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(ca) El machnovismo y el anarquismo*

Date Thu, 18 Aug 2005 09:13:14 +0200 (CEST)


La idea del anarquismo abarca dos planos: el de las ideas propiamente
dichas, la filosofía, y el de las realizaciones prácticas. Los dos están
íntimamente ligados. La clase obrera en lucha está más cerca generalmente
del lado concreto y práctico del anarquismo. Su principio esencial es el
de la iniciativa revolucionaria de los trabajadores y su emancipación por
medio de sus propias fuerzas. De este principio se siguen naturalmente el
de la negociación del Estado en la sociedad nueva y el de la autodirección
de los trabajadores. Hasta el presente la historia de las luchas
proletarias no nos ha mostrado el ejemplo de un movimiento de las masas
guiado por un espíritu anarquista puro. Todos los movimientos obreros y
campesinos que se han desarrollado hasta aquí lo han hecho en los límites
del régimen capitalista y no han estado más que superficialmente
inspirados en el anarquismo. Esto es natural y comprensible. Las clases
laboriosas viven, no en el mundo deseable, sino en el de la
realidad y por ello están expuestas directamente a la acción física y
psíquica de las fuerzas hostiles. Junto a la influencía de las ideas
anarquistas, débil y limitada, los trabajadores sufren constantemente la
influencia real y poderosa del régimen capitalista y de los grupos
intermediarios.

Las condiciones de la vida moderna envuelven a los trabajadores de todas
partes, como los peces son envueltos por las aguas del mar. Los
trabajadores no pueden salir de ese ambiente. Por eso es natural que la
lucha que sostienen lleve el sello de las diversas condiciones y
particularidades de lo existente. Nunca ha podido nacer y manifestarse esa
lucha bajo una forma anarquista claramente definida y corresponder a todas
las exigencias ideales. Una forma semejante no seria posible más que en
estrechos círculos políticos y aun entonces sólo en forma de planes y
programas y no en la práctica. En cuanto a las masas populares, cuando
entran en la lucha, sobre todo en una lucha de vastas dimensiones,
cometerán, sin duda, errores que impliquen antinomias y desviaciones y
sólo en el curso de la lucha podrán ajustar su línea de combate al ideal a
que tienden.

Ha sido siempre así. Lo mismo será en el porvenir. No importa con qué
cuidado hayamos preparado las organizaciones y las posiciones de la clase
obrera en tiempos de paz, desde el primer día de la lucha decisiva de las
masas todo se hará en forma diferente a como lo hacía prever el plan
elaborado de antemano; sucederá en ciertos casos que el hecho mismo de la
acción de las masas desorganizará las posiciones preparadas; en otros
casos las desviaciones y los choques inesperados harán necesario el cambio
de las disposiciones tomadas. Y no será sino por grados que el vasto
movimiento de las masas entrará en el camino que lleva al ideal.

Eso no quiere decir en modo alguno que la organización previa de las
fuerzas y de las posiciones de la clase obrera no sea necesaria. Al
contrario, es la condición esencial para la victoria de los trabajadores.
Pero es preciso recordar que eso no es el coronamiento de la obra y que
aunque haya sido realizado ese trabajo, el movimiento exigirá una gran
perspicacia en todos los instantes y una facultad de orientación
particularmente grande para acomodarse a las nuevas condiciones de la
vida; en una palabra, será preciso dar pruebas de una estrategia
revolucionaria de clase, la cual dependerá en un grado considerable el
éxito del movimiento.

El ideal del anarquismo es grande y rico en su multiplicidad. Sin embargo
el rol de los anarquistas en la lucha social, de las masas es muy modesto.
Su fin es ayudar a éstas a entrar en la vía justa de la lucha y de la
edificación de la sociedad nueva. En tanto que el movimiento no haya
entrado en la vía de la coalición decisiva, su deber es ayudar a las masas
a darse cuenta de la significación de la lucha que les espera, a definir
sus tareas y sus fines; deberá ofrecer su concurso para que éstas tomen
las disposiciones de combate necesarias y organicen sus fuerzas. Si el
movimiento ha pasado ya el período del conflicto decisivo, los anarquistas
deberán entrar en él sin perder un minuto; deberán hacer todo lo que
puedan para ayudar a las masas a liberarse de las desviaciones erróneas;
deberán mantener su ímpetu en la dirección de los primeros ensayos
creadores, servirles con el pensamiento, tratando de que la lucha entre en
el verdadero camino que conduce a las aspiraciones
esenciales de los trabajadores. En eso consiste el fin principal, por no
decir único, del anarquismo durante la primera fase de la revolución. La
clase obrera, en cuanto haya conquistado sólidas posiciones de lucha y de
la edificación social, no cederá a nadie la iniciativa del trabajo
creador. Se dirigirá por su propio pensamiento, creará la sociedad nueva
de acuerdo con su propio plan. Ese plan será anarquista o no, pero, lo
mismo que la sociedad nueva, habrá surgido del trabajo libre, será
modelado por el pensamiento y la voluntad del trabajo.

Al considerar el machnovismo se destacan de inmediato dos aspectos
esenciales del movimiento: 1) su carácter verdaderamente popular y su
nacimiento proletario; el movimiento surgió de abajo, de la masa
trabajadora; en su recorrido han sido sobre todo las masas populares
quienes lo sostuvieron, lo desarrollaron y lo dirigieron; 2) a ello se
debe el hecho de que desde sus primeros días se apoyó sobre algunos
principios incontestables del anarquismo: a) el derecho de los
trabajadores a la iniciativa; b) el derecho de autodirección económica y
social; c) el principio del no estatismo en la edificación social. En
todas las fases de su desenvolvimiento, el machnovismo ha mantenido esos
principios con tenacidad y consecuencia.

En nombre de esas ideas el movimiento ha soportado la muerte de doscientos
mil o trescientos mil de los mejores hijos del pueblo; ha rehusado
entregarse a fuerza estatal alguna, ha sostenido durante tres años, en
condiciones y en circunstancias difíciles y con un heroísmo poco común en
la historia humana, la bandera negra de la humanidad oprimida, estandarte
que simboliza la verdadera libertad de los trabajadores y la verdadera
igualdad en el seno de la sociedad nueva.

Vemos en el machnovismo un movimiento anarquista de las masas laboriosas,
no muy claramente definido, pero que aspira a cristalizar su ideal por la
vía del anarquismo.

Pero precisamente porque ese movimiento nació en las profundidades del
pueblo no poseía los elementos teóricos indispensables en todo gran
movimiento social. Esta carencia se manifestó entre otras cosas en el
hecho de que el movimiento, frente a las condiciones generales, no llegaba
a establecer a tiempo sus ideas y sus palabras de orden, a elaborar sus
formas prácticas concretas. Por eso avanzó lentamente y no sin esfuerzos,
vistas las fuerzas enemigas múltiples que lo atacaron. Era de esperar que
los anarquistas, que habían hablado tanto de un movimiento revolucionario
de las masas, que lo habían esperado durante años como la venida de un
nuevo Mesías, se apresurarían a unirse al movimiento, a incorporarse y a
fundirse en él. Pero fue de otro modo.

La mayoría de los anarquistas rusos, que habían seguido la escuela teórica
del anarquismo, permaneció en sus círculos aislados, sin razón alguna de
ser en ese momento, discutiendo la naturaleza de ese movimiento sin hacer
nada y tranquilizando sus conciencias con la idea de que el movimiento no
parecía ser puramente anarquista.

Sin embargo su aporte al movimiento insurreccional, sobre todo en el
instante en que el bolchevismo no había tenido aún tiempo de obstaculizar
su desarrollo normal, habría podido ser de un valor incalculable. La masa
tenía una necesidad infinita de militantes que supiesen formular las ideas
que la animaban, que supiesen definir y elaborar las formas y la marcha
ulterior de la revolución. Los anarquistas no quisieron hacerlo. Causaron
de ese modo un daño inmenso al movimiento y a sí mismos. Al movimiento
porque no pusieron a su servicio sus fuerzas de organización y de cultura,
lo que hizo que se desarrollara lenta y dolorosamente, con ayuda de los
pobres recursos técnicos de que disponían las masas populares; a sí mismos
porque perdieron mucho al quedar fuera de la actualidad y condenarse a la
inactividad y a la esterilidad.

Nosotros nos creemos autorizados a decir que los anarquistas rusos,
dormitando en sus círculos, dejaron pasar bajo sus ojos un movimiento
grandioso de masas, el único hasta este día que, en la revolución actual,
pareció realizar las aspiraciones históricas de la humanidad oprimida.
Pero encontramos al mismo tiempo que ese hecho deplorable no tuvo lugar
fortuitamente, que fue causado por razones determinadas que importa
considerar con alguna atención.

Una gran parte de nuestros teóricos pertenece por sus orígenes a la
intelligentzia. Esa circunstancia es de una gran significación. Aun
colocándose bajo el estandarte del anarquismo, muchos de ellos son sin
embargo incapaces de romper definitivamente con el medio en que han
nacido. Habiéndose ocupado de la teoría del anarquismo más que el resto de
los camaradas llegaron gradualmente a convencerse de su rol de líderes del
mundo anarquista y acabaron por creer que el movimiento anarquista mismo
iría a la acción según sus indicaciones o al menos con su concurso
dirigente inmediato. Ahora bien, el machnovismo comenzó bien lejos de
ellos, en una provincia lejana y en las capas más profundas de la sociedad
moderna.

Algunos solamente, entre los teóricos del anarquismo, tuvieron la
sensibilidad y el coraje necesarios para reconocer que ese movimiento era
precisamente aquél que el anarquismo había preparado desde hacia mucho, y
se apresuraron a ir a su encuentro. Seria justo decir también que de todos
los anarquistas intelectuales y teóricos, Volin fue el único que participó
en el movimiento machnovista con entera decisión, poniendo a su servicio
todas sus aptitudes, fuerzas y conocimientos. El resto de los teóricos del
anarquismo quedaron al margen. Esto naturalmente no podría significar nada
ni contra el machnovismo ni contra el anarquismo, sino solamente contra
los anarquistas y las organizaciones anarquistas que, en el momento
histórico en que el movimiento social de los campesinos y de los obreros
se manifestaba en todo su vigor, permanecieron pasivos y confundidos sin
saber si acercarse o no a su propia causa, precisamente cuando se les
presentaba revestida de carne y de sangre y llamaba a
sus filas a todos aquellos a quienes eran caras la libertad del trabajo y
las ideas del anarquismo.

Otro rasgo aun más importante de la impotencia y la inactividad de los
anarquistas es el desorden reinante en cuanto a las ideas y a la
organización.

A pesar de que el ideal del anarquismo sea poderoso, positivo o
incontestable, se encuentran en él muchos lugares comunes, y no pocas
abstracciones y vaguedades y también desviaciones, permitiendo la
posibilidad de que existan las más diversas interpretaciones de su
pensamiento y de su programa práctico.

Así muchos anarquistas derrochan hasta el presente sus fuerzas en tratar
de resolver la cuestión de saber si el problema anárquico consiste en la
liberación de las clases sociales, de la humanidad o de la personalidad.
Esta no es más que una vana cuestión de palabras, pero sin embargo tiene
su base en algunas posiciones vagas del anarquismo y da libre curso a los
abusos en el dominio de la idea anarquista primero y de la práctica
anarquista luego.

La teoría anarquista de la libertad personal, lejos de estar aún
suficientemente esclarecida, deja un vasto campo a los malentendidos.
Evidentemente los hombres de acción, que poseen una voluntad firme y un
instinto revolucionario fuertemente desarrollado, verán en la idea
anarquista de la libertad personal ante todo la idea del respeto hacia la
personalidad ajena, la idea de la lucha infatigable por la libertad
anarquista de las masas. Pero los que no conocen la pasión de la
revolución y los que piensan en primer lugar en las manifestaciones de su
propio yo comprenden esa idea a su modo. Cada vez que se discute el
problema de organización práctica, de responsabilidad, dentro de la misma
organización se escudan en la teoría anarquista de la libertad personal y
fundándose en ella, tratan de sustraerse a toda responsabilidad. Cada cual
se retira a su oasis, imagina su obra, y predica su propio anarquismo. Las
ideas y los actos de los anarquistas son pulverizados así en átomos
mínimos.

He aquí por qué cuando el movimiento popular constituido por el
machnovismo brotó de las capas profundas del pueblo, los anarquistas se
encontraban tan débiles y poco preparados.

(...)

El anarquismo no significa misticismo, ni vanas palabras sobre lo bello,
ni tampoco un grito de desesperación. Su grandeza depende ante todo de la
consagración a la causa de la humanidad oprimida. Lleva en sí la
aspiración a la verdad de las masas; su heroísmo y su voluntad representan
en este momento la única doctrina social sobre la cual las masas pueden
apoyarse con confianza para dirigir su lucha. Pero para justificar esa
confianza no basta que el anarquismo sea una grande idea y los anarquistas
sus representantes platónicos. Es preciso que los anarquistas tomen
constantemente parte en el movimiento revolucionario de las masas y eso en
calidad de obreros. Solo entonces respirará ese movimiento la atmósfera
verdadera del ideal anarquista. Nada se consigue en el mundo
gratuitamente. Toda causa exige esfuerzos y sacrificios constantes. El
anarquismo debe encontrar una unidad de voluntad y una unidad de acción,
obtener una noción exacta de su rol histórico. El anarquismo debe
penetrar en el corazón de las masas, fundirse con ellas.


*Extractos del libro "Historia del movimiento machnovista de Pedro Archinoff"

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