la falta de voluntad
de su gobierno para torcer el rumbo económico y social de exclusión
creciente que afrontaban las clases desposeídas. 2001 fue el año en que
todo estalló. La crisis inminente fue acelerada por las maniobras de
desestabilización de sectores del peronismo, generando un nivel de
movilización que rápidamente superó a cualquier tipo de marco
institucional.
En este marco se llegó a un gobierno de transición a la normalidad,
presidido por el representante del peronismo de la provincia de Buenos
Aires y líder mafioso (capo de la droga) de la oposición a De la Rúa,
Eduardo Duhalde. Su gobierno planteó en lo económico la continuación del
modelo neoliberal, pero con algunas reformas; la devaluación de la moneda,
con lo que cambió el sector de la burguesía beneficiado: de los
importadores y especuladores financieros a los exportadores, sobre todo
agrícolas. En lo social encaró la represión abierta a los sectores
populares; durante su mandato, la policía asesinó a dos militantes del MTD
Aníval Verón, Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, en un piquete. Sus
muertes son representativas de las decenas de asesinados por el Estado en
sus intentos de "pacificar" el país; son en cierta forma símbolos de cómo
el Estado trató de ahogar la resistencia. No lo pudieron hacer.
En 2003 Duhalde, habiendo sido elegido por el Congreso para terminar el
mandato de De la Rúa, llamó a elecciones en las que se reafirmó una
tendencia que se venía dando desde las elecciones legislativas de 2000: la
decadencia del radicalismo (partido pequeño burgués de carácter
democrático) y la división del Partido Justicialista (peronista). Es
decir, la decadencia del sistema bipartidista. En estas elecciones, se
pudo ver cómo frente a la posibilidad certera de un nuevo triunfo de
Menem, la gente votó a otro peronista como Néstor Kirchner, un desconocido
gobernador de Santa Cruz, una provincia patagónica.
En los dos años que lleva Kirchner en el gobierno, combinó la continuación
de la política económica duhaldista (2), dotándola de un discurso
nacionalista (pero privilegiando siempre el pacto con los organismos de
financiación internacionales), con un giro en la relación con el "campo
popular". La nueva estrategia que intentó Kirchner fue la de incorporar a
su gobierno a la mayor cantidad de sectores en lucha posible, para
utilizarlos de base social, al tiempo que estigmatizó a los sectores que
continúan en la oposición franca, logrando dividir las luchas. Entre los
sectores que hoy se encuentran colaborando con el gobierno se encuentran,
tristemente, las Madres de Plaza de Mayo (en su rama mayoritaria). Esto le
fue posible por la utilización de un discurso fuertemente crítico de la
dictadura militar de 1976-1983, con una reivindicación de la lucha de los
desaparecidos y persecución a los militares culpables, que habían sido
indultados por Menem y estaban protegidos por dos leyes del gobierno
radical de Raúl Alfonsín (1983-1989). Kirchner presta excesiva atención a
la defensa de los derechos humanos cuando se habla del pasado, pero su
política económica continúa condenando al hambre a millones de habitantes
del país, y llenando las cárceles de presos políticos.

Estallido social y después
La crisis económica llevó, como era previsible, a la explosión social en
diciembre de 2001. El pueblo, autoorganizado y espontáneo, se enfrentó a
la policía, creó asambleas en los barrios, hizo cortes de carretera, ocupó
fábricas... Son conocidos estos hechos en todo el mundo; vale la pena ver
entonces la evolución de estos movimientos hasta el día de hoy.
Las asambleas, que empezaron con mucha fuerza, fueron disminuyendo en
número y actividad al tiempo que se iban politizando, es decir, saliendo
de lo meramente barrial o cotidiano y constituyendo un sujeto político por
derecho propio. El día de hoy en Buenos Aires hay asambleas que son
extremadamente fieles a los principios que les dieron origen, mientras que
otras se presentan en las elecciones con el nombre de "Asambleas del
Pueblo"... Entre las asambleas que siguen fieles a sus principios, muchas
mantienen espacios ocupados, y buscan relacionarse con el barrio a través
de acciones culturales y políticas. En la ciudad de Buenos Aires es
paradigmático el caso de la Asamblea del Cid Campeador o de la Asamblea
Popular de Almagro, ambas con locales ocupados.
