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(ca) LA CAMPANA Nº 237: MOVILIZACIÓN PIQUETERA EN ARGENTINA Decenas de miles de parados cortaron las carreteras de 22 provincias

From a-infos-ca@ainfos.ca
Date Wed, 3 Mar 2004 22:45:29 +0100 (CET)


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AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
http://www.ainfos.ca/
http://ainfos.ca/index24.html
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El 19 de febrero se desarrolló en Argentina una de las jornadas de
movilización piquetera más importante desde la asunción del gobierno de
Néstor Kirchner, convocada por un vasto conjunto de organizaciones de
desocupados, agrupadas en el Bloque Piquetero Nacional, y el Movimiento
Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD).
La extraordinaria movilización coordinó finalmente la realización de 107
piquetes y cortes de rutas en 22 provincias, con la participación de más
de 65.000 piqueteros. El Puente Pueyrredón, lugar emblemático de la protesta piquetera, donde
el gobierno de Duhalde desató el 26 de junio de 2002 una cacería que
terminó con el asesinato de los jóvenes piqueteros Darío Santillán y
Maximiliano Kosteki, fue el lugar principal de la concentración de Buenos
Aires. Allí se congregaron durante siete horas, más de 5000 militantes de
diferentes organizaciones que integran este movimiento, y desde allí
dieron su mensaje los dirigentes de estos movimientos, señalando que éste
es sólo el comienzo de un plan de lucha, que tiene como eje resolver el
tema del trabajo y del hambre, los dos dramas principales que hoy
destruyen la vida cotidiana de los pobres.
Condiciones sociales y pliego reivindicativo

La mitad de los argentinos es actualmente pobre y el 20 % indigente. La
desnutrición que hace años era impensable para los argentinos pudiera
producirse en su país es hoy una lamentable realidad. Como en casi todos
los casos, el origen de esta desnutrición no está en la falta de
alimentos o en la capacidad productiva del país, que actualmente genera
alimentos para más de 300 millones de personas, siendo ellos mismos unos
36 millones. Lo está en la brutal desigualdad, causada por la usurpación
de la riqueza socialmente construida por unos cuantos millonarios, que no
dejan de ser, en cualquier sentido que se valore, parásitos sociales. El pliego de reclamaciones dirigido a la sociedad argentina y al gobierno
por el movimiento piquetero contenía la protesta por la disminución de
250.000 planes asistenciales a desocupados, el rechazo del proyecto de
reforma laboral enviado por el gobierno al Congreso, y la exigencia de no
pagar la deuda externa. Otros ejes del reclamo presentado son: la ruptura
con el Fondo Monetario Internacional, la oposición al anunciado aumento
de las tarifas de los servicios públicos privatizados, la implementación
de una tarifa social, la libertad a los presos piqueteros de Salta y el
levantamiento del manto de impunidad que cubre a los responsables
políticos de la masacre del Puente Pueyrredón.
Criminalización de la protesta social

En los días anteriores a la movilización los grandes medios de
comunicación ejercieron una intensísima campaña mediática tendente a
criminalizar y deslegitimar a los manifestantes, que si bien no logró
desanimar a los piqueteros, sirvió como coartada a muchos argentinos para
desentenderse de la protesta social. Las empresas periodísticas y los
periodistas más vinculados al poder -casi todos- se dedicaron a anunciar
inevitables choques entre los piqueteros y la fuerza pública (encargada
de impedir la libertad de expresión o manifestación, con la excusa de la
“libertad de circulación”), de los que fatalmente serían responsables los
convocantes de los cortes de tráfico y nunca, por supuesto, las fuerzas
de orden, por más tropelías que llegasen a cometer. Una vez más, las empresas periodísticas, siguiendo los dictados de la
clase (des)gobernante y las consignas del engranaje judicial-policiaco,
insistieron en la estrategia de culpabilizar a las víctimas y no a las
políticas de exclusión y miseria desarrolladas desde el poder en las
últimas décadas. Los medios proclives al régimen capitalista y a la
organización política estatal se dedicaron a insultar como inadaptados
sociales y hasta delincuentes a quiénes protestan contra la agudización
de la desigualdad y la injusticia social, mientras hacían guiños de
complicidad -hasta el momento fracasados- hacia las organizaciones de
trabajadores y sindicatos más institucionalizados.
Resistencia piquetera

Sin embargo, el éxito de la movilización -reconocido incluso por el
gobierno- demostró que el movimiento piquetero resistió sin flaquear la
intensa campaña mediática y las presiones gubernamentales, disponiéndose
a subvertir la grave situación que sufren gran parte de los argentinos.
Como han señalado algunos analistas “el movimiento piquetero, mostró a la
sociedad que mantiene su fuerza en la base social que lo constituye: los
trabajadores desocupados, y que tiene capacidad de organización como para
garantizar una movilización de carácter nacional, evitando volverse
víctimas de nuevas provocaciones policiales, como la montada días atrás
para desprestigiarlo”. Tampoco logró la propaganda oficial provocar la
ansiada fractura entre los trabajadores, las organizaciones obreras y el
movimiento piquetero. Las organizaciones piqueteras cuentan ahora mismo con una importante
capacidad e iniciativa para continuar la resistencia. Por más que los
gobiernos vengan defendiendo políticas furiosamente capitalistas -como
las impuestas desde el FMI y los consejos de administración de las
multinacionales industriales y financieras-, la protesta piquetera no
parece disminuir, pues la alimenta el drama social que viven millones de
argentinos. Los trabajadores desocupados, reciben planes sociales de 150 pesos (50
dólares) mensuales, con lo que penosamente sobreviven, en una situación
cada vez más difícil porque las políticas en curso han destruido también
la educación pública, el sistema sanitario y los sistemas de previsión
social. El gobierno de Duhalde, para frenar la crisis social que se
expresó en la rebelión del 19 y 20 de diciembre del 2001, había
distribuido 2.000.000 de estos planes. Actualmente el gobierno de
Kirchner intenta reducirlos, y se han dado de baja a 250.000 planes, pero
no se han generado los puestos de trabajo necesarios para suplirlos. Esta
situación resulta insufrible.
Nueva estrategia gubernamental

El éxito y normalidad aparentes de la movilización de este día revela
también el cambio de estrategia del gobierno Kirchner respecto de sus
antecesores, que evita dar una sola respuesta represiva al conjunto del
movimiento piquetero, inclinándose más bien por alternar la represión y
la negociación selectivas con las distintas organizaciones que están en
la base de la rebelión social o se desarrollaron a su calor. Nada
autoriza a pensar que el gobierno de Kirchner vaya a cambiar las
relaciones de poder en Argentina o de hacer un cambio estructural que
altere significativamente la desigualdad social existente. Ni siquiera
ofrece un plan de asistencia masivo contra el hambre, la desnutrición, la
penuria y la habitación miserable. Como señala Daniel Campione: (el gobierno juega a) “presentarse como un
poder reflexivo, capaz de resistir presiones encontradas, que no cede a
los reclamos piqueteros pero tampoco al impulso represor”. Para
desarrollar semejante estrategia “necesitan que piqueteros, asambleas,
fábricas recuperadas, movimientos culturales contestatarios, medios de
comunicación alternativos, todos tengan menos militancia y visibilidad
social. Que lo que quede se dedique a sus problemas locales y
específicos: Asambleas empeñadas sólo en comedores y huertas, empresas
recuperadas preocupadas exclusivamente por la preservación de la fuente
de trabajo, trabajadores desocupados circunscriptos al trabajo barrial y
a la negociación con los poderes locales. Y con los que no se
desmovilicen ni se civilicen en sus prácticas e ideología, todo el poder
de los medios y el estado para derrotarlos en sus luchas,
desprestigiarlos frente al conjunto social mientras se desmoraliza a sus
propias bases, dividirlos hasta el límite de la dispersión...y de última
los cuerpos antidisturbios y el código penal harán el resto”. No hay que
olvidar que bajo este gobierno se desencadenó la represión en Neuquén, se
asesinó a dos piqueteros en Jujuy, mantuvo detenidos a dirigentes
piqueteros en Salta y se cubrió (y cubre) con el manto de la impunidad la
masacre de Avellaneda.
Un futuro incierto

Con todo, el futuro no está escrito y, mucho menos, garantizado el éxito
de la estrategia gubernamental si no puede atender al mismo tiempo a las
reivindicaciones básicas del movimiento piquetero y la sociedad argentina
dejar atrás el pozo de miseria en que la han hundido la clases
empresarial y política. Por su parte, el movimiento piquetero se enfrenta a importantes problemas
si quiere protagonizar en Argentina la movilización contra la injusticia
y la exclusión social. En primer lugar, ha de conseguir atraerse a
sectores más amplios de la sociedad y aunarse con los trabajadores y sus
organizaciones, socavando en ellas el poder de las cúpulas reformistas y
despreciando los modelos organizativos burocráticos que desangran la
energía reivindicativa y frustan todo impulso revolucionario. En segundo
lugar, ha de mantenerse mínimamente unido y autónomo en torno a
exigencias prácticas generales, que cuestionen en su raíz el régimen
capitalista y a la organización político-social autoritaria, estatal. Como han señalado diferentes portavoces de algunos colectivos piqueteros,
“el trabajo ha de organizarse en base a nuestras propias ideas, sin jefe
ni patrón, libre y compartido. Queremos una vida digna para todos, y
pensamos que eso no lo vamos a lograr si no cambiamos el sistema, por eso
levantamos la bandera del cambio social. Reivindicamos la idea de
autonomía, somos nosotros mismos los que definimos nuestra política y los
pasos que vamos dando, con una fuerte idea de democracia y participación
de todos los integrantes del movimiento”. No será fácil, pero nadie dijo
nunca que lo fuese la lucha por la dignidad y la justicia, por la
libertad y la igualdad.
Joan Mena Estrada




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