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(ca) [Haití] Ayití: una cicatriz en el rostro de América (I)

Date Sat, 20 Aug 2005 04:27:43 +0200 (CEST)



AYITÍ, UNA CICATRIZ EN EL ROSTRO DE AMÉRICA


Déyé món, gen món
(Después del monte, hay más montes. Proverbio Haitiano)

Ha pasado poco más de un año desde la odiosa y lamentable intervención
chilena en un Golpe de Estado en Haití, que tuvo por objetivo derrocar al
presidente Jean-Bertrand Aristide e implantar el régimen de terror de
Gerard Latortue, de la mano de los oligárcas de siempre y de sus aliados
internacionales, principalmente en Francia y EEUU; en el cual se ha
masacrado al movimiento popular haitiano y se han impuesto condiciones de
semi-esclavitud a los trabajadores en ese país[1]. La participación
chilena no deja de ser preocupante, y es escandolosa la poca atención que
ha recibido por parte de la izquierda y el público chileno en general
(salvo por la mención que recibió en los diarios la patética visita de
Marlen Olivarí a las tropas chilenas en Haití, en marzo del año pasado,
convertida en una Marilyn Monroe al peo, de la mano del Joaco Lavín), tan
trascendental movimiento de esta humilde república títere de los yanquis,
que por primera vez, actúa de forma efectiva, como ejército mercenario en
América Latina al servicio del Imperio. Este sólo hecho debiera bastar
para que el movimiento popular repudie al unísono la intervención de
nuestro gobierno en Ayití (Haití en Kréyole, la lengua hablada por el
pueblo haitiano).

El pequeño país caribeño, ha transcurrido 201 años de tortuoso camino
hacia la liberación. Por ser la primera república negra y sin esclavos en
el mundo, fue castigada desmesuradamente por los poderes internacionales:
quizás el hecho más determinante en la miseria de este país, ha sido la
gigantesca indemnización que Francia exigió en 1825 al pequeño país,
matonescamente, a cambio de aceptar su independencia: 150 millones de
francos, más ventajas económicas, supuestamente, para compensar a Francia
por las pérdidas de la guerra, por las pérdidas que dejaron de percibir
con la independencia de la ex-colonia y por el "precio" de la liberación
de los esclavos. Pese a que la deuda fue finalmente ajustada en 90
millones de francos, Ayití debió endeudarse con 24 millones de francos con
la bancas francesa, la cual impuso tasas de interés extorsionadoras ?como
consecuencia, hacia fines del siglo XIX la deuda consumía el 80% del
presupuesto nacional haitiano, y la última cuota fue recién terminada de
pagar en 1947, más de un siglo después[2]. En el aislamiento, agobiada por
la deuda, se generó un hábito clientelista en la oligarquía de ese país,
que ?comprendió?, tempranamente, que su bienestar como clase, a expensas
del bienestar de la gran mayoría de la población, dependía de sus vínculos
amistosos con los poderes imperiales, principalmente, con EEUU y Francia.

Desde luego, tal ?conciencia? de la necesidad de mantener trato amistoso
con los ?grandes? para mantener su condición de clase y aumentar sus
privilegios, hizo que la historia del siglo XX en Haití sea una vergonzosa
sucesión de intervenciones militares, principalmente, norteamericanas
(1915-1934, 1994, 2004) y dictadores (Duvalier, Namphy, Avril, Cédras y
ahora, Latortue). Y al calor de esta relación de compadrazgo entre
oligarquías internas y externas, deudas externas desorbitantes, presión
económica incesante sobre el campesinado y el proletariado urbano,
dictaduras e intervenciones, se ha generado una estructura social
altamente polarizada, con uno de los índices de desigualdad más elevados
del mundo: el 1% de la población se lleva la mitad de las riquezas, y el
4% posee el 65% de la tierra, dejando a un 80% de la población viviendo
bajo la línea de pobreza[3].