En lo que respecta al movimiento piquetero, la primera aclaración
necesaria es que no se trata de un movimiento único, sino que hay muchas
organizaciones piqueteras que responden a diferentes programas políticos.
Podemos decir que en los últimos dos años se han definidos tres grandes
grupos, tres "movimientos" piqueteros. Por un lado, tenemos a los grupos
alineados con el gobierno peronista de Kirchner, quienes hasta 2002
integraban el llamado "campo popular" y a día de hoy que actúan como grupo
de choque del kirchnerismo. Dichos grupos se reconocen, en general, en la
tradición de izquierda del peronismo, representada por los montoneros en
la década de los 70. Podemos decir, por tanto, que el gobierno de Kirchner
"quebró" al movimiento piquetero cooptando a algunos de sus dirigentes,
que hoy en día participan en diferentes Secretarías del Estado. El método
de cooptación fue político pero también económico, por cuanto se
destinaron millones de pesos en subsidios y proyectos productivos para
fortalecer a estas organizaciones, en el marco de la construcción
"transversal" que propone Kirchner, a nuestros ojos como forma de ganar
base social frente a un Partido Justicialista que no le responde
ciegamente.
Estos movimientos alineados con el Gobierno tienen estrategias de acción
asistencialistas y actúan desde una lógica instrumental, utilizando a la
gente como "ganado" para actos, marchas o piquetes (aunque dada su alianza
con el gobierno prácticamente han suspendido los cortes de carreteras o
calles, e incluso realizan algunos en apoyo a Kirchner).
Un segundo gran sector piquetero es el que responde a la izquierda
partidista. Desde finales de los 90 quedó demostrada la capacidad de lucha
del sujeto desocupado, por lo cual los partidos de izquierda volcaron sus
aparatos en la construcción de herramientas de lucha para este campo. Así,
cada partido construyo su "brazo" piquetero, y ni se molestaron en ocultar
la relación. Por ejemplo, el Partido Obrero levantó el Polo Obrero, el
Movimiento Socialista de los Trabajadores hizo lo propio con el Movimiento
Sin Trabajo y así. Las excepciones fueron partidos demasiado chicos o
sectarios (Partido de los Trabajadores por el Socialismo, Movimiento al
Socialismo, etc.) que, desde una óptica más obrerista, desdeñaron la lucha
de los desocupados. Las prácticas que caracterizan a estos movimientos no
distan demasiado de las de las organizaciones peronistas alineadas con el
gobierno, sólo que su signo político es diferente. El control de los
planes sociales (3) -subsidios del Estado a los desocupados- es el timón
que les permite manejar los barrios en los que se insertan. Como
consecuencia del surgimiento y consolidación de estas corrientes de
izquierda, en algunos barrios han sido desplazados los "punteros"
peronistas (dirigentes de base con prácticas mafiosas), lo cual sin duda
representa un avance, dado que al menos la izquierda no se dedica a la
compraventa de drogas y armas.
Un tercer movimiento piquetero es aquel que cuestiona las formas de
organización verticales y jerárquicas. Este grupo está representando por
el relativamente nuevo "Frente Popular Darío Santillán", que aglutina
diferentes grupos, como el Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal
Verón, el Movimiento de Unidad Popular y otros de menor porte. En estos
movimientos trabajan la mayoría de los compañeros libertarios. Si bien
reciben los planes sociales del Gobierno (por lo cual no podemos
criticarlos, ya que la situación en los barrios es realmente crítica)
estos movimientos realizan un manejo diferente de los mismos, con
criterios colectivos e intentando fundar cooperativas y alternativas
autogestionarias. Estos grupos plantean una ruptura de corte
revolucionario con la sociedad actual y critican tanto al Estado como al
capitalismo, lo cual los ubica cerca de nuestras ideas.
