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(ca) OSL-argentina: Acerca de la importancia del programa en la organizacion polilitica libertaria (en)

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Date Sun, 19 Sep 2004 11:55:38 +0200 (CEST)


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AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
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http://ainfos.ca/index24.html
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La necesidad de un proyecto propio
Quienes apostamos a la construcción de una organización política
libertaria, de un anarquismo que en tanto proyecto revolucionario tenga
real incidencia en la lucha de clases, vemos la necesidad de dotarnos de
un programa de acción claro que, fruto de la discusión colectiva, exprese
nuestros principios y objetivos revolucionarios y determine las tareas a
realizar en una etapa dada.
La importancia que para los y las anarquistas tiene el programa, es
expresada por Bakunin al afirmar que “nunca se debe renunciar al programa
revolucionario claramente establecido, ni por lo que atañe a su forma, ni
por lo que atañe a su sustancia”[1]. A nuestro entender, su importancia
fundamental radica en que dicho programa expresa la unidad ideológica,
teórica y práctica de la organización revolucionaria.
Así como nuestra acción militante se ajusta al programa colectivamente
discutido y acordado, existen grupos, organizaciones y colectivos diversos
que rechazan tanto en la teoría como en la práctica, la necesidad de un
programa. Varios son los motivos de esta actitud. Por un lado, la creencia
de que la sola formulación de un programa anulará la libertad de acción de
los militantes; y por el otro, la búsqueda exacerbada de la necesaria
unidad de los libertarios hace que se prefiera la unidad a toda costa, aun
a riesgo de ocultar posiciones, ideas y propuestas a veces
irreconciliables. Resultan de este tipo de uniones, colectivos de
militantes libertarios sin más acuerdo que el de considerarse anarquistas.
Sobre esto, Malatesta afirmaba que “en todos los casos una determinada
organización dura mientras las razones de unión sean superiores a las de
disenso: en caso contrario se disuelve y deja su lugar a otros
agrupamientos más homogéneos”. Más adelante agrega que “nos sentiríamos
por cierto felices si pudiéramos todos ponernos de acuerdo y unir todas
las fuerzas del anarquismo en un movimiento. (...) Es mejor estar
desunidos que mal unidos”.[2]
De acuerdo con estas palabras afirmamos que las razones de unión que hacen
posible a la organización deben plasmarse en el programa, de lo contrario
“la única cooperación que podría haber estaría basada en deseos
sentimentales, vagos y confusos, y no habría una real unidad de
perspectivas. Habría entonces, sólo un andar juntos bajo un mismo nombre,
de ideas diferentes e inclusive, opuestas”.[3] Decimos esto, porque
entendemos la existencia del programa como fruto de una discusión profunda
de todo lo que hace a los objetivos, teoría y práctica revolucionarias,
dejando de lado la “idea de crear un programa de parche, por fijación de
pequeños puntos en común” que “supone que todos los puntos de vista
propuestos son correctos”. “Es en este sentido que el programa no es un
conjunto de aspectos secundarios que agrupan (o frecuentemente, que no
dividen) a gente que piensa semejante, sino que es un corpus de análisis y
propuestas que es sólo adoptado por quienes creen en él y deciden difundir
este trabajo y transformarlo en realidad”.[4]
Debe quedar claro que el programa correcto, el que logre incidir con éxito
en el proceso revolucionario, el programa que el conjunto de los oprimidos
haga suyo, no puede ni debe ser invento de un grupo de “teóricos” que
busquen propagar e imponer sus ocurrencias y caprichos al mundo. El
programa debe surgir de un análisis riguroso de la sociedad y de la
correlación de las fuerzas que la integran, debe fundamentarse en la
experiencia de lucha de los oprimidos y sus aspiraciones, y a partir de
estos elementos debe marcar el rumbo y las tareas a seguir por la
organización revolucionaria para lograr tanto su objetivo final como sus
objetivos inmediatos.
