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(ca) John Holloway en Brasil (pt)

From a-infos-ca@ainfos.ca
Date Fri, 17 Dec 2004 20:21:48 +0100 (CET)


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AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
http://www.ainfos.ca/
http://ainfos.ca/index24.html
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John Holloway: Nuestro poder es el poder del hacer, del crear,
de la socialidad. El poder de ellos es el poder de separar, de
individualizar, el poder de lo que es.
I. - ¿Qué hacer con la desilusión? ¿Qué hacer cuando la democracia no
funciona? Brasil es un lugar muy especial para plantear estapregunta. Hace
apenas dos años la izquierda mundial festejó el triunfo deLula en las elecciones. Aquí por fin hubo una gran victoria para la
democracia, una victoria real para la izquierda. Y no cualquier izquierda,
sino de un partido de militancia comprobada, con un líder obrero de
militancia comprobada. Aquí por fin todo el mundo podía ver que era posible
cambiar la sociedad a través de las elecciones democráticas.

¿Y ahora? Ahora, dos años después, la desilusión total. La elección de
Lula no ha cambiado Brasil, el gobierno sigue implementando las mismas
políticas, las políticas del capitalismo neoliberal.
¿Qué van a hacer entonces con la desilusión? ¿Escoger otro líder
y esperar que resulte mejor que Lula? ¿Formar otro partido y esperar que
sea mejor que el PT? Esto es lo terrible de los gobiernos de izquierda:
cuando fracasan (y siempre fracasan) parece que no hay ninguna solución
y se instala la depresión.

El fracaso de Lula no es simplemente un fenómeno brasileño. Es
la repetición en Brasil de una experiencia mundial. Hay una palabra
que ocurre una y otra vez en la historia de la izquierda
estadocéntrica en todo el mundo: traición. El hecho de que la traición se
repite tan seguido hace que el concepto mismo de “traición” es ridículo.
El fracaso de la izquierda no puede ser simplemente cuestión de traición,
de la culpa de un líder ni de la culpa de un partido: tiene que tener algo
que ver con las estructuras mismas.El hecho de que no es simplemente una
experiencia brasileñasignifica que tenemos que ir más allá de una crítica de Lula o del PT.

II. - El problema no es Lula ni el PT sino la democracia
representativa.
La democracia representativa no es nuestra democracia, es la
democracia de ellos, la democracia del capital. No articula nuestro poder,
articula el poder de ellos, el poder del capital, el poder de los poderosos.
Nuestro poder no es como el poder de los poderosos. Es todo lo
contrario.
Nuestro poder es el poder-hacer, el poder creativo. Nuestro
poder-hacer es el poder de producir y reproducir la vida, pero también el
poder de hacer las cosas de otra manera, el poder de cambiar el mundo.
Este es el poder que sentimos en un evento como este: una confianza
colectiva deque podemos hacer las cosas de otra manera.

Nuestro poder es un poder colectivo, un poder social. El hacer
es el centro de nuestro poder, y es imposible imaginar un hacer que no
sea social, un hacer que no dependa de los haceres de otros, en el
pasado o en el presente. Nuestro hacer es siempre parte de un flujo social
del hacer.
El desarrollo de nuestro poder siempre implica el reconocimiento
explícito de la socialidad del hacer, implica, en otras palabras, un
movimiento de reunir, de afirmar una subjetividad social, un Nosotros
creativo.
El poder de los poderosos es todo lo contrario. Detrás de sus
armas y de sus bombas hay un movimiento de separación, de fragmentación. El
capital es un movimiento de separación que fragmenta la socialidad del
hacer. El capital toma lo que los hacedores han hecho y dice “¡esto es
mío!” El capitalista rompe el hacer, separa lo hecho del hacer y del
hacedor, y con eso todo se rompe, cada aspecto de la vida. Sobre todo
nosotros estamos rotos. Nosotros estamos rotos como sujeto social,
despedazados en millones de individuos atomizados. El capital es la
ruptura del hacer social, y cuando el hacer se rompe, el ser se impone, lo
que es domina.
Vemos los horrores del mundo, los niños que mueren, la pobreza y
la injusticia, las bombas que caen, y gritamos “¡NO! No puede ser.
Tenemos que cambiar el mundo, tenemos que hacer otro mundo” Y ellos se
ríen:
“Ustedes son nada más un grupo de individuos. No pueden cambiar
el mundo porque el mundo es así, así son las cosas”.

Están equivocados, por supuesto. Lo que es es solamente porque
nosotros lo hemos hecho y lo seguimos haciendo. Lo que es depende de
nuestro hacer. El capital depende de nosotros. El capital se ve tan
estable, se ve como algo eterno. Pero no lo es. Existe solo porque
nosotros lo creamos, no porque lo creamos hace doscientos años, sino
porque lo creamos hoy, lo estamos creando hoy. El problema no es abolir el
capitalismo, el problema es dejar de crearlo.El conflicto entre nuestro
poder y él de ellos (nuestro poder-hacer y el poder-sobre de ellos) no es
simplemente un conflicto entre el poder de abajo y el poder de
arriba.Nuestro poder es el poder del hacer, del crear, de la socialidad.
El poderde ellos es el poder de separar, de individualizar, el poder de
lo que es.
Nuestro poder disuelve, el poder de ellos fija. Son dos movimientos muy
distintos, dos lógicas distintas, dos lenguajes distintos, dos
formas distintas de organización.Es importante reconocer esto, porque
ellos (los poderosos, los capitalistas) siempre están tratando de jalarnos
hacia su lógica, su lenguaje, su forma de hacer y de pensar. Lo hacen de
muchas maneras, y una de las maneras más importantes es a través de la
democracia, invitándonos a jugar su juego de la democracia.