Es dentro del marco de esta polarización de clase, de riquezas, y de sus
múltiples conexiones, locales y foráneas, que debemos comprender los
sucesos haitianos de los últimos años, las contradicciones del régimen
vigente y las posibilidades de una salida a la crisis favorable al pueblo
haitiano. Dada la magnitud de las cadenas que pesan sobre este pueblo
castigado por el capitalismo más brutal, no nos hacemos ilusiones con
soluciones mágicas o rápidas, y sabemos que es un largo camino el que
queda al pueblo por caminar? y después de cruzar un monte, quedarán unos
cuantos más por volver a cruzar.


?Opción Cero?: el viejo truco de la burguesía que nunca falla?

Lé yo vle touye yon chen, yo di?l fou
(Cuando quieren matar al perro, dicen que está loco. Proverbio Haitiano)

La actual crisis haitiana comienza a ser orquestada, prácticamente desde
la caída de la dictadura duvalierista en 1986. Los Duvalier gobernaron ese
país con puño de hierro, desde 1957, reprimiendo al movimiento popular,
con el beneplácito de los EEUU, clamando la vida de 60.000 haitianos. La
caída de Baby Doc (Jean Claude Duvalier), el segundo y último de los
Duvalier, se produce por una amplia movilización nacional, que asumió
distintas formas, desde la oposición democrática ?respetable? de ciertos
sectores de la burguesía, hasta las formas más radicalizadas de lucha que
asumió el grueso de la masa popular. Desde entonces, la tensión entre los
representantes de la oligarquía más rancia, los duvalieristas en el
ejército y los adictos al macoutismo[4], por una parte, y por otra, de
quienes asumieron la lucha de corte revolucionaria popular y quienes,
asustados de la iniciativa del pueblo, se refugiaban tímidamente en
reformas parciales para que todo siguiera igual, ha sido la tónica del
proceso político haitiano hasta nuestros días.

La supervivencia del macoutismo en la forma de las dictaduras militares
que procedieron a la caída de Baby Doc (Namphy, Avril), sólo fue roto con
la elección de Jean Bertrand Aristide, en 1990, convirtiéndose en el
primer presidente haitiano en ser elegido democráticamente en la historia
de ese país ?por una rotunda mayoría (67%). Hay que entender de esta
manera la reacción completamente irracional que su elección provocó en la
antigua burguesía haitiana y sus aliados foráneos, que, por primera vez,
vieron su tradicional control férreo sobre los asuntos políticos del país,
de una u otra manera, tocados. Aceptar el triunfo de Aristide sería
aceptar una leve alteración del orden que podía agigantarse si el pueblo
adquiría confianza para ir más lejos. La oligarquía afrancesada haitiana,
no estaba dispuesta a ceder un ápice de sus privilegios, por temor al
efecto dominó. Por eso se han mostrado completamente intolerantes a
cualquier reivindicación, por mínima que esta fuera. En su oposición a
Aristide hace 15 años ya encontramos el primer antecedente de lo que,
posteriormente, llamarían la ?Opción Cero?: no estaban dispuestos a
aceptar nada menos que el control absoluto de la vida haitiana, dejando
cero espacio a los movimientos populares.

Tras algunas tibias reformas de Aristide en el plano agrario, en la
educación y en derechos humanos, en septiembre de 1991, un golpe militar
liderado por Raoul Cedras depone a Titid, como el pueblo llamaba
cariñosamente a Aristide, y deja un saldo de 5.000 muertos durante su
reinado de terror. En ese punto, el gobierno de EEUU, la administración de
Bush primero y de Clinton después, junto a la oligarquía haitiana y la
ONU, comienzan una campaña de presión sobre Aristide para presionarlo a
negociar con Cedras y aceptar condiciones absolutamente oprobiosas como
condición a su retorno. Aristide y sus asesores, todos del campo burgués
?progresista? de su movimiento (Lavalas), dan la espalda al movimiento
popular y proceden a negociar a toda costa el retorno de Aristide, sin
importar a qué precio. Y el precio fue alto: garantizar la amnistía a los
golpistas y a los responsables de violaciones a derechos humanos bajo el
régimen de Cedras; fijar el término del mandato de Aristide en 1995, como
si hubiera servido todo su gobierno de forma efectiva; que compartieran el
poder ejecutivo con la oposición, que había perdido en las urnas, pero que
fue instalada de facto por su adicción a los EEUU; implementar programas
de ajuste estructural acordes a las enseñanzas neoliberales del FMI[5].
Con este paso, los líderes de Lavalas mostraron que la movilización
popular no era entendida por ellos como mucho más que un método de ejercer
presión, no como el protagonista que crea en la lucha nuevas formas de
organización y que impone en los hechos la voluntad del pueblo movilizado.
Pero la burguesía aprendió de ello los límites de Aristide y de Lavalas:
qué tan lejos eran capaces de llevar adelante la movilización del pueblo y
la retórica revolucionaria, qué tan bajo podían llegar en sus
genuflexiones ante el poder establecido localmente e internacionalmente,
cuánto eran capaces de ceder, y ante todo, a cuánto eran capaces de
renunciar.