Además de estos tres grandes grupos tenemos al Movimiento Independiente de
Jubilados y Desocupados, que dirige Raúl Castells, que en líneas generales
es crítico con el gobierno, pero no puede ser agrupado en ninguna de las
categorías anteriores ya que no se coordina en las luchas con los demás
sectores y dado su corte personalista tiende a giros que dificultan su
caracterización. De ser uno de los grupos más numerosos ha sido
prácticamente desarticulado, en parte por las persecuciones desde el
gobierno que han llevado a su dirigente a la cárcel en numerosas
oportunidades.
Otro fenómeno social que caracterizó a este período de luchas, fue el de
las fábricas y empresas ocupadas y puestas a producir por sus
trabajadores. Durante los 90, muchos empresarios prefirieron vaciar las
fábricas y venderlas. En la crisis de 2001 se registró una fuga de
capitales sin precedentes (las reservas del Banco Central bajaron a cifras
históricas) y cerraron cientos de fábricas, que fueron recuperadas por sus
trabajadores.
Durante el 2002 se multiplicaron por cientos las experiencias de este tipo
a lo largo y ancho del país. Cada caso tuvo una particular evolución, y
tenemos tres ejemplos paradigmáticos: Brukman, Zanón y Sasetru. Brukman,
fábrica de trajes de alta calidad, fue ocupada por sus trabajadoras días
antes de las jornadas del 19 y 20 de diciembre. Tras una larga lucha en
las calles pero también legal, en la que contaron con el apoyo de todo el
"campo popular", las trabajadoras fueron desalojadas en un violento
operativo (una verdadera cacería humana en Buenos Aires). La forma que
encontraron para recuperar sus puestos de trabajo fue armando una
cooperativa con el Dr. Caro a la cabeza. Este abogado es la herramienta
del gobierno para desarticular las posibilidades de verdadera autogestión
en fábricas y empresas recuperadas. Con los recursos del Estado, Caro
"organiza" las empresas, volviéndolas rentables, pero reinsertándolas en
el capitalismo, haciendo que los trabajadores se autoexploten.
La segunda experiencia emblemática es la de Zanón, la principal productora
de cerámica del país. Ubicada en la provincia de Neuquén, la lucha por
Zanón se dio en el marco de la lucha contra la burocracia del gremio de
los ceramistas y con la oposición mafiosa del gobierno provincial. Hoy en
día Zanón es un ejemplo de lucha, funciona enteramente gestionada por sus
trabajadores y ha aumentado su productividad e incluido a desocupados de
organizaciones piqueteras.
El tercer ejemplo que poníamos es el de Sasetru. Esta fábrica de pastas,
que llevaba años cerrada, fue ocupada por el Polo Obrero con la intención
de ponerla a producir. El gobierno, empecinado en frenar el avance de las
luchas, instrumentó una feroz represión y fue desalojada.
Una caracterización del movimiento de fábricas recuperadas podría ser la
siguiente: por un lado se encuentran las empresas que se han convertido en
cooperativas bajo la égida del gobierno y funcionan como empresas
capitalistas, por otro lado se encuentran aquellas que plantean una lucha
contra este sistema y que pidiendo o no subsidios del Estado intentan
crear nuevas relaciones sociales en el marco de la producción. En medio de
estos dos extremos se sitúan multitud de experiencias mixtas.
Por lo general, aquellas empresas recuperadas cuestionadoras del orden
vigente, combinan su actividad económica con actividades culturales,
convirtiendo muchas veces la fábrica en cuestión en un verdadero centro
cultural abierto al barrio. Así se dan clases, teatro, diferentes
talleres, recitales, etc.
En estos días se está dando la lucha por la expropiación temporal del
Hotel BAUEN, hotel de gran categoría ubicado en el centro de Buenos Aires
y uno de los centros de la vida política de la izquierda de la ciudad.
Finalmente, queda hablar de las luchas que vienen dando los trabajadores y
cómo éstas los llevan a oponerse a las burocracias sindicales de la
central sindical única (CGT). Cabe destacar que el Argentinazo (como se
llamó a las jornadas del 19 y 20 y al movimiento posterior) fue preparado
tanto por los piqueteros, como por los estudiantes, pero también por los
trabajadores, en particular por los estatales y los docentes, que fueron
de los únicos que mantuvieron la lucha contra el menemismo.
Luego del 19 y 20, vemos una profundización de luchas de distintos
sectores obreros que antes no estaban movilizados, como puede ser el caso
de los trabajadores del Subterráneo de Buenos Aires o de los mensajeros
(motoqueros). En ambos casos se dio la organización a través de asambleas
internas, de comisiones gremiales, de modo democrático y asambleario.
En estos últimos dos años, como consecuencia de la devaluación de la
moneda y caída del salario de los trabajadores, además del relativo
descenso de la tasa de desocupación, las luchas obreras han aumentado
grandemente. En algunos casos las mismas son llevadas adelante por la
burocracia de la CGT y contenidas, en otros casos las bases movilizadas
superan a los dirigentes burocráticos, ya sea en luchas puntuales o en
elecciones de Comisiones Internas. Esto representa un grave problema para
el gobierno, que ha puesto en marcha estrategias de división de la clase
trabajadora con respecto a los desocupados y otros sectores en lucha, y
dentro de la clase trabajadora, entre los sectores más radicalizados y los
dialoguistas, entre los trabajadores en blanco y en negro, entre los
estatales y los privados, etc. Así vemos a figuras de primera línea del
gobierno de Kirchner tachando de terroristas a las enfermeras del Garrahan
(hospital infantil de alta complejidad) por llevar adelante una huelga
exigiendo un salario equivalente a lo que el mismo gobierno define como lo
mínimo para que una familia pueda no ser considerada pobre.

La situación general
Estas diversos sujetos en lucha confluyen en un "campo popular" bastante
movilizado, aunque con poca capacidad de "arrastre" respecto a la sociedad
en general si lo medimos en base al año 2002. Con el gobierno de Kirchner
se dio una mejora en los indicadores macroeconómicos y cierta recuperación
(marcada por ganancias récord que no son distribuidas equitativamente). En
este repunte económico influyen muchos factores, pero lo cierto es que
tras la crisis de 2001 amplios sectores de la sociedad prefieren confiar
en este gobierno y podríamos caracterizar la actual etapa de reflujo de
luchas, con un campo popular a la defensiva que pasa a la ofensiva en
ciertos casos muy puntuales donde condiciones como los bajos salarios dan
legitimidad evidente a las convocatorias. De todas maneras la situación
social se encuentra en un punto particularmente volátil.
Por parte del gobierno es evidente que pretenden acabar definitivamente
con el ciclo de luchas que llegó a su punto más álgido en diciembre de
2001. Así emprenden una campaña de crítica hacia el movimiento popular que
busca aislar a los sectores más radicalizados, sobre los cuáles descarga
la represión legal o ilegal. Pero Kirchner todavía no pudo terminar con la
movilización; en estos últimos meses se han dado importantes luchas de los
docentes y estudiantes universitarios, así como de los trabajadores de los
hospitales Garrahan y Posadas, que pusieron nuevamente en cuestión la
capacidad de este gobierno para apaciguar la lucha social.

Evaluación del papel del
anarquismo en las luchas actuales
El movimiento anarquista participó, desde un primer momento, de las luchas
que encaró el pueblo. Pero lo que sucedió es que los anarquistas,
reducidos en número y superadas muchas veces nuestras expectativas, no
pudimos lograr mantener viva la llama del primer momento. El quiebre que
sufrieron muchas luchas, sumado a las estrategias desmovilizantes de la
izquierda partidista, que intentaba poner a cada lucha su firma, nos hizo
muy difícil avanzar en los planteamientos libertarios que habían sido
tomados, sin un conocimiento firme de los mismos, por el pueblo.
Si el proceso de movilización de 2001 falló en imponer un serio
cuestionamiento al capitalismo y al estatismo en Argentina, esto se debió
no sólo a la falta de conciencia revolucionaria en las masas, sino también
(y estos dos puntos se encuentran relacionados muy íntimamente) por la
falta de preparación de que adolece el movimiento libertario. Sin embargo,
la crisis de la que todavía no salimos fue extremadamente positiva para el
anarquismo; proliferaron grupos y periódicos, y se sumaron multitud de
personas que antes de 2001 no hubieran creído posible la transformación
social. Se acerca mucha gente a los locales, y no sólo, como fue durante
la década del 90, estudiantes o familiares de viejos luchadores, sino
trabajadores y desempleados, jóvenes y mayores, mujeres y varones... El
anarquismo está creciendo.
En cuanto a la composición del llamado movimiento anarquista, podemos ver
que peca de una seria falta de organización y coordinación entre grupos,
no sólo a nivel nacional, sino también local. Las divisiones teóricas y
prácticas (sobre todo entre insurreccionalistas y organizacionistas)
demuestran la juventud de nuestro movimiento. En este sentido, la tarea
que debe realizar la FLA (Federación Libertaria Argentina) para dotar al
anarquismo de mayor presencia en las luchas populares es trabajar
fuertemente por la organización del mismo, para la coordinación de las
distintas tareas (barriales, sindicales, estudiantiles, culturales) con el
objetivo del comunismo anarquista. En este sentido que debemos combatir
ciertas tendencias derrotistas e irreflexivas que son muy comunes entre
los anarquistas.

Hacia el futuro
El título de este informe merece una explicación. En estos dos años
Kirchner logró generar un cierto nivel de satisfacción con su tarea, y
derrotar en el interior del peronismo a otras tendencias, dándose el lujo
hoy de enfrentarse con Duhalde, que lo había apadrinado. En las últimas
semanas se han dado luchas muy importantes para los trabajadores de la
salud y la educación, sectores relegados por el gobierno de Kirchner. Las
elecciones que se aproximan pueden ser o bien la legitimación que busca el
gobierno para profundizar sus políticas, con lo cual volvería a unificarse
el Partido Justicialista en torno a la figura de Kirchner; o bien la
ratificación de que el ciclo de movilización popular continúa. Nuestro
deber como anarquistas es llamar a la abstención electoral para golpear no
sólo al gobierno de Kirchner sino también a cualquier otro burgués que
quiera ocupar su lugar; organizados en Asamblea Antielectoral lo estamos
realizando.
Pero nuestro mayor deber, que no podemos rehusar, es el de organizarnos
para luchar junto al pueblo y hacer resurgir ese grito espontáneo de 2001:
"que se vayan todos". Y agregarle "y que no venga ninguno"

Notas:
1.- Como testimonia una canción popular de la resistencia española: "En el
Ferrol del Caudillo, ha nacido un gran caimán, no da aceite ni da pan, y
es amigo de Perón".
2.- Al punto de que mantuvo en su cargo a Lavagna, el ministro de economía
de Duhalde.
3.- Los planes sociales surgieron como un parche para la situación
económica extremadamente grave que vive más de la mitad de la población
del país. De todas maneras, es un parche mínimo, ya que la canasta
familiar (conjunto de productos que necesita una familia tipo para vivir
un mes sin pasar penurias) se evalúa preciada en unos 1.800 pesos (450
euros) y el plan social es de 150 pesos por mes (35 euros).

De "Tierra y libertad" nº209
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