III. - Nuestra democracia no es como la democracia de los
poderosos. Todo lo contrario.
De la misma forma en que hay dos tipos de poder, también hay dos
tipos de democracia: la democracia de ellos, de los poderosos, y nuestra
democracia, la democracia de la resistencia.

Representación es el principio de la democracia de ellos: ¡deja
que alguien tome tu lugar!

Participamos en las decisiones del estado, dicen, escogiendo a
nuestros representantes. No hay otra forma, dicen, porque los estados
modernos no son como las polis griegas: sería imposible incluir a cincuenta
o cien millones de personas en una asamblea, por lo tanto, dicen, la
única forma en que la democracia puede funcionar es a través de la elección
de representantes. Por lo tanto, en las sociedades modernas, dicen,
la democracia significa representación. En las elecciones escogemos
libremente quién va a hablar por nosotros, quién nos va a
representar en el parlamento y formar el gobierno. Si no nos gustan, los
podemos cambiar después de tres o cuatro años. Votando participamos en el
gobierno del país. La representación significa democracia y democracia es
buena, dicen.

Pero entonces ¿por qué es un desastre? ¿Por qué no funciona?
¿Por qué sentimos que estamos excluidos? ¿Por qué, bajo Bush y Blair, la
democracia se ha convertido en un arma de destrucción masiva? ¿Por qué es
que cuando la gente elige a Lula para cambiar la sociedad, no pasa nada?

Es porque la representación nos excluye en lugar de incluirnos.
En las elecciones escogemos a alguien para hablar por nosotros, para
tomar nuestro lugar. Nos excluimos a nosotros mismos. Creamos una
separación entre aquellos que representan y nosotros los representados y
congelamos esta separación en el tiempo, dándole una duración, excluyendo a
nosotros como sujetos hasta que tengamos la oportunidad de renovar la
separación en las próximas elecciones. Se crea un mundo de la política,
separado de la vida cotidiana de la sociedad, un mundo de la política
poblado por una casta distinta de gente que habla su propio lenguaje y
tiene su propia lógica, la lógica del poder. No es que esta gente
estétotalmente separada de la sociedad y sus antagonismos, porque se
tienen quepreocupar por la próxima elección y las encuestas y los grupos organizados
de presión, pero ven y escuchan solamente aquello que está traducido a su
mundo, a su lenguaje, a su lógica. Al mismo tiempo se crea un
mundoparalelo, un mundo teórico, académico que refleja esta separación
entrepolítica y sociedad, el mundo de la ciencia política y del periodismo
político, que nos enseña el lenguaje y la lógica peculiares de los
políticos y nos ayuda a ver el mundo a través de sus ojos ciegos. La
representación es parte del proceso general de separación que es el
capitalismo. Es totalmente falso pensar en el gobierno representativo como
un desafío o como un desafío potencial al capital. La democracia
representativa no está opuesta al capitalismo: es más bien una extensión
del capital, proyecta el principio de la dominación capitalista (es decir,
la separación) dentro de nuestra oposición al capital.La representación
consolida la atomización de los individuos (yla fetichización del tiempo y del espacio) que el capital impone.
La representación separa a los representantes de los representados,
a los líderes de las masas, e impone estructuras jerárquicas. La
izquierda siempre acusa a los líderes y los representantes de traición,
pero no hay ninguna traición, o más bien la traición no es un acto de los
líderes sino que es parte integrante del proceso de representación.
Traicionamos a nosotros mismos cuando le decimos a alguien: “toma tu mi
lugar, habla por mí”. Elección es traición.
IV. - ¡Ya basta de representación! ¡Ya basta de representantes!
¡Que se vayan todos! El grito de los argentinos es un grito en contra de
todos los políticos, en contra de todos aquellos que quieren
representarnos, que quieren tomar nuestro lugar. "¡Que se vayan todos!” es
un grito que resuena en todo el mundo porque en todo el mundo la gente
estáharta de los políticos profesionales, de aquellos miserables que toman
nuestro lugar, que nos representan.

No es un grito en contra de la democracia, sino por otro tipo de
democracia, una democracia sin representantes, una democracia
que no nos excluya, una democracia que sea nuestra. Estamos re-inventando
la democracia.Tenemos que empezar otra vez desde el principio, y el
principio es el grito, el grito de NO a la sociedad como existe, el grito
de NO al capitalismo. El grito es tan obvio en Brasil como lo es en
México: un grito de NO a este contraste terrible entre una potencial humana
tan exuberante y una miseria tan espantosa. La única forma en la que
podamos vivir como humanos es diciendo NO, gritando NO.Pero el NO
contiene un Sí, un proyecto, una proyección de otro mundo. Gritar NO a este
mundo es decir que otro mundo es posible. Otro mundo es posible porque
nosotros lo podemos hacer diferente. Lo podemos hacer diferente si
nosotroslogramos determinar nuestro propio hacer. El grito de NO y el
proyectoque contiene de otro mundo implica un impