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(ca) LA CAMPANA Nº 7 - EDITORIAL

From a-infos-ca@ainfos.ca
Date Wed, 17 Nov 2004 10:03:27 +0100 (CET)


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AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
http://www.ainfos.ca/
http://ainfos.ca/index24.html
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Los generales de EE UU han declarado este fin de semana el “fin de los
combates en la asediada Faluya” (Iraq), mientras siguen matando,
bombardeando, devastando la ciudad. Lo que solo puede querer decir que
matan a los muertos, que no a resistentes, bombardean cadáveres, que no a
los habitantes de Faluya, y devastan tierras yermas, que no una
martirizada ciudad de Iraq. Semejante atrocidad es mucho más que una metáfora o una ocurrencia
infeliz de la canalla militar, útil para consumo de creyentes en los
medios de información y propaganda del régimen hegemónico mundial. Pues
la misma operación propagandística la hicieron hace meses, refiriéndose a
Iraq, a Chechenia, a Afganistán, etc. A finales de abril de 2003, el presidente de EE UU, a bordo de un
portaviones que seguía enviando bombarderos contra las poblaciones de
Iraq, declaró solemnemente el “final de la guerra de Iraq”. Y lo mismo
hizo el presidente de Rusia. También él decretó, no una sino varias
veces, el “final de la guerra de Chechenia”, mientras sus generales
continuaban el exterminio de aldeas enteras y las ruinas de Grozni se
convertían en inmensos campos de tortura. Y lo mismo hacen los jerarcas
europeos, mientras sus leyes de extranjería continúan ahogando a decenas
de inmigrantes en las aguas de Gibraltar o Mesina. Esta figura retórica -matar, mutilar, torturar, robar, oprimir, explotar,
hundir ... a quien se desprecia hasta el punto de ni siquiera reconocer
su existencia-, es la expresión más cabal del modelo de organización a
que aspiran los poderosos de hoy. Representa, por ejemplo, la doctrina
expansiva de las corporaciones multinacionales y sus asalariados
imperiales, entre ellos, los Bush, Blair y demás patibularios. Ya que es
su condición, la del Capital y de los Estados, que no puedan reinar,
traficar, saquear y sentirse seguros de su poder, más que sobre gentes
sin libertad, serviles a la sinrazón y a la fuerza, indiferentes a los
dogales que les oprimen, es decir, sobre muertos. Nadie ignora que sin libertad ni entendimiento, sin pasión ni razón, nada
queda de vida ni de humano en nuestro cuerpo. Hasta el Capital y el
Estado lo saben, sin que lo puedan sufrir. Y para lograr que el ser
humano llegue a confundirse con un ser servil, permanentemente humillado
y ofendido, mero sobreviviente sin razón ni sentido, pasivo y ciego, una
caña hueca y gimiente, hay que matar mucho, derramar mucha sangre,
arrasar las ciudades, como en Faluya, ... construir campos de
concentración, como en Palestina, ... ahogar a centenares de personas,
como en Gibraltar, ... torturar y enjaular, como en Guatánamo, ...
arrasar las selvas y mutilar hombres y árboles, como en Colombia o el
Congo, ... entenebrecer hasta los cielos, como en Chechenia o Afganistán,
... establecer Leyes, difundir propaganda, celebrar naderías, hasta que
la narcosis sea definitiva, como en el corazón de los imperios, en sus
súbditos. El cerco a la ciudad iraquí de Faluya comenzó hace semanas. La decisión
de los asesinos conjurados (los políticos y generales de EE UU y sus
aliados) fue tan clara como criminal. Sobre Faluya se exhibiría el atroz
castigo que deberá afrontar cualquier ciudad rebelde: bombardeos sobre la
población, fusilamientos en masa de los habitantes, sin distinción entre
combatientes y civiles, cegar las traídas de agua e impedir la llegada de
alimentos, hasta extender la hambruna y las epidemias entre los cercados,
bombardear los hospitales (una de las primeras instalaciones destruidas
por los ataques aéreos previos al asalto fue el Hospital Nazzal),
bloquear la llegada de material sanitario o médicos, con prohibición de
acceso incluso a la Media Luna Roja y a la Cruz Roja Internacional), etc,
etc. El crimen de guerra fue así anunciado y publicitado, sin que el cinismo
internacional, fuese la ONU o quien fuese, osase acusar al criminal. Una
leve alusión de Koffi Annan a que el derecho internacional valora
explícitamente como crímenes de guerra estas acciones ni siquiera mereció
otra réplica que el desdén. Desde el 6 de noviembre hasta hoy van nueve días de infierno sobre
Faluya. Aunque las ejemplares “democracias” invasoras tratan de impedir
que nadie ofrezca testimonio de lo que allí va ocurriendo (bajo la
amenaza, si es iraquí o árabe de ser considerado “colaborador del
terrorismo” y si es occidental, de inmediato desalojo e inhabilitación),
la verdad se va abriendo paso, aunque no llegue en todo su delirio
criminal a los medios de comunicación oficiales. Más de 200.000 personas llevan varias semanas sin agua potable ni
alimentos. Los niños agonizan y mueren cada día por docenas entre
diarreas y cólicos. Sin luz ni electricidad, a estas alturas, ya están
podridos todos los productos que la gente pudo almacenar en los días
previos al cerco. A partir del 6 de noviembre, “pilas de cadáveres” se
fueron amontonando en las calles, como terrible fruto de los
fusilamientos en masa de las gentes famélicas realizados por las tropas
invasoras. Mientras tanto, decenas de personas han sido enterradas vivas
bajo sus casas bombardeadas. Los cadáveres de unos y otros, se
descomponen y un olor fétido invadió las calles de Faluya. Nada de esto podemos tolerar. Nada de esto queremos dejar en herencia.
Los enemigos de Faluya, los carniceros de Faluya, los criminales de
guerra en Faluya, los responsables de las mil y una Faluyas que ahora
mismo están siendo, están también sobre nosotros, lucrándose,
celebrándose, condescendiendo. Por ello, el “Yo acuso” de Zola ha de
resonar, una y mil veces, en las calles hasta desenmascarar el Régimen
que hace todo esto necesario y posible.



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