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(ca) EL LIBERTARIO Nº40: El eclipse de los movimientos sociales

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Date Thu, 23 Dec 2004 18:58:53 +0100 (CET)


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AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
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Redacción
Es inexacto afirmar que los resultados de las pasadas elecciones
regionales responde a un crecimiento del chavismo en tanto fuerza
política. Si bien se corresponde con su viejo deseo de ocupar tanto
espacio en la estructura de poder como sea posible, el actual monopolio de
la conserjeria del Estado tiene que ver más con la erosión de las
expresiones partidistas tradicionales que con una estrategia cuantitativa
de transformación social, que sólo en la retórica el Bolivarianismo
representa.Hagamos un somero repaso al devenir histórico contemporáneo del país para
explicar nuestra afirmación. El Caracazo de 1989 inaugura ferozmente la
crisis de gobernabilidad del modelo puntofijista. Es a partir de ese
febrero que una sociedad civil, ajena a los partidos políticos del status
y a la relación clientelar con el Estado, comienza a configurarse. Por
nombrar alguna de sus formas, encontramos que las primeras organizaciones
de Derechos Humanos, la red ecologista que impulsó la Ley Penal del
Ambiente y las redes sociales que impulsaron las movilizaciones contra el
“paquete” de Carlos Andrés Pérez sólo fueron posibles en ese contexto,
cuando con claridad las expresiones institucionales de la democracia
venezolana mostraban evidentes signos de agotamiento.
Chávez y su movimiento golpista de 1992 se superponen a esa dinámica de
movilización y toma de conciencia, logrando darle un rostro –gracias a la
amplificación mediática- al descontento. Repetimos: una organicidad que
cualitativa y cuantitativamente es contemporánea a su movimiento
originario y de la cual el MBR-200 sólo era parte. El paracaidista de
Sabaneta realiza una acertada y pragmática lectura de la realidad, pasando
de su abstencionismo militante –en cuya etapa pudo granjearse la simpatía
de innumerables movimientos de base- a la candidatura presidencial, no lo
olvidemos, con el apoyo de grandes medios masivos de difusión y el
financiamiento de sectores del capitalismo internacional. Chávez y su
dominación carismástica logran convencer a diversos sectores que él
representa la “vanguardia” de la lucha contra el binomio adeco-copeyano y
un proyecto de transformación de carácter “revolucionario”. La miopía de
los partidos tradicionales y su propia momificación aceleraron su
implosión, una crisis disimulada por el protagonismo mediático de los
sucesos del 2002, pero que mas pronto que tarde –como efectivamente
sucedió- terminaría por desmantelar los cascarones vacíos de tales
agrupaciones.
Institucionalizando la rebeldía
Decíamos que Chávez logra cabalgar sobre una ola de descontento popular
que comenzó en 1989 la costura de un tejido social compuesto por infinitos
embriones de organización, con diferentes y crecientes niveles de
articulación entre sí. Una de las virtudes del chavismo es recoger
diversas reivindicaciones para incorporarlas en su difusa ideología dando
la sensación de que el bolivarianismo era la expresión “legítima” del
acervo social y de izquierda del país. El siguiente paso era establecer
una dirección incontestable, paradójicamente difundiendo una propuesta
democrática “participativa y protagónica” e imponer a sus bases de apoyo
una agenda decidida desde arriba, básicamente limitada a la relegitimación
en las urnas. De esta manera los movimientos sociales desgastados debido a
su progresiva incorporación a la lógica acumulativa político-electoral
hipotecan su propia autonomía, y, lo más importante para la imposición de
un modelo autoritario de dominación, inmovilizados para levantar
reivindicaciones propias. En la imposición de modelos organizativos
dirigidas a pulso por una persona y en la desarticulación de las dinámicas
ciudadanas que le precedieron se encuentran claves básicas de la
venezolana actual.
Citemos algunos ejemplos. Cuando el actual presidente era candidato una de
sus promesas, ganándose el beneplácito del movimiento ambientalista e
indígena, era detener el tendido eléctrico hacia el Brasil. Ubicado en
Miraflores abona el terreno para efectivamente continuar con la obra
dividiendo ambos movimientos –ordenanzas rimbombantes, cargos y dinero- y
criminalizando a los sectores reacios a la institucionalización. Todos
recordamos como la solitaria acción directa del pueblo pemón de la Gran
Sabana contra las torres eléctricas se acompañó de la nula respuesta de un
fragmentado y agarrotado movimiento verde e indigenista, lo que allanó la
fácil criminalización del derribamiento de las torres eléctricas. Otro
caso del mismo tenor. Durante el segundo período de Rafael Caldera un
potente movimiento ecológico logra detener la pretensión de reglamentar la
explotación minera y maderera de la Reserva de Imataca. Tras la imposición
del chantaje, sin duda a cuatro manos, y la agenda centrada en lo
