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(ca) Cuba: una respuesta libertaria a Celia Hart (en)

From a-infos-ca@ainfos.ca
Date Tue, 26 Apr 2005 17:28:47 +0200 (CEST)


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AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
http://www.ainfos.ca/
http://ainfos.ca/index24.html
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EXPLORANDO EL “BARRANCO”:
UNA RESPUESTA LIBERTARIA A CELIA HART

Hemos leído con detenimiento, curiosidad e interés tu carta A propósito de
mi entrevista en La Jornada del día 5 de Abril, publicada el pasado día 11
simultáneamente en las páginas web españolas Rebelión y La Haine. Se
podrían discutir muchísimas cosas de esa carta tuya, Celia, realmente
muchísimas cosas. Pero -te somos francos-, poco nos importa que esperes la
definitiva asunción profética de Cristo, de Buda y de Mahoma ni que
sientas a tu lado a Lincoln y a Whitman; nos tiene sin cuidado que te
sientas “princesa de la Raza” o que tu breve opinión sobre Juan Pablo II
insinúe una disconformidad con su trayectoria que Fidel no puso de
manifiesto en estos días: si por nosotros fuera, puedes seguir
tranquilamente con tus experimentaciones poéticas que no habremos de
censurarte ni nos preocuparemos demasiado por seguir de cerca tu
producción lírica. También -continuamos siéndote sinceros-, puedes
modificar tus dichos todas las veces que te plazca; ya sea porque has
recibido un rezongo ya porque tu conciencia y/o tu meticulosidad
intelectual te han llevado a corregir un disparo que tú misma entiendes
corre el riesgo de ser mal interpretado: tienes toda la libertad que se te
ocurra para hacerlo y serán tus lectores los que habrán de asignarle de
ahora en adelante a tus palabras la credibilidad y la confianza que se
merezcan y que tú seas capaz de conquistar. Además -volvemos a serte
honestos-, tocas en tu nota temas de vital importancia como la “inercia”
del Partido Comunista o la existencia de “ciertos resortes de restauración
capitalista” en Cuba; cosas más que sabidas y poco novedosas sobre las
cuales lo realmente interesante es que seas precisamente tú quien las
reconozca: pero tampoco es eso lo que queremos discutir exacta y
directamente en este momento. De lo que se trata ahora, en principio y
sólo en principio, es de que nos ubiquemos en el mapa ideológico y
político; de que adoptemos una posición relativa respecto a tales y cuales
situaciones, a tales y cuales trayectorias, a tales y cuales personas. Es
en ese orden de cosas que nos gustaría polemizar mínima y brevemente
contigo. Pero precisemos un poco más el asunto. Tú dices estar buscando y
quizás construyendo una opción de izquierda, una alternativa de izquierda
para Cuba. Te contamos, entonces, que tu preocupación es la nuestra y la
de una enorme cantidad de gente; en cuya primera fila -y no por
vanguardistas sino por coherentes- están los anarquistas que mencionas en
tu nota. Pero, definitivamente, lo que no podemos compartir es tu
afirmación de que “a la izquierda de Fidel está el barranco”. Esa frase,
exclusivamente esa frase, es la que, a cuenta de futuras polémicas, nos
gustaría discutir ahora.