De esta manera, Aristide vuelve al poder el 19 de Septiembre de 1994,
acompañado de 21.000 US marines que ocupan el país y requisan 160.000
páginas en documentos oficiales de la dictadura de Cedras, con el fin de
proteger ciudadanos yanquis involucrados en violaciones a DDHH[6] en ese
país. Esta ocupación, no puede ser pasado por alto, sentó un pésimo
precedente, sobre todo en el sentido en que es el mismo Aristide quien, de
una u otra manera, valida el derecho de los yanquis a entrar y salir de
Haití a fin de ?ordenar la casa?. Como sea, Aristide vuelve debilitado y
comprometido con los poderes fácticos trasnacionales que alguna vez había
denunciado a los cuatro vientos y enmarañado en sus negociaciones con los
duvalieristas, que de esta manera, aseguraron la perpetuación de su
control sobre el pueblo haitiano, con el apoyo de la ?comunidad
internacional?. Como lo expuso claramente a su momento el enviado de la
ONU en Haití, Lakhdar Brahmi: ?Ni EEUU ni la ONU están dispuestos a
tolerar el menor intento de que la elite pierda su monopolio del poder
económico (?) los cambios políticos son inevitables, pero (la élite) tiene
la simpatía de Big Brother, del capitalismo, en los frentes ideológico y
económico?[7]. Es escandoloso que un enviado de la ONU se refiera en
términos tan claros, pero así de claro ha sido el funesto rol de Naciones
Unidas en las diferentes crisis haitianas.

En diciembre de 1995 René Preval, ex-primer ministro de Aristide gana las
elecciones, y durante su gobierno, aumentan las tensiones entre el ala más
derechista de Lavalas, liderada por Rosny Smarth y Gérard Pierre-Charles,
y el sector más reformista, bajo la conducción de Aristide y Preval. De
esta manera, en 1996 se produce el quiebre entre la OPL (Organisation du
Peuple en Lutte) y Fanmi Lavalas. La OPL se pasará abiertamente a la
colaboración con los duvalieristas, y Fanmi Lavalas con Aristide a la
cabeza, combinarán la colaboración con las imposiciones de EEUU y la
oligarquía con la retórica populista y con tibias reformas, ganándose así
la desconfianza de la burguesía y de parte importante del movimiento
popular más radicalizado. Como planteaba Clément Francois, del movimiento
campesino Tét Kole Ti Peyizan: "(Aristide) debió haberse quedado afuera y
habernos dejado continuar la lucha por la democracia; en cambio, prefirió
entregar al país con tal de volver a su despacho?[8].

Durante el gobierno de Preval, comienzan a implementarse los programas de
ajuste estructural diseñados por el FMI, los cuales incluyeron reducciones
salariales, privatizaciones del sector público, se reorientó la producción
doméstica hacia cultivos demandados por las cadenas de supermercados
yanquis y se eliminaron, prácticamente, las tarifas de importación. El
efecto desastroso de estos programas no tardó en hacerse sentir: el caso
más extremo es el de la reducción a la tarifa de importación del arroz
norteamericano de un 50% a un 3%. Esto significó que los EEUU inundó con
arroz, subsidiado en su país de origen, el mercado haitiano, aumentando su
tasa de exportación de 7.000 tons. en 1985, a 220.000 tons. para el año
2002. La producción doméstica desapareció, y después de barrida la
competencia local, los precios del arroz se fueron a las nubes, y el país
que otrora fuera auto-suficiente de granos, hoy recibe la totalidad del
arroz de los EEUU y a precios inaccesibles para los hogares más pobres. A
las Compañías privadas trasnacionales, principalmente la industria
manufacturera que fue a usufructuar de los beneficios otrogados por las
zonas francas industriales (tierra de nadie, en términos de legislación
laboral), se les eximió del pago de impuestos hasta por 15 años y se les
permitió repatriar el 100% de las ganancias. Aún así, casi todas las
manufactureras se fueron, a fines de los 90 a Bangladesh o China, dejando
una gran masa cesante y tan sólo 20.000 obreros empleados en la zona de
Puerto Príncipe[9].