electoral, el mismo decreto es implementado por un gobierno “progresista”
sin ningún tipo de contestación.
Descentremos nuestro enfoque en los ecologistas y observemos otros
movimientos. El 12 de octubre pasado un grupo de organizaciones populares
deciden realizar su propio acto contra el llamado “Día de la Raza”, fuera
de la agenda oficial. Como respuesta obtuvieron a tres de sus integrantes
detenidos y la criminalización como “vandálicos” y “anárquicos” desde las
altas esferas. Hugo Chávez, evidenciando una vez más como el rey está
desnudo, los acusaba de no “aceptar liderazgo” –el suyo por supuesto- y de
que los implicados eran manipulados por quienes poseían “proyectos
personales”. Cuando los afectados realizaron una manifestación en
solidaridad con sus presos lograron la exigua convocatoria de 50 personas.
Incluso, los websites que cubrían la suerte de los detenidos
posteriormente centraron su atención en las elecciones regionales
silenciando la suerte de sus propios presos políticos.
Otro caso entristecedor son las organizaciones de mujeres. Ante el
horrorizante caso de las torturas inflingidas a Linda Loayza presuntamente
por su pareja, la respuesta de los grupos de género es bastante pobre. En
la manifestación de un centenar de sus activistas frente al TSJ el pasado
26 de octubre, una de las miembros del Consejo Nacional de la Mujer se
quejaba amargamente de la escasa concurrencia: un centenar de personas en
su mayoría mujeres. “Tenemos que aprender que Chávez no es el único que
convoca, ¿dónde están las mujeres de este país”. Lo anterior es sumamente
ilustrativo. Diversas organizaciones de base le han cedido a la V
República un cheque en blanco con la esperanza, muchas veces ingenua, de
tener en lo sucesivo un espacio propicio para el cumplimiento de sus
propias demandas. El resultado ha sido un Frankestein autócrata, una nueva
burocracia enquistada progresivamente en el poder repitiendo los vicios y
exclusiones de sus predecesores, en donde los cuestionamientos desde sus
propias filas se han silenciado bajo el chantaje de no dar “armas al
enemigo”. Cantando la copla electoral de “Florentino”, los activistas de a
pie alineados con el chavismo tienen frente a sí el chantaje de mantenerse
en la vigilia de los subsiguientes comicios, una lucha contra molinos de
viento hasta por lo menos el 2006, mientras la política económica del
gobierno continúa realizando las peores concesiones conocidas al
capitalismo globalizado desde Juan Vicente Gómez.
Tejiendo la colcha de lo social
Mientras algunos voceros de la oposición culpan de la debacle a la
abstención en las regionales, situados desde nuestra perspectiva afirmamos
que el desplome de los partidos tradicionales experimentado es parte del
movimiento telúrico iniciado en el país en el 1989, un desastre
parcialmente disimulado por el protagonismo mediático y circunstancial de
sus dirigentes. Estas organizaciones ya no pueden ocultar su verdadero
rostro: cascarones vacíos de propuestas, con muchas agallas y con la misma
dirigencia y vicios heredados del puntofijismo. Si la V República ha
logrado capitalizar el chantaje de “conmigo o con el pasado”, la
definitiva eclosión de estos y el control de la mayor parte del país por
los bolivarianos desnudará a su vez su demagogia, su falta de proyecto y
el carácter aluvional de su pretendida legitimidad. Si Chavez y sus
áulicos son expresión de la crisis inaugurada en 1989 es ahora que
comenzarán, desde abajo y antagónicamente, nuevas maneras de relaciones
sociales.
Ningún gobierno y ningún Estado promueven verdaderos y profundos cambios.
Los movimientos sociales, de diverso signo y actuando en diferentes
niveles, son la única garantía de transformación. Si la Coordinadora
Democrática y sus diferentes partes se hunden, hagamos peso para su
definitiva desaparición. La gente debe buscar soluciones para la propia
gente, estableciendo dinámicas de organización basadas en lo territorial y
con una agenda política propia insobornable e impostergable. Tímidamente
algunos embriones actúan en diversos espacios, pero ante la muerte del
espantajo puntofijista, empieza la hora del verdadero protagonismo. Esto
se hace sin prisa pero sin pausas, el camino de la libertad y de la
justicia social no reconoce atajos. Por eso la labor imprescindible en el
momento actual es la reconstrucción de un tejido social, una colcha de
organizaciones e iniciativas plurales y heterogéneas que contrapesen el
caudillismo militar-estatista representado por el actual presidente
venezolano. Desechando la política de las representaciones y el facilismo
mediático, nuevos valores como la horizontalidad, la democracia directa,
el antimilitarismo, la construcción de redes no jerárquicas, la autonomía
y la autogestión serán las palancas en las cuales los nuevos movimientos
pueden afincarse. Y aquí, confundidos entre los ciudadanos de a pie
estaremos los anarquistas. El proceso de legitimación del mentado
“Bolivarianismo” ha llegado a su climax, de aquí en adelante su destino
ineludible es la lenta y progresiva degradación.



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