Lo primero que queremos señalarte es el problema lógico que genera ese
dicho; un dicho que frustra momentáneamente, de no mediar rectificaciones
de tu parte, las expectativas que has venido generando con algunas de tus
apariciones. Lógicamente, entonces, de tu afirmación sólo pueden seguirse
dos cosas: o bien la opción de izquierda que estás buscando se encuentra a
la derecha de Fidel o bien esa alternativa es Fidel mismo y la plena
continuidad del monólogo autosuficiente que ha seguido a lo largo de todo
su recorrido. Te darás cuenta que si tu alternativa de izquierda está a la
derecha de Fidel -cosa que dudamos, porque no pareces tonta- este debate
carece enteramente de sentido y más valdría que lo interrumpiéramos en
este preciso instante. Pero también te percatarás que si esa opción de que
hablas no es más que el propio Fidel eternizado, incluso en ausencia
física, no se entiende muy bien a qué viene tanto escándalo de tu parte
cuando sólo se trata, como insustancial aderezo, de leer a Trotsky, a
Lukács, a Rosa Luxemburgo y a Gramsci. Pero, además -ya no desde el punto
de vista lógico sino desde el ángulo político- tendrías que explicitar
cuál sería la izquierda que está a la derecha de Fidel. ¿Es esa izquierda
a la derecha la responsable de la “inercia” del Partido y de los “resortes
de restauración capitalista? ¿Por qué tales cosas fueron posibles?: ¿se
trata de “descuidos” de Fidel? ¿acaso el Comandante en Jefe, Primer
Secretario del Partido y Presidente de los Consejos de Estado y de
Ministros fue desbordado y sus orientaciones han sido desoídas? ¿o será
que Fidel también da cabal cumplimiento a la bíblica proeza trinitaria y,
al igual que Jesús -que es uno con Dios Padre-, puede sentarse a la
diestra de sí mismo? Pero estas preguntas no pretenden más que ilustrar
los líos que provoca la desprolijidad de tus exposiciones y lo cierto es
que todavía no hemos entrado en el tema de fondo: es decir; todavía no
hemos caído en el “barranco” que tú afirmas es lo único que hay a la
izquierda de Fidel.
Las palabrasperdidas
Hemos intentado abordar el tema con cuidado y respeto; incluso, a los
solos efectos de este intercambio, dejando de lado momentáneamente las
decepciones y reservas acumuladas a lo largo de décadas. También
procuramos ser amplios y exhaustivos; al menos dentro de nuestras
limitadas posibilidades. Se nos ocurrió, entonces, tomar una batería de
conceptos habitualmente asociados con el pensamiento de izquierda,
asociarlos a su vez con Cuba -con Fidel, por lo tanto- e indagar qué
elaboraciones o realizaciones estaban disponibles como punto de partida de
un debate al respecto. Para ello recurrimos a la herramienta más poderosa
de que disponemos en este momento: la búsqueda avanzada de Google;
acotando la misma a la frase exacta, en idioma español, en cualquier
formato de archivo y para todo dominio posible. De tal modo, cualquiera
podría verificar la exactitud de nuestros hallazgos y tú misma estarías en
condiciones de hacerlo; pues no tenemos duda alguna de que puedes acceder
a Internet sin mayores inconvenientes. Veamos, pues, los resultados de
nuestra pequeña investigación y tal vez habrás de coincidir con nosotros
en que son sorprendentes.
Comenzamos diciéndote que frente a las frases “consejos obreros cubanos” y
“consejos obreros en Cuba” Google nos responde que la búsqueda “no produjo
ningún documento”; lo cual seguramente obedece a una razón simplísima y es
que generalmente no se reflexiona sobre aquello que no existe o que ni
siquiera ha sido fantaseado. Lo mismo ocurre con la expresión “autogestión
cubana” aunque ahora sí nos topamos con un material -sólo uno- sobre
“autogestión en Cuba”; material que puedes encontrar en
http://es.geocities.com/anticivilizacion/antonfdr_GANDHI.htm y que
únicamente nos informa que la idea no goza en la isla de mayor
predicamento. Siguiendo idéntico procedimiento, llegamos a la triste
conclusión de que, cuando de Cuba se trata, ni se habla ni se escribe
sobre “autonomía obrera” o “autonomía sindical”; lo cual no hace más que
confirmar que la dirigencia de las organizaciones correspondientes no
tiene demasiado interés en el asunto y que la orientación predominante
consiste en que las mismas se mantengan en la esfera de la dependencia
estatal. Siendo así, no tiene nada de raro que algo tan “extremista” como
la interrupción colectiva y voluntaria del trabajo concite apenas
discursos de muy baja intensidad: la búsqueda para “huelgas en Cuba” sólo
arroja como resultado 5 documentos de carácter histórico y cuando se trata
de “huelgas cubanas” nos topamos nada más que con un solitario y exótico
reclamo en la dirección http://www.bibliotecagnostica.com/Poscla22.htm.