Pero Lavalas no se mostró como un sirviente muy eficiente para el gusto de
los tecnócratas internacionales y no tocó los servicios públicos[10],
llevando adelante importantes reformas educacionales que redujeron los
niveles de analfabetismo de un 61% en 1990 a un 48% en el 2002. También
realizaron importantes programas respecto al SIDA, congelando la expansión
de la enfermedad, legado del turismo sexual de los años 70 y 80s[11].
Además, aumentaron ciertos impuestos a las élites, y el año 2003 hubo un
cierto reajuste salarial, que fue suficiente para enfadar a la burguesía
local, aunque, en estricto rigor, los salarios, en relación al costo de
vida, seguían estando bajo los niveles de 1991[12]. También, el año 1994
disuelven las FFAA Haitianas, para evitar futuros golpes de Estado,
entendiendo el rol reaccionario que éstas siempre han jugado, siendo una
de las herencias que dejó la ocupación norteamericana entre 1915-1934
(fueron los yanquis los que formaron el moderno ejército haitiano).

Así, pese a todo, Fanmi Lavalas siguen siendo el partido mayoritario, y
siguen teniendo su principal punto de sustento en las capas más
empobrecidas de la sociedad haitiana, concentradas en los barrios de las
principales ciudades del país y en los distritos campesinos. En estas
circunstancias se llega a las elecciones legislativas de mayo del 2000,
donde con un 60% de participación, FL obtiene una abrumadora mayoría. Es
en estos momentos, cuando la oligarquía haitiana se da cuenta que no tiene
ninguna posibilidad de ganar a FL por medios electorales, que se produce
un viraje en su estrategia hacia retomar, nuevamente, el control absoluto
de Haití[13].

Con este fin, forman el espacio de la Convergencia Democrática (CD), que
reúne una amplia gama de personajes de derecha, incluyendo empresarios,
ex-duvalieristas, la OPL, evangélicos y el MPP (Movement Peyizan Papayan),
una organización campesina pasada a la derecha. Lo primero que hacen es
denunciar las elecciones de mayo como fraudulentas: para este fin, se
apoyan en las reservas que hizo la OEA sobre el método para calcular los
porcentajes de 8 cargos a senadores (casos en que la comisión electoral
?CEP- incluyó sólo a los 4 candidatos más populares, lo cual afectó sólo
los porcentajes, pero no los resultados, según el mismo informe de la
OEA)[14]. Piden la anulación de las elecciones, y Clinton se aferra al
problema metodólogico del recuento de votos, para decretar embargo a la
ayuda extranjera[15].

De la misma manera, afirman su plan de caricaturizar a FL como un engendro
intrínsecamente anti-democrático en la formación de organizaciones de ?la
sociedad civil?, serviles al plan golpista que ya se delineaba como
?Opción Cero?: buscar la salida de todos los elementos cercanos a Lavalas
del poder, y no compartir el poder de ninguna manera. Así, la US Agency
for International Development (Agencia de EEUU para el Desarrollo
Internacional ?USAID), junto a la National Endowment for Democracy (NED) y
el International Republican Institute (Instituto Internacional Republicano
?IRI), comeinzan a financiar una serie de proyectos con este fin. Se
ampararon de la ayuda a ONGs y a programas de desarrollo y sanitación,
para financiar, de pasadita, a los grupos golpistas que se iban fundando:
la dependencia de ciertos segmentos de la población en esta clase de
ayuda, jugó como un poderoso factor de chantaje político utilizado a favor
de la oligarquía local y sus aliados republicanos en Washington. Así,
formaron redes de magistrados (CHREDE), redes de periodistas para
?sensibilizar? a la opinión pública sobre la corrupción del gobierno, la
Federación de Estudiantes Universitarios de Haití, en Puerto Príncipe,
(FEUH), redes de empresarios, etc? Pero la movida más importante dentro de
esta estrategia de satanización de FL, fue la formación de CARLI (Comité
de Abogados por el Respeto a las Libertades Individuales), que abrió un
?fono-denuncia? para los excesos del régimen, sacando informes mensuales
en los que nunca verificaron la autenticidad de la información entregada
(esto acorde a miembros de CARLI, que hoy reconocen presión por parte de
los organismos de ayuda humanitaria de EEUU, de los cuales han tomado una
sana distancia, lo que les ha dado mayor ?objetividad? desde la
ocupación). De esta manera, generaron una nebulosa red de organizaciones
de ?la sociedad civil? todas muy preocupadas, en el papel, del
totalitarismo, la corrupción y los excesos del régimen, pero que en
realidad, sólo buscaban convertirse en un factor más de
desestabilización[16]. Si bien es cierto que el régimen de Lavalas estaba
bien lejos de lo que podría calificarse como un ?régimen impecable? de un
punto de vista de la transparencia de un sistema estrictamente
democrático-burgués, estaba también muy lejos de la cleptocracia
duvalierista y de los niveles de violencia de otros régimenes, ante los
cuales estos campeones de la democracia se silenciaron. Con lo cual,
legítimamente, podemos poner en duda la veracidad de las convicciones
democráticas de esta red de organizaciones ?civiles?.

En Noviembre del 2000, pese a que la CD se oponía a la presentación de
Aristide como candidato presidencial, tachándolo de ?anti-democrático?,
Aristide gana las elecciones presidenciales con un 92% de los votos, en
unas elecciones de disputada concurrencia (diversas fuentes sitúan la
participación entre 10 y 62%) y boicoteadas por la oposición. Una encuesta
en octubre del 2000 de CID-Gallup, de cualquier modo, entrega interesantes
datos para poder estimar la verdadera representatividad de los resultados
de la votación: ésta, daba a Aristide una popularidad de más de un 50%,
muy lejos de la segunda preferencia de sólo un 3,8%[17].

En estos momentos, la campaña golpista se intensifica: la CD denuncia el
aumento de la importancia de Haití como corredor de cocaína desde 1990 en
adelante, tema sensible por la ?guerra a las drogas? de EEUU, denuncian el
clientelismo en el régimen (menor a todo lo conocido en épocas de
duvalierismo, en todo caso) y denuncian la violencia política del régimen;
vale la pena detenerse en este punto, porque este se convirtió en una de
las mayores mistificaciones para justificar el derrocamiento de FL.

Según Amnistía Internacional, entre los años 2000 y 2003, hubo un saldo de
30 muertos por violencia política, muchos de ellos a manos de la Policía
Nacional Haitiana (PNH) y entre los cuales se cuenta a las víctimas de
FL[18]. Comparemos esta cifra, con los 5.000 del régimen de Cédras, los
60.000 de Duvalier, y la hipocresía de la denuncia queda al desnudo. Sin
embargo, es cierto que grupos armados informales, que no respondían
directamente al gobierno, pero que eran favorables a él y que incluían a
militantes de FL se conformaron y han sido llamados genéricamente,
chiméres ?término que se ha convertido desde el golpe del año pasado en un
término abusivo para describir a cualquier activista anti-Latortue. Hay
que aclarar, eso si, el doble origen de estos grupos: por una parte, en la
cultura de pandillas que traen los deportados haitianos desde EEUU, y por
otra, en los grupos de autodefensa que ciertos militantes de FL se ven
forzados a conformar para enfrentar los ataques de los macoutes y de los
paramilitares[19] entrenados por los EEUU, quienes comenzarán sus
incursiones de violencia hacia mediados del 2001. Estos grupos tienen su
antecedente lejano en las brigades de vigilance, formadas en 1987 en los
barrios populares para defenderse de la acción de los macoutes. Por tanto,
la mayor parte de esta violencia puede ser atribuíble a violencia de
pandillas, más que a una represión sistemática aplicada desde el Estado,
como ha ocurrido durante los gobiernos duvalieristas, sumada la
?militarización? de ciertas bases militantes por el hostigamiento del
macoutismo.

En abril del 2001, los EEUU cortan toda ayuda y bloquean préstamos a Haití
del Banco Interamericano del Desarrollo (BID), por U$ 145.000.000 para ese
año, y U$ 470.000.000 en préstamos para los años venideros[20]. Haití
está, para ese entonces estrangulado con una deuda externa que le arrebata
U$ 60.000.000 al año, de la que el 45% fue contraida fraudulentamente por
los Duvalier[21].

En esos momentos, la oposición aumenta la intensidad de su ?embestida
cívica? en contra del gobierno. Al mismo tiempo que inicia negociaciones,
para mostrarse ?democrática?, sus sectores más radicalizados ya comienzan
a preparar la ofensiva paramilitar, no oficialmente reconocida, pero
funcional a su estrategia. Es así como en julio del 2001 la OPL entra en
conversaciones con FL, las cuales se rompen el 28 de julio, cuando
ex-militares atacan retenes fronterizos matando 5 oficiales. El gobierno,
entonces, procede a arrestar a 35 sospechosos, entre los cuales se
encontraban militantes de CD; la oposición quiebra el diálogo diciendo que
el ataque fue un montaje de Aristide para reprimir a CD. El paralelo con
las conversaciones de la UP en Chile, con Aylwin y la DC, el año 73, no
deja de ser asombroso[22]. Más adelante, el 17 de diciembre del 2001, se
llega a producir hasta un ataque con armas de fuego al Palacio de
gobierno.

Desde entonces, la insurgencia externa, entrenada por la CIA en República
Dominicana, dirigida por los matones de las ex-FAdH (FFAA de Haití) Louis
Jodel Chamblain y Guy Philippe, y la interna, dirigida por Jean Tatoune,
que logra canalizar el apoyo de ciertas pandillas[23], se suman a la
oposición orquestada por el burgués norteamericano radicado en Haití,
André Apaid, mediante el espacio G-184, que viene de una u otra manera a
remozar la desacreditada CD.

Es en abril del 2003, cuando Aristide hace pública una demanda popular,
muy sentida en el pueblo haitiano, que en el bicentenario de la
independencia haitiana, Francia devuelva la indemnización que Haití debió
pagarle entre los años 1825-1947 como el precio de su liberación.
Calculada con un interés bajo de 5% annual, la suma sería equivalente a
U$21.000.000.000[24]. Esto logró enfurecer a Chirac, los medios
?informativos? masivos franceses, de ?izquierda? a derecha, comenzaron una
campaña, por decir lo menos, abusiva en contra de Aristide y el Ministerio
de Asuntos Exteriores formó una comisión que estableció que el reclamo
haitiano no era más que ?propaganda agresiva basada en cálculos
alucinatorios?[25]. Con este paso, Aristide terminó de echarse encima a la
?comunidad internacional?, por su insolencia en desafiar el orden correcto
del mundo: sólo los grandes se sientan sobre los chicos. Y por supuesto,
la oposición al no hacerse parte de la demanda, se lograron ganar los
favores del antiguo amo colonial, que ampara al criminal Duvalier.

En este punto, la oposición ya se siente completamente segura de dar la
estocada final al régimen de Lavalas: entonces, desde Gonaives en el
norte, el 5 de Febrero del 2004, se lanza la ofensiva final a cargo de los
matones duvalieristas Chamblain y Philippe, que han rebautizado a su grupo
paramilitar de macoutes y ex-militares como Frente de Resistencia Nacional
para la Liberación de Haití (FRNLH). La ?oposición democrática?, el G-184,
niega toda posibilidad de diálogo con Aristide, exige su renuncia y no
toma en consideración las propuestas humillantes del propio Aristide para
solucionar la crisis ?incluídas la nominación de alguien de oposición para
el cargo de primer ministro, llamado a nuevas elecciones y la limitación
de los poderes del ejecutivo. Así, las tropas hacen suyas, una tras otra,
cada ciudad del país caribeño, pero no se atreven a entrar a Puerto
Príncipe mientras Aristide está aún en el poder. En ese contexto, el 29 de
Febrero, Aristide es secuestrado por militares norteamericanos y enviado a
la República Centroafricana: luego de ello, los macoutes del FRNLH hacen
su ingreso a Puerto Príncipe, tropas chilenas, canadiensas, francesas y
yanquis invaden Haití y comienza una humillante ocupación que ha dejado un
saldo de alrededor de 10.000 haitianos muertos[26].

La ONU sanciona el golpe y el gobierno de facto de Latortue
Ou pa rele ?Fémen Baryé? lé chwal finn pase
(No grites ?cierren la puerta? cuando el caballo ya escapó. Proverbio
Haitiano)

La ONU acepta la intervención en Haití, sin denunciar los obscuros
intereses tras el Golpe y los siniestros personajes vinculados a régimenes
terroristas como el de Cédras o Duvalier que saltaron a la palestra,
trocados en ?desinteresados? campeones de la democracia. No sólo eso, sino
que el propio secretario general de la ONU, Kofi Annan, es capaz de
reproducir el lenguaje paternalista y racista de la ?comunidad
internacional? a fin de justificar el Golpe, cuando declara: ?Es
desafortunado que, en su bicentenario, Haití deba convocar una vez más a
la Comunidad Internacional para que le ayude a resolver una crisis
política y de seguridad grave?[27]. ¡Cómo si la mentada crisis no hubiera
sido completamente orquestada por esa misma Comunidad Internacional que
brindó su apoyo de clase a los oligárcas haitianos! Y el mismo Annan llega
aún más lejos, al declarar, para bajar el tono del golpismo: ?Haití es una
situación peculiar, pero el cambio en su liderazgo no fue un golpe de
Estado? sino una situación de deterioro?[28]

Así, disfrazado el Golpe como crisis institucional, y la ocupación militar
como un esfuerzo desinteresado de la comunidad internacional para proteger
las vidas de los ciudadanos haitianos, la solución a la crisis haitiana es
desplazada de ser como una cuestión concerniente, ante todo, al mismo
pueblo haitiano. La ONU acepta al gobierno golpista, de facto, de Gerard
Latortue sin reservas, mostrando, una vez más, donde están colocadas las
simpatías de Big Brother. Este gobierno es llamado de ?unidad nacional? y
su maqueta fue diseñada durante la dictadura de Cedras, en junio de 1992,
bajo el nombre de ?Gobierno de consenso?, como alternativa para la salida
del dictador ?extraño consenso y unidad nacional los cuales excluyen a la
fuerza política mayoritaria y que no representa a los sectores más
empobrecidos de la sociedad haitiana, sino sólo a sus élites[29]. El
socialista Juan Gabriel Valdés es colocado como embajador del secretario
general de la ONU en Haití; quizás, pesó a la hora de su elección su
asociación, por tradición familiar, con el golpismo (su padre es el
demócrata cristiano Gabriel Valdés) y su experiencia con ?transiciones
democráticas? a la chilena.

