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(ca) La Campana #235: LA OPRESIÓN Y LA MUERTE - De los estados terroríficos a los atentados terroristas

From a-infos-ca@ainfos.ca
Date Thu, 12 Feb 2004 19:02:49 +0100 (CET)


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AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
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http://ainfos.ca/index24.html
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Encadenado en la glacial montaña del Cáucaso, en la pequeña y agreste
región que hoy llamamos Chechenia, yace el indómito Prometeo. Está siendo
ferozmente castigado por Júpiter, el Tirano. Sin embargo, el titán hecho
de pedernal no se doblega, aún antes grita: Guardaos vuestra piedad para
los esclavos del cielo, para los serviles de un amo a quien hacen
todopoderoso con su mansedumbre ... pues yo solo sé que el dominio de
Júpiter se tiene que acabar y con él mi opresión.
Un atentado terrorista

El viernes, 6 de febrero, un salvaje atentado en un vagón del Metro de
Moscú provocó una escalofriante matanza. Decenas de personas han muerto y
cientos han resultado heridas. Se trata del atentado más cruento cometido
en Moscú desde 1999, aunque nada comparable a las bombas que estallaron
sobre Chechenia entre 1991 y la actualidad, alguna de las cuales sepultó
bajo los edificios derribados de todo un barrio de Grozni, la capital de
Chechenia, a cientos de personas. Todo apunta a que la explosión en el tren subterráneo de Moscú fue
provocada por una mujer que llevaba los explosivos en dos maletas
disimuladas como equipaje de mano. Probablemente la mujer era de origen
checheno, pues ya los grupos guerrilleros de aquél martirizado país
habían jurado que “se harían presentes de un modo terrible en el proceso
electoral que vive Rusia”. Con anterioridad se habían producido otros ataques terroristas contra el
Metro de Moscú, el primero del mundo en número de pasajeros por kilómetro
de vía y, en consecuencia, fácilmente vulnerable. Los atentados habrían
sido presuntamente responsabilidad de guerrilleros chechenos, aunque no
faltasen en cada ocasión quienes los atribuyesen, con mayor o menor
fundamento, a la mafia organizada y a oponentes políticos de los
sucesivos presidentes de gobierno, primero Yeltsin y ahora Putin. Lo
mismo sucede en esta ocasión.
Campaña electoral

En este mes de febrero comenzaba de facto el proceso electoral ruso que
debe culminar el 14 de marzo. Según todos los analistas, el atentado hay
que analizarlo en este contexto, fuesen o no los separatistas chechenos
los culpables de la masacre, lo que a estas alturas pocos dudan. Para los guerrilleros chechenos, este proceso es más bien una contienda
electoral amañada en la que se presenta como candidato principal, con
todas las cartas en su mano para ser elegido y perpetuarse como
presidente de Rusia, Vladimir Putin. ¿Quién es Vladimir Putin para cualquier miembro no ignorante del pueblo
checheno y, sobre este asunto, pocos pueden serlo? Indudablemente y con
toda razón, “uno de los más siniestros carniceros de Chechenia”, el jefe
electo en la cúspide del estado ruso de los Escuadrones de la muerte,
responsables de terroríficas masacres y actos de tortura en la pequeña
provincia caucásica, y también actual jefe supremo del Ejército ruso, que
literalmente arrasó el país, destruyó sus ciudades, incendió los pueblos,
arrasó las aldeas y mató a cientos de miles de personas en Chechenia
desde 1991. Es decir, para los grupos chechenos alzados en armas por la segregación
de su país de Rusia, la elección democrática de Vladimir Putin a la
presidencia no significa otra cosa que la continuidad de la insufrible
opresión de Chechenia y la matanza de familias y pueblos enteros a manos
del ejército ruso y su gobierno títere. Además, Putin es por si mismo,
uno de los más encarnizados opositores rusos a la concesión de la
autonomía y/o independencia reclamadas por la abrumadora mayoría del
pueblo checheno y convirtió esa oposición en uno de los pilares de su
“oferta político-electoral”.
¿Puede ser un presidente una rata a exterminar?

Por supuesto, mientras Putin aseguraba, una vez más, que exterminaría a
los independentistas chechenos (lo que se traducirá inmediatamente en el
asesinato de unos cuantos miles de campesinos y pastores chechenos,
hombres, mujeres y niños, que sumar a los ya producidos), los poderosos
gobiernos occidentales -los Bush, Blair, Aznar y demás patibularios- se
dedicaron a lanzar temibles denuestos contra los abominables actos
terroristas chechenos por el dolor infringido a decenas de personas
inocentes, sin que les avergüence hacer como que no ven, -sino es que
participan de algún modo de ello- el tremendo sufrimiento de la población
de Chechenia y los horripilantes abusos de Putin y compañía. Por su parte, los esclavos del tronante señor Putin y de los otros
agentes del Terror de Estado, los medios de comunicación, escribirán
soberbios editoriales lamentándose de que la “insuperable crueldad del
atentado deslegitime cualquier causa que sus autores pretendan invocar” y
a los que por tanto, “hay que eliminar como ratas”. Si hay vileza en el atentado de Moscú (y yo considero que no la hay,
aunque sí otras condiciones no menos terribles y rechazables, pero sí más
humanas), no es menor, sino muy superior, en sufrimientos y vidas
arrebatadas, la que rige los actos del Estado ruso en Chechenia desde
hace diez o más años. Y por tanto, no cabe admitir que se puede perseguir
como a ratas a los comandos chechenos, sino se está dispuesto a hacer lo
mismo contra el ignominioso presidente ruso y todo lo que él representa,
es decir, el Estado ruso, su ejército (responsable de actos horribles
continuados, según reconocen todos los observadores imparciales y las
organizaciones de Derechos Humanos, como Amnistía Internacional), sus
Escuadrones de la Muerte, y, por supuesto, contra todos los que les
apoyan, esconden sus crímenes y frecuentan los despachos desde que sale
renovada la muerte hacia Chechenia. Baste indicar que en Chechenia vivían
en 1990 aproximadamente 1.100.000 personas, de las que el 80%
aproximadamente eran chechenos (el resto rusos y de otros grupos
étnicos); pues bien, de ese millón escaso de habitantes chechenos, según
los observadores internacionales y ONG’s testigos, fueron asesinadas
cerca de 300.000 personas.
Miedo y sistema electoral