Aun así, no cejamos en nuestro empeño; pero, para nuestro asombro, en los
casos de “conciencia de clase en Cuba” y “conciencia de clase cubana”,
Google vuelve a responder a nuestra indagatoria que ésta “no produjo
ningún documento”. Las cosas mejoran un poco cuando se trata de las
“cooperativas cubanas” o de las “cooperativas en Cuba” y allí sí
finalmente podemos encontrarnos con una módica treintena de documentos, no
necesariamente de procedencia oficial ni imperativamente encomiásticos y
entre los cuales habrá que destacar algunas perlas de interés como aquel
en el que Jesús Cruz Reyes se ofende profundamente ante la pregunta de si
dichas organizaciones son independientes o no. Frente a un resultado que,
en comparación con los anteriores, era tan promisorio, proseguimos nuestra
briosa cabalgata, pero sólo para enterarnos enseguida que nada se dice
sobre los “movimientos sociales cubanos” ni sobre la “autonomía
universitaria cubana”; aunque, seamos justos, sí hay que dar cuenta ahora
de 4 documentos que contienen la expresión “autonomía universitaria en
Cuba” -para reportarnos su ausencia, naturalmente- y otros 5,
mayoritariamente referidos al pasado, que consideran oportuno recurrir por
una razón o por otra a la frase “movimientos sociales en Cuba”.
Fue así, luego de tantos y sucesivos fracasos, que resolvimos orientar
nuestras indagaciones alrededor de un concepto que ciertamente nos resulta
muy poco simpático: Estado obrero. ¿Y sabes en cuántos documentos aparece
inscrita la expresión “Estado obrero cubano”?: solamente en 30, la
abrumadora mayoría de matriz trotskista y no todos precisamente elogiosos.
Entre ellos, sólo uno era de procedencia oficial cubana -en
www.lajiribilla.cu/2002/n57_junio/1413_57.html- y se trataba en realidad
de una colaboración de John Hillson remitida desde la ciudad de Los
Ángeles. Pensamos entonces que esas ausencias podían deberse a la fuerte
identificación de la expresión precisamente con la tradición trotskista;
razonamos que tu rescate del fundador del Ejército Rojo se enfrentaría con
dificultades obvias e intentamos ver si afloraba algún tipo de reflexión
más copiosa en torno a una expresión similar y optativa: Estado
proletario. Pero héte aquí que ni siquiera así fuimos coronados por el
éxito: la frase “Estado proletario en Cuba” contaba apenas con una
presencia huérfana de toda vecindad. El artículo en cuestión pertenece a
Luis Ramírez Caraballo y Antonio R. Barreiros Vázquez; se llama Lugar y
papel de las FAR como componente especialmente significativo del Estado
proletario en Cuba y puedes encontrarlo en la Revista Cubana de Ciencias
Sociales (Año 4, Nº 12 de setiembre - diciembre de 1986). Quizás, Celia,
compartas con nosotros nuestra desilusión y tú también abomines de que,
cuando en Cuba se habla del Estado proletario, en realidad no se trata
fundamentalmente del proletariado sino de las fuerzas armadas. ¿Tendrá
esto algo que ver con la militarización de la sociedad cubana?
El "barranco" es laausencia de libertad, igualdad y solidaridad
En fin: hemos usado una batería de indicadores que distan de ser perfectos
y a los que sólo asignamos un carácter aproximativo; pero, aun así,
tenemos la firme impresión de que los mismos permiten sostener una
hipótesis bastante confiable. Esto es; las reflexiones sobre la
construcción de una opción de izquierda en Cuba tienen frente suyo un
campo casi virginal e intocado. Y te pedimos por favor -suponiendo de tu
parte una réplica de estas consideraciones- que seas un poco imaginativa y
no nos recomiendes realizar una búsqueda similar conteniendo las
expresiones “salud en Cuba”, “educación en Cuba”, “deporte en Cuba”, etc.;
porque lo que te estamos proponiendo no necesariamente se contradice con
dichas cosas sino que las dota de un contenido distinto , las resignifica
y las enriquece infinitamente. Como habrás visto, por lo tanto, hay un
conjunto de nociones -que embrionariamente representan sus
correspondientes realizaciones sociales revolucionarias- habitualmente
pertenecientes a un imaginario de izquierda y que en Cuba se usan muy poco
o muy mal. Y nosotros estamos absolutamente convencidos de tres cosas que
están íntimamente vinculadas con nuestro tema, tal como éste ha sido
precisado desde un principio: en primer lugar, que Fidel no ha demostrado
tener sobre sus hombros la cabeza más adecuada para elaborar pensamiento y
definir acciones al respecto -ha tenido medio siglo para hacerlo y
¡nada!-; en segundo término, que este campo de nociones y realizaciones se
ubica no a su derecha sino a su izquierda; y, por último, que nada de esto
representa a ese “barranco” tan temido y que a ti te preocupa tanto
invocar. Sobre ello hemos de ponerte sólo tres ejemplos especialmente
significativos y de factible concreción inmediata.
En primer lugar, una alternativa de izquierda en Cuba debería plantearse
una urgente desmilitarización en el más amplio sentido del término. No se
trataría solamente del redimensionamiento de las fuerzas armadas, del
ahorro consiguiente y de la correspondiente transferencia de recursos
hacia otros sectores de la economía infinitamente más necesitados. Se
trataría también de que las fuerzas armadas perdieran sus privilegios
históricos y de que los más diversos problemas de la sociedad cubana ya no
sean vistos como si se tratara de acertijos en torno a la “defensa
nacional”. Se trataría, sobre todo, de pensar el socialismo como lo que
realmente debería ser -es decir, una nueva relación de convivencia entre
seres libres, iguales y solidarios-; y de no mediatizar en los hechos esa
reflexión, sobre-imprimiéndole siempre una articulación muy poco
socialista entre los “comandantes” y sus subordinados. Estas cosas son
inmediatamente posibles, Celia, y no hay ninguna razón que las contradiga.
Seguramente tú nos dirás que la revolución no sobreviviría sin “sus”
fuerzas armadas pero eso no es más que una falacia a la que el “Comandante
en Jefe” y su séquito te han acostumbrado. Porque las fuerzas armadas
cubanas se vertebran respondiendo a una hipótesis de conflicto -en teoría,
una invasión de los Estados Unidos- que está mal planteado o que no se
habrá de producir. En el primer caso, las fuerzas armadas cubanas no
tendrían nada para hacer -y coincido contigo en que eso es una desgracia
para la humanidad toda- frente a las acciones de bombardeo aéreo y
desgaste que los Estados Unidos tienen como su actual patrón de actuación
bélica en la fase inicial. Además, tal como ha quedado sobradamente
demostrado en Irak, la resistencia de guerrillas es inconmensurablemente
más efectiva que un ejército regular que sencillamente no puede estar a la
altura de la tarea. Pero, en el segundo caso, hay elementos de sobra para
suponer que dicho conflicto no tiene actualmente ni habrá de tener mañana
ese formato: ni Cuba permite invocar las mismas “razones” que se dieron en
Afganistán o en Irak -y tampoco las que despuntaron luego con Irán y Corea
del Norte- ni constituye un desafío estratégico relevante ni ha merecido
mayor dedicación militar real. Haz números, Celia, y lo verás: la
financiación otorgada por los Estados Unidos al “trabajo sucio” en Cuba en
los últimos cinco años es menor al costo que ha insumido una noche de
bombardeo intenso sobre Bagdad; aunque la megalomanía del “Comandante en
Jefe” haya de resentirse un poquitín con un cálculo de este tipo.
Entonces, la desmilitarización es posible ahora y nada tiene que ver con
el “barranco”.