Decíamos que el programa debe expresar claramente los principios
ideológicos y los objetivos revolucionarios de la organización. Asimismo
debe fijar aquellos objetivos que deben lograrse en el corto plazo en una
etapa determinada de la lucha: los inmediatos. De esto puede entenderse
que así como los principios ideológicos son inalterables y la finalidad
revolucionaria es irrenunciable, los objetivos inmediatos de la
organización variarán de acuerdo a los cambios que se produzcan, sea que
esos objetivos se hayan logrado, sea que la situación requiera establecer
otros distintos.
La acción militante en torno al programa de la organización implica “no ir
haciendo lo que salga, ni estimar aisladamente cada cosa que aparece, ni
desanimarse por que el avance no es inmediatamente visible. Se trataría
sí, de fijar objetivos y avanzar hacia ellos. De escoger acción y
establecer prioridades en función de esos objetivos. Lo dicho implica,
claro está, que habrá actividades que no encararemos, hechos en los que no
estaremos. Ellos pueden ser importantes y hasta espectaculares, pero, no
cuentan si no encajan en los propósitos para la etapa de nuestro programa.
En otros casos, en actividades que condicen con nuestros objetivos,
estaremos en minoría absoluta o con grandes complicaciones. Elegir lo que
más nos guste o menos complicaciones nos trae no es una política
correcta”.[5]
El espontaneísmo - que no se atiene a planificación alguna, que lejos de
actuar a partir de un análisis de la situación lo hace gustosamente sin
tener en cuenta la utilidad de un hecho, que hace de ciertas acciones un
fin en sí mismo y no ve en ellas un medio para lograr algún objetivo dado,
que sólo actúa empujado por una situación en la que las masas populares lo
hacen y que deja de actuar cuando la actividad espontánea de éstas
desciende- no puede tener lugar si la organización basa su actividad en el
programa; ni tampoco puede tenerlo el individualismo, “que resiste
cualquier disciplina militante, que rechaza `definirse´, que no quiere
`encuadrarse´, (...) descendiente directo del liberal burgués, reacciona
solamente ante estímulos fuertes, se incorpora al combate sólo en los
momentos álgidos, negándose a una labor continuada, especialmente en los
períodos de relativo descenso de las luchas”[6].
Sabemos que los anarquistas participaremos en un proceso revolucionario en
el que no seremos la única fuerza organizada; que hay y que habrá más
adelante, otras propuestas de transformación social con las que
confrontaremos por darle a la revolución social un rumbo determinado. Y
que para lograr incidir con éxito, para que la revolución sea socialista y
libertaria, debemos organizarnos sistemáticamente en torno a nuestra
propuesta expresada en el programa para llevar adelante una militancia
revolucionaria efectiva y acorde a las necesidades populares, que sortee
las dificultades y complicaciones propias de la lucha. Porque creemos, con
Bakunin, que “en política no hay práctica honesta y útil sin una teoría y
una finalidad claramente determinadas”[7], construiremos la organización
política libertaria armados de nuestra firmeza ideológica y de una actitud
política amplia, no sectaria, puesta a prueba constantemente en el
accionar cotidiano. Esto es posible de lograr a partir de una acción
colectiva que se fundamente en el programa de la organización
revolucionaria de los anarquistas.

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[1] Mijail Bakunin, Programa revolucionario y programa liberal, en La
Libertad (Selección de François Muñoz), Editorial Proyección, Buenos
Aires, 1975.
[2] Ericco Malatesta, La organización, en Malatesta, Pensamiento y acción
revolucionarios (Selección de Vernon Richards), Editorial Proyección,
Buenos Aires, 1974.
[3]George Fontanis, Manifiesto Comunista Libertario, Ediciones Hombre y
Sociedad, Chile, 1999.
[4] Idem nota 3.

[5] Sobre el concepto de estrategia, XI Congreso de la Federación
Anarquista Uruguaya, 1997.
[6] Organización y método en el trabajo cotidiano, Recortes, elementos
para la formación y la discusión, Coordinadora Pro fAu.
[7] Idem nota 1.

[ de http://www.geocities.com/jmheredia.geo/ ]



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