[1] Ver el artículo ?Haití, la cara sucia de las razones humanitarias?,
José A. Gutiérrez, en el número 18-19 de la publicación Hombre y Sociedad.
Ese artículo fue escrito en abril del 2004, en pleno proceso golpista y si
bien son necesarias algunas precisiones, que enmiendo en este artículo, su
análisis fundamental, así como la información histórica y social que
entrega de Haití, se mantienen y pueden ser revisadas para quien quiera
profundizar en el proceso golpista o la historia haitiana, que en este
nuevo artículo no son tocados sino de manera muy rápida y sin remitir
algunas de las fuentes que se pueden encontrar en estos trabajos. Los dos
trabajos son solidarios en el intento de comprender la realidad política
haitiana con vista a producir una solidaridad activa libertaria con
nuestros hermanos del Caribe.
[2] ?Option Zero in Haiti?, Peter Hallward, New Left Review, Mayo-Junio
2004, p.26. Ver también J. A. Gutiérrez, op. cit.
[3] J. A. Gutierrez, op. cit.
[4] Nombre derivado del término Tonton Macoutes, nombre de la fuerza
irregular de represión de la dictadura de los Duvalier hacia el pueblo,
encargados de diseminar el terror del régimen, y quienes adquirieron
notable poder, muchos de ellos, conservándolo hasta el día de hoy
?oficialmente llamados, bajo el régimen de Duvalier, Voluntarios de la
Seguridad Nacional.
[5] ?The unmaking of a president? Kim Ives, en ?The Haiti Files? Ed. James
Ridgeway, Azul Editions, 1994; ver también Peter Hallward, op. cit.
pp.29-31.
[6] Pooja Bhatia & Benjamin Litman ?Keeping the Peace in Haiti? An
assesment of the United Nations Stabilization Mission in Haiti, using
compliance with its prescribed mandate as a barometer for success? Marzo
del 2005, (Harvard Law Students Advocates for Human Rights, Cambridge,
Massachusetts, EEUU &Centro de Justica Global, Rio de Janeiro ? Sao Paulo,
Brasil)
[7] Haiti Briefing 25, Septiembre de 1997. Cit. en Hallward, 2004, p.30.
[8] ?Behind Aristide?s Fall?, Socialist Worker, 12 de Marzo del 2004, p.6.
[9] P. Hallward, op. cit. pp.31-32; Charles Arthur, ?Haiti in Focus?, p.
51, Ed. LAB, 2002
[10] De las 11 empresas públicas que el FMI pidió a Aristide privatizar,
sólo privatizaron un par.
[11] Paul Farmer, ?Infections and Inequalities, the modern plagues?
University of California Press, 1999.
[12] P. Hallward, op. cit. pp. 32-33; ver también ?We will not forget!?
Haiti Action Committee, 2005.
[13] ?The February 29th Coup d?Etat against president Jean Bertrand
Aristide and the role of the United States in the Coup? Haiti Progres,
17/03/04; P. Hallward, op. cit. pp. 37-38; ver también Bhatia & Litman,
op. cit. 2005.
[14]?Avance Insurpassable de Fanmi Lavalas?, Haiti Progres, 31/05/00; ?The
February 29th Coup d?Etat against president Jean Bertrand Aristide and the
role of the United States in the Coup? Haiti Progres, 17/03/04
[15] P. Hallward, op. cit. p.37.
[16] Thomas Griffin, ?Haiti: Human Rights Investigation? University of
Miami School of Law, 21/11/2004
[17] ?The February 29th Coup d?Etat against president Jean Bertrand
Aristide and the role of the United States in the Coup? Haiti Progres,
17/03/04
[18] P. Hallward, op. cit. p.40
[19] Algunos de estos grupos serán la Jeunesse Pouvoir Populaire, o la
Pétite Communauté de L?Eglise de Saint Jean Bosco.
[20] The Economist 06/03/04
[21] Anne Street, ?Haiti: a nation in crisis?, p.4, Catholic Institute for
International Relations Briefing, 2004.
[22] En la Batalla de Chile la utilización del diálogo ?bluff? por parte
de la burguesía está demasiado bien documentado como para caer otra vez en
ese viejo truco.
[23] Como el ?Ejército Caníbal? de Gonaives, cuyo ex-lider Amiot Métayer
había sido pro-Aristide, pero una vez que éste es asesinado luego de tener
ciertas diferencias con FL, se culpa al gobierno del crimen y la oposición
logra canalizar al grupo en contra del gobierno.
[24] Dionne Jackson Miller ?Aristide?s call for reparations from France
unlikely to die? Inter Press Service News Agency, 12/03/04.
[25] P. Hallward, op. cit. p.43
[26] Para más detalles sobre el golpe, se puede revisar el artículo sobre
Haití en el número 18-19 de Hombre y Sociedad, o el folleto ?Haití la cara
sucia de las razones humanitarias? publicado en Buenos Aires en Junio del
2004, ambos por este mismo autor.
[27] Reporte de la Comisión Especial de la ONU sobre la crisis haitiana,
16/04/04.
[28] ?Haiti?s Ship Sails on Without a Captain and with a Very Disreputable
Crew? Larry Birns & Seth R. DeLong, Comunicado de Prensa del Council on
Hemispheric Affairs (09/12/04).
[29] Kim Ives, op. cit., p.94.

Artículo de José Antonio Gutiérrez Dantón, de la OCL de Chile.
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