En segundo término, una alternativa de izquierda en Cuba debería
proponerse en lo inmediato emprender el camino de la autogestión. ¿Tú no
crees que la construcción socialista debería identificarse fuertemente
-como condición sine qua non, diríamos nosotros- con la gestión directa de
los trabajadores sobre la marcha de la economía? Lamentablemente, en Cuba,
durante todos estos largos años, la autogestión ha sido asimilada sin más
a la experiencia yugoslava y se la ha asociado implícitamente con la
inminencia o la amenaza de las situaciones de mercado y con el “caos”
correspondiente. Así, todas las esperanzas fueron depositadas en el mito
de la planificación centralizada como paradigma de la construcción
socialista; una planificación centralizada que se ha confundido en los
hechos con la sabiduría de los técnicos o con la omnipresencia de los
militares cuando no con las inefables ocurrencias del “Comandante en Jefe”
que siempre se antepusieron a las elaboraciones de los organismos
colectivos. Pero, además, basta con analizar los resultados: ¿tú dirías,
Celia, que el recorrido que va desde aquel impulso de implantar el
comunismo en la Isla de la Juventud hasta la actual presencia de cientos
de empresas transnacionales es un camino de construcción socialista? No,
Celia, la planificación centralizada no sólo no ha producido socialismo
sino que bien se la puede calificar como una sucesión de disparates; antes
y después de aquella zafra fallida de los diez millones de toneladas de
azúcar. La autogestión, mientras tanto, tiene abiertos todos los créditos
y ése es el camino que han emprendido decenas de movimientos sociales en
América Latina como estrategia de resistencia y como forma de resolver
prácticamente -lo han logrado así sea a medias, incluso en contextos
claramente neoliberales- sus necesidades inmediatas en materia de
alimentación, salud, vivienda, etc. Una vez más: la autogestión también es
posible ahora y nada tiene que ver con ese “barranco” que tú supones
estaría a la izquierda de Fidel.
Por último, una alternativa de izquierda en Cuba debe retomar con fuerza y
determinación el problema de las libertades más elementales. Basta con
“desmilitarizar” las cabezas y dejar de sospechar que detrás de cada
cubano común y corriente hay un potencial “agente del imperialismo” e
inmediatamente el tema adquiere una luminosidad cegadora. Porque, dinos:
¿en qué se vería afectado un proyecto de construcción socialista por el
hecho de que 12 millones de cubanos tuvieran -entre otras mil
prerrogativas a imaginar- la posibilidad de expresarse, desplazarse u
organizarse de las formas que mejores les parezcan? Reproducimos una de
tus frases: “Todos los jóvenes que tienen cuestionamientos políticos
actualmente, los que valen la pena de ser escuchados, serán siempre de
izquierda, anarquistas o trotskistas etc. Pero TODOS son revolucionarios”.
Pues bien, deja de jugar a las escondidas y sincérate contigo misma y con
tus lectores: ¿sabes o no sabes que esos revolucionarios no pueden darse
la organización política que querrían tener porque ese derecho el Partido
Comunista se lo ha reservado para sí? ¿sabes o no sabes que a esos
revolucionarios no les es dado tener una biblioteca abierta al público,
montar un programa de radio, celebrar reuniones sin solicitar permiso,
tener un periódico propio o defender libremente sus orientaciones en
movimientos sindicales, juveniles, vecinales, de género, ambientales,
etc.? Esas cosas requieren de un marco de libertad hoy inexistente y
reclaman no la intervención del Estado sino una asunción autonómica;
exigen ni más ni menos que la posibilidad socialmente garantizada de que
todo colectivo -cualquier colectivo, sea cual sea la naturaleza que se
defina, siempre y cuando no atente contra la libertad ajena- fije sus
propias reglas. Tú gozas de una posición privilegiada, Celia, y no puede
haberte pasado inadvertido que una cosa es la obsesión por la vigilancia,
el control, la represión, etc. y otra cosa bien diferente es la libertad.
