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(ca) [Chiapas-Kabilia] SE PRESENTA LA LUCHA DEL PUEBLO IMAZIGHEN EN TERRITORIO ZAPATISTA

From a-infos-ca@ainfos.ca
Date Fri, 18 Jun 2004 20:15:27 +0200 (CEST)


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AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
http://www.ainfos.ca/
http://ainfos.ca/index24.html
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Gloria Muñoz Ramírez

La resistencia del pueblo Imazighen, del norte de
África, llegó al Caracol zapatista del ejido Morelia, en forma
de “cuscús” (comida típica de este pueblo argelino), películas,
mapas y una charla en la que Irij, compañero y hermano
originario de la región de Kabilía, expuso a esta comunidad
tzeltal y rebelde, la lucha de su pueblo por la defensa de sus
costumbres y su lengua.

“Nos llaman berebere, que significa bárbaros o salvajes,
pero nuestro verdadero nombre es Imazighen, que significa
“hombres y mujeres libres”, explica Irij a los cientos de niños
y niñas de rostro moreno y zapatista concentrados en el caracol
“Torbellino de nuestras palabras”.

La cita: el 20 de abril. Los asistentes: en su mayoría
niños y niñas zapatistas de la escuela autónoma “Tejiendo la
sabiduría Maya”, de la región de Morelia. El motivo: hermanar
las luchas de dos pueblos, uno del norte de África y otro del
sureste mexicano, que se niegan a ser despojados de su cultura e
identidad, que luchan y resisten, que le dan la espalda al poder
tradicional y lo enfrentan con la dignidad como arma principal.

Irij no tiene la piel oscura, como lo esperaban los
escasos hombres que por estas tierras han oído hablar de África.
“Pero tú no eres negro”, le dicen, y él responde con paciencia
que en Argelia hay muchos güeros, que él nació en Kabilía,
región de este país conquistado por los franceses, que su lengua
se llama kabil y que han resistido durante más de dos mil años a
muchos poderes que intentaron imponerles su lengua y su cultura.

El entusiasmo de Irij contagia a todos. Ha cocinado
durante todo el día y no para de reír. Sirve cada plato del
cuscús cocinado por él y por sus compañeros y compañeras del
Comité de Solidaridad con los Pueblos de Chiapas en Lucha, de
París, como si todo se tratara de una locura que por fin se
realiza: Cuscús para todo un pueblo zapatista, nada más y nada
menos.

La idea empezó a tomar forma en enero pasado cuando, en
el mismo lugar y entre frijoles y tortillas, comida “típica”
tzeltal (y tzotzil y tojolabal y chol y mame y…) les habló a los
zapatistas, aparte de la lucha del pueblo berebere, de la comida
típica y popular de su país. Les dijo que era algo parecido a un
caldo de pollo que se come con sémola de trigo y muchas
verduras, que se sirve en un plato grande parecido a una jícara,
que puede llevar carne de res, de puerco o de pollo. Les
prometió que un día regresaría y lo prepararía para todo el
pueblo. Y lo cumplió.

La fecha elegida no fue casual. El 20 de abril en
Kabilía se celebra un aniversario más del levantamiento de su
pueblo. “Esta fecha para nosotros es un símbolo de la
resistencia contra el mal gobierno militar de Argelia, y sería
un gusto poder compartir ese día con ustedes con una buena
comida”, les escribió Irij a los zapatistas.

Desde el día anterior, Irij y sus compañeros y
compañeras del Comité de Solidaridad de París compraron los
veinte pollos para el cuscús, la sémola de trigo y las verduras.
La mañana del 20, en una gran vaporera hecha especialmente para
la ocasión (con los orificios al fondo de la gran olla formando
las siglas EZLN), emprendieron todos y todas la misión de
cocinar en los fogones de la cocina colectiva del Caracol
zapatista de Morelia. Los más de cien niños y niñas de la
Escuela Autónoma, que tomaban un curso de nivelación para
ingresar al nivel de Secundaria, fueron invitados en sus salones
de clase. Los miembros de la Junta de Buen Gobierno “Corazón del
Arcoiris de la Esperanza”, que hacían el informe financiero de
sus primeros meses de gestión, también fueron convidados, al
igual que las mujeres del pueblo.

Con plato o jícara en mano, los hombres, mujeres y niños
zapatistas hicieron fila. Con una sonrisa curiosa recibieron el
convite y luego, en grupos, se sentaron en el pasto para
disfrutarlo. “Esta es el alimento que come mi pueblo”, les decía
Irij sin parar de servir.

En el Caracol de Morelia se respira la cotidianidad de
la rebelión y la autonomía zapatista. Una generación de niños y
niñas terminó la primaria y ahora aspira a ingresar a la
Secundaria regional autónoma. “No todos salen igual de
preparados de la primaria, por eso primero hay que nivelarnos y
es por eso que ahorita están tomando un curso especial, antes
de entrar a la Secundaria”, explica orgulloso el maestro
tzeltal, quien a su vez es egresado del sistema educativo
zapatista.

Esta generación crece con la insurrección. Tienen
aproximadamente 12 años de edad, o sea que tenían escasos dos
años el primero de enero de 1994, día del levantamiento. A la
salida de la escuela dos niños empiezan a discutir y la
respuesta de uno de ellos no deja lugar a dudas del territorio
que se pisa: “a mi nadie me manda, no ves que soy zapatista”. Es
la generación que ha crecido con la cabeza en alto, orgullosa de
la organización a la que pertenece, formada y educada en el “Ya
Basta”, sin conocer otra forma de enfrentarse el mundo.

Antes de asistir a la comida “berebere”, todos pasan al
río a bañarse, se cambian de ropa, dejan escombrada la litera de
madera que ocupan en su escuela-internado “porque aquí los niños
son alumnos de tiempo completo”, y caminan hacia el Caracol,
donde también les pasarán una película.

En el exaguascalientes, la Junta de Buen Gobierno no
tiene respiro. En estos momentos realizan el informe financiero
de los últimos meses de trabajo y, calculadora en mano, revisan
las cuentas que deben rendir al pueblo. Unos pasos adelante de
su oficina se encuentra un comedor zapatista recién inaugurado
y, en el otro extremo, el cuarto de madera que funciona como
cárcel.

Un hombre que “tomó trago” está detenido y platica con
un hermano que ha ido a visitarlo. Los anfitriones de la comida
africana sirven dos grandes platos de cuscús y se los llevan al
preso y a su visita, previo permiso de las autoridades
autónomas. “En París nadie tiene idea de lo que son las cárceles
zapatistas ni de cómo funciona su sistema de justicia…pero estoy
segura que esto no es lo que se imaginan”, dice una profesora
de preescolar, integrante del Comité y cercana al movimiento
contra las cárceles de París.

Las grandes ollas de cuscús han rendido, y ya con el
estómago satisfecho se espera que la oscuridad le gane al día
para poder ver una película sobre la lucha del pueblo berebere.
Los más de cien alumnos y alumnas toman su lugar en el auditorio
acompañados de sus maestros. También asisten las mujeres de
Morelia y los hombres que se encuentran haciendo algún trabajo
en el Caracol.

La sesión inicia con una clase de geografía en la que
Irij les enseña a todos donde se encuentra África y, dentro de
ese continente, Argelia. Reparten mapas individuales para que
todo el mundo se ubique e imagine las distancias. “Aquí está
América, México, Chiapas y por acá debe de estar el Caracol 4 de
Morelia…y miren hasta acá encontramos África, Argelia… Kabília”.

Señalando un puntito en el Norte de África Irij
explica: “Aquí está mi pueblo y ahí hay gente de muchos colores
y muchas luchas. Hay negros, morenos y blancos. El 20 de abril
de 1980 mi pueblo se levantó contra los militares y empezó una
lucha que dura hasta el día de hoy. Otro día 20 de abril, pero
del 2001, la gente salió a conmemorar la fecha del levantamiento
y a protestar por el trato que recibimos, pero nuestra protesta
fue reprimida y mataron a cientos de personas…En mi pueblo
rechazamos, igual que ustedes, al ejército. No tenemos Junta de
Buen Gobierno, pero también tenemos nuestras propias
autoridades. Nosotros también le pusimos fuego a los palacios
del gobierno y luchamos, como ustedes, por el respeto a nuestra
lengua y a nuestras costumbres…Ahora el ejército le pone fuego a
las escuelas y nos culpa a nosotros, pero no es así…”

Después, por medio de una serie de fotografías
transmitidas en una pantalla, los niños y niñas zapatistas
observan una gran manifestación en el centro de Argelia. “Estos
son cerca de 3 millones de personas que salimos de Kabilía rumbo
a Argel, que es la capital, pero el ejército impidió el paso y
mataron a tres personas”, se les explica.

La historia que narran las fotografías se complementa
con las escenas del documental “Kabilía, el corazón de la
revuelta”, que cuenta tres meses de la resistencia del pueblo
berebere en el 2001. Son imágenes no desconocidas por los
zapatistas, pero en otro tiempo y en otro lugar: manifestaciones
reprimidas por el gobierno, testimonios de quienes se resisten a
perder su identidad, la lucha cotidiana, la pobreza, la
dignidad, la entereza de un pueblo que tiene más de dos siglos
resistiendo.

El pueblo rebelde del Caracol “Torbellino de nuestras
palabras”, escucha y observa.. Irij, al término de la película,
enlista una serie de semejanzas entre la lucha zapatista y la
lucha Imazighen, la de los hombres y mujeres libres de Kabilía:
“Nosotros luchamos, como ustedes, porque haya escuelas y sean
gratis para todos, luchamos por la salud, por la democracia, por
la justicia, luchamos contra el racismo cultural…En Kabilía no
tenemos ni queremos un partido político, sino una organización
horizontal, pedimos respeto a nuestras costumbres y a nuestra
lucha, luchamos contra el poder y los poderosos. Esa es nuestra
lucha y por eso queremos que ustedes la conozcan, así como
nosotros queremos conocer la suya…”


El turno para hablar de su propia lucha toca entonces a
los zapatistas. Yoni, joven maestro de la escuela autónoma,
explica la cotidianidad de un pueblo en rebeldía: “Nosotros
buscamos como convivir, luchar y trabajar. La mayoría de
nosotros trabaja el campo, en el maíz, en el frijol, la
calabaza, el plátano y el chayote. Aquí las mujeres ayudan a sus
esposos en la milpa, ellas se levantan muy temprano y empiezan
la chinga. Aquí no se come el cuscús, se come el maíz y el
frijol, eso se come nada más”. Después Jhony agradece la
presencia de los compañeros y compañeras del Comité de
Solidaridad con los Pueblos de Chiapas en Lucha de París, y una
pregunta de un niño zapatista se deja oír en el auditorio: ¿Qué
significa FLN?.

“El FLN responde Irij, satisfecho con la pregunta-
significa Frente de Liberación Nacional. En 1962 continúa- mi
país se liberó de los franceses y obtuvo su independencia.
Entonces los que se hicieron del poder fueron los del FLN, que
fueron los que lucharon contra los franceses. Pero cuando
ganaron se autoproclamaron dueños del país, sin convocar
elecciones ni nada. El FLN no toma en cuenta la diversidad
cultural del país, para ellos todos debemos ser
árabes-islamistas, sin tomar en cuenta que habemos muchos
argelinos que no hablamos árabe y que nos reconocemos como
bereberes. Nosotros, el pueblo de Kabilía, seguimos luchando por
defender nuestras costumbres. Pero frente a cualquier
reivindicación cultural distinta a la del poder, la respuesta es
la represión”. Lo dicho, esta película los zapatistas ya la
vieron.

Termina la comida, las fotografías, la película y la
charla con una invitación: “Hay que enlazar nuestras luchas.
Nosotros, ustedes y nosotros, vamos a ganar si estamos juntos,
si luchamos juntos. Aquí se lucha por cosas justas, allá también
luchamos por lo mismo. El zapatismo es como nuestra propia
lucha. Allá, en Argelia, se interesan mucho los compañeros por
su lucha de ustedes. Por eso estamos aquí, para conocernos y
para seguir luchando contra los poderosos. Los invitamos a ir a
Argelia para ver su gente y conocerlos de cerca. Allá les vamos
a pasar películas de la lucha zapatista y vamos a prepararles
comida mexicana”. “Serán frijoles y tortillas”, alcanzan a decir
dos niñas que no han parado de hablar y de reír durante todo el
evento.

Así termina una jornada más de un pueblo que las 24
horas del día, de todos los días del año, crea, construye e
inventa un mundo nuevo, uno el que quepan todos los mundos.

A continuación el texto íntegro, escrito por Irij
Maouche, que narra la historia y la resistencia de su pueblo:

Kabilía

Las raíces de la rebelión


Los distintos invasores y colonizadores del norte de África nos
llamaron berebere, pero nuestro verdadero nombre es IMAZIGHEN,
lo que significa “hombres y mujeres libres”. Nuestra lengua es
el TAMAZIGHT, que ha sido prohibida por los invasores, en
particular por los árabes musulmanes, que han preferido imponer
la lengua árabe y la ideología árabo-musulmana. Nuestro
territorio histórico se llama TAMAZIGHA, que ocupa todo el norte
del continente de África. Esta región ha sido invadida por
muchos conquistadores, entre los cuales están los romanos hace
más de dos mil años, los árabes musulmanes hace mil quinientos
años, y los franceses hace más de ciento cincuenta años.

La Kabilía es una región de África del norte, en el país llamado
Argelia, donde siguen resistiendo pueblos bereberes, manteniendo
su lengua, llamada kabil, sus costumbres, y su manera de vivir.
Han resistido desde hace más de dos mil años frente a muchos
poderes que imponían su lengua y su cultura. Ahora en Argelia,
de los más de 30 millones de habitantes, aunque todos
originalmente son bereberes, sólo una tercera parte habla
todavía bien su lengua berebere. El resto de la población habla
una mezcla de árabe, de berebere y de francés. La lengua
oficial, que es la lengua que se escribe y que se habla en la
radio y la televisión, es el árabe literario: se enseña en la
escuela, pero no es comprendida por toda la población.


En 1962, el país de Argelia se liberó de los invasores franceses
y obtuvo así su independencia. Los que se hicieron del poder
entonces eran del partido llamado Frente de Liberación Nacional
(FLN), se autoproclamaron nuevos dueños del país, sin
elecciones. Su ideología era “árabo-islamista”, es decir que
decían que todos los argelinos eran árabes, que sólo hablaban el
árabe, y que todos eran de religión musulmana, llamada “Islam”.
Eso sin tomar en cuenta la diversidad del pueblo argelino, y en
particular la existencia de gente que no hablaban árabe y que no
se sentían árabes, sino que eran bereberes. El primer
presidente, llamado Ben Bella, proclamó la arabización de
Argelia, diciendo: “¡somos árabes!”. Frente a la inconformidad
de los bereberes, mandaron al ejército para callar al pueblo. Y
hasta ahora, frente a cualquier reivindicación cultural
diferente de la del poder, la respuesta ha sido la represión
violenta.

En 1980 estalló una rebelión en Kabilía por las demandas de
derechos culturales, para que se reconozca la lengua berebere en
Argelia. Frente a la represión del poder, el pueblo se movilizó
y hubo muchas marchas y huelgas. Desde ese momento se organiza
más la lucha por el reconocimiento de la cultura berebere, que
sigue hasta ahora. En el 2001, este movimiento estalló otra vez
con fuerza por el asesinato de un joven berebere por la policía.
Toda la Kabilía se levanta entonces para denunciar las
injusticias cotidianas y el desprecio que sufre su lengua y su
cultura por parte del poder. En los enfrentamientos, murieron
más de cien manifestantes y hubo varios centenares de heridos.
La base de este movimiento está en cada pueblo de Kabilía, donde
la gente se organiza para resolver sus propias necesidades, para
que no se meta el mal gobierno argelino. Cada pueblo nombra su
representante, y los representantes de varios pueblos forman una
asamblea. En una región, hacen una coordinación entre todas las
asambleas locales, y así se organizan hasta la coordinación
nacional. Todos los representantes se turnan, y el pueblo
siempre tiene el poder de quitarles su cargo.

Las demandas son de justicia, reconocimiento de los derechos
culturales, garantía de los derechos socio-económicos, para un
desarrollo económico que beneficie al pueblo, y para una
democracia real.

Pero si la mayoría de los kabiles están unidos en las
reivindicaciones de su pueblo, no hay unidad en cuanto a
estrategia política. La división es entre los que piensan que
hay que negociar con el poder y los que no lo quieren. Ciertos
partidos políticos intentan disimuladamente a llevar la gente a
negociar. Esta situación hace que ahora no hay unidad política
en esta lucha.

Todo esta lucha se da en un contexto económico y social muy
difícil para Argelia: a pesar de que es un país con muchas
riquezas, como petróleo y gas natural, la población vive cada
vez más en el desempleo y la pobreza, y ha sido desgarrada en
los últimos diez años por una guerra civil sangrienta que hizo
más de 150.000 muertos, en la que la responsabilidad de los
poderosos no ha sido esclarecida. El mal gobierno está dirigido
sobre todo por generales que trabajan de la mano con los
gobiernos de Estados Unidos y Francia. El FLN en Argelia, igual
que el PRI en México hasta hace poco, es un partido que controla
todo el poder y que no lo quiere compartir, a pesar de que haya
elecciones y que dicen que hay democracia.

Hoy en día, la lucha civil sigue para el cumplimiento de estas
demandas, frente a un poder manipulador que se niega a escuchar
al pueblo. Como pronto vienen elecciones, el mal gobierno
argelino ofrece cumplir algunas de las demandas de derechos
culturales, con el fin de mantener su poder dividiendo al
movimiento.

La lucha del pueblo berebere es la lucha de millones de seres
humanos que viven bajo un poder que les niega el derecho a vivir
con dignidad. Por eso, el movimiento berebere llama a la
sociedad civil internacional a solidarizarse con su lucha.





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