Según parece y confirman todos las empresas dedicadas a la industria
electoral, el atentado de Moscú ayudará a la reelección segura de Putin,
pues la exhibición de brutalidad y poderío exterminador sobre los
“bandidos y terroristas”, en este caso chechenos, da votos en las
democracias al uso y no los quita. Del mismo modo que, al parecer, el
bombardeo de Afganistán y la invasión sangrienta de Iraq, lograron
disparar la popularidad del presidente Bush en EE UU. La “mano dura” y el
“pulso que no tiembla ante la orden de ejecución contra los enemigos”
(así se expresaba y llevaba a efecto el dictador Franco) parece estar de
moda entre las masas electorales. Tal como están las sociedades de degradadas, es seguro que el señor Putin
y sus siniestros compinches se consideren respaldados en su estrategia de
“solución militar” para Chechenia por la opinión pública rusa, ese
malévolo engendro que ellos, los demócratas, han sabido crear sobre los
restos de la mayoría silenciosa propia de las tiranías descaradas.
Una estrategia sobre cuatro pilares

La “solución para Chechenia” que hasta ahora venía aplicando Putin de
modo implacable y que, como candidato electoral, promete continuar
haciendo tras el 14 de marzo al ser reelegido como presidente, tiene
cuatro pilares básicos: - Reducir la proporción de chechenos en Chechenia, por el procedimiento
del exterminio y la deportación masiva, al tiempo que se promueven con
grandes dificultades colonizaciones de rusos y otros grupos étnicos no
chechenos. - Mantener aterrorizada por todos los medios posibles -asesinatos,
torturas, palizas, actos de violencia gratuita, robo de alimentos y
enseres- a toda la población urbana o aldeana chechena, gracias a un
ejército de ocupación que alcanza la cifra de 100.000 efectivos (para un
territorio equivalente a la mitad de Galicia). Al mismo tiempo, se
bombardean sistemáticamente los enclaves montañosos que pudieran servir
de refugio a los guerrilleros y se mata a cuanto rebaño pastoree fuera de
las aldeas controladas por el ejército. - Nombrar democráticamente ¡por supuesto bajo la amenaza de las armas y
sin antagonistas posibles! a algún personaje (Ajmedam Kadirov) como
presidente de un gobierno ficticio, que disimule a ojos de la población
rusa el verdadero carácter del régimen que sostiene y, al mismo tiempo,
permita cubrir las apariencias que exige la legitimidad internacional. A
esta fantasmagoría sangrienta la llaman en los documentos oficiales “la
normalización política de la provincia”. - Anular cualquier oposición a su implacable y sangrienta tiranía tanto
en el interior de la inmensa Federación Rusa (el espantajo de los
bandidos chechenos cumple en esto un importante papel) como en el resto
del mundo. No le preocupa a Putin lo más mínimo que se conozca la obscena crueldad
de su política o la vulneración sistemática de los derechos humanos -al
contrario, considera que le favorece y es muy posible que así sea-, pero
sí que todos los gobiernos del mundo rindan vasallaje a su “solución” y
acepten que el caso checheno es asunto “interno” de Rusia, en el que no
cabe “ingerencia” exterior alguna
Por solidaridad con el pueblo checheno, No a los estados y a su terror

No cabe para los anarquistas simpatía alguna por los grupos secesionistas
chechenos, ni por sus ideas ni por sus modos de organización y
procedimientos autoritariamente atroces, ejercidos con frecuencia contra
su propio pueblo, pero sí cabe, y es preciso reconocerla y ejercerla,
toda la solidaridad posible con el pueblo checheno, al que unos matan y
los otros no dejan vivir, al que unos bombardean y otros les arrebatan su
propia voz y traicionan su fiera independencia, al que unos estados
aterrorizan y oprimen y otros, que se quieren también estado y lo son en
ciernes, les lleva a sus hijos a la muerte falsamente heroica. Dinamitar los cuatro pilares de la “solución Putin” a Chechenia, resulta
una obligación insoslayable, la única tarea posible que legitima nuestro
dolor por las víctimas del atentado en Moscú y nuestro rechazo humanista
a prácticas tan atroces.
Ricardo Colmeiro




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