¿De qué lado crees tú que están el socialismo y la izquierda? Nos consta
que a ti te preocupan los motivos por los cuales el bloque soviético se
hizo trizas: entonces; ¿no crees que el fatal desprecio por la libertad de
que se hizo gala debe tener al menos algo que ver con la debacle? Esa
experiencia es un venero de enseñanzas y ellas dicen en forma
incontrastable, en este comienzo del siglo XXI, que el socialismo ya no
puede ser concebido como el resultado espontáneo de una vaporosa legalidad
histórica ni como una sofisticada operación de ingeniería social ni como
el genial designio de una voluntad mesiánica. El socialismo del siglo XXI
sólo puede construirse a partir de la conciencia colectiva y ésta no puede
florecer sino desde una libertad raigal . Y, otra vez, Celia, esto no
tiene nada que ver con el “barranco”.
Por unaopción deizquierdapara todos los cubanos
Desmilitarización, autogestión, libertades básicas: tres elementos mínimos
y tres caminos a recorrer para construir una alternativa de izquierda en
Cuba y para comprometer en ella no a su actual élite dirigente sino al
pueblo cubano todo. Estas propuestas no expresan el “programa máximo” de
los anarquistas y quizás hasta quepa calificarlas de “reformistas” en el
contexto cubano actual. Sin embargo, son una buena base para la
articulación de una política realmente de izquierda en Cuba. Tú sabrás
mejor que nosotros qué grado de participación y compromiso habrán de tener
los comunistas cubanos -especialmente, los más jóvenes- con esta política
y qué peso pueden tener en el Partido quienes suscriban orientaciones de
este tipo. Sin embargo, no hay duda que la misma desborda su organicidad y
da cabida, entre otras, a las corrientes que tú misma has reconocido como
revolucionarias. De la misma manera, tampoco hay duda que esa política de
izquierda se da de bruces con una constelación de intereses, privilegios y
expectativas que están ubicados claramente a la derecha de la misma,
adentro y afuera del Partido Comunista: una situación y un proceso que, si
mal no recordamos, hasta hace unos años eran considerados como parte de la
lucha de clases.
Sea como sea, Celia, hay que continuar afinando el análisis y templando la
voluntad. Si hemos sido irónicos contigo en muchos pasajes de esta carta
ello fue así porque entendemos que todavía no has ingresado de lleno en el
problema ni estás a punto de notificarte públicamente de sus raíces
reales. Tus intenciones parecen sinceras y quizás hasta compartibles, pero
aún hablas a media lengua, te distraes en metáforas que no conducen a
ninguna parte y no has tenido el coraje de poner sobre la mesa la trama de
conflictos concretos que subyacen este proceso de construcción de una
alternativa de izquierda en Cuba. Al pan, pan, y al vino, vino, Celia: ése
es el comienzo real de cualquier alternativa que quiera plantarse firme
ante las eventuales adversidades y partir no de las intrigas palaciegas
sino de la conciencia colectiva del pueblo cubano. Tú has evitado
escrupulosamente hablar de una lucha fraccional pero coincidirás con
nosotros que precisamente eso es lo que todo el mundo lee detrás de tus
palabras. Y sabes que esa lucha hay que librarla a cualquier precio porque
lo que está en juego es nada menos que el futuro de nuestra entrañable
gente cubana. Esa lucha, Celia, sólo puede librarse con ideas claras, con
ideas precisas, con ideas-fuerza, y no con ditirambos rutinarios y al
garete sobre la inmarcesible figura de Fidel; sólo puede librarse con
gente organizada desde sus convicciones más profundas y no con vagos
avisos a los navegantes o difusas insinuaciones sobre las idas y venidas
de una élite. Tú tienes que pagar un peaje ideológico y soportas
directamente las presiones del aparato: eso es comprensible y hace que tu
posición no carezca de dificultades y asechanzas. Pero al menos puedes
hablar, Celia; una posibilidad con la que no contamos todos los cubanos.
Los cubanos de a pie tenemos sobre ti muchas desventajas y una sola pero
enorme ventaja: nosotros ya sabemos que el Cid Campeador no volverá a
montar sobre los lomos de Babieca y sabemos también que a la izquierda de
Fidel no hay ningún barranco, ningún abismo, ningún precipicio. Lo que se
abre no a la derecha de Fidel pero sí a su izquierda es, Celia, ni más ni
menos que el ancho cauce de la libertad.
Movimiento Libertario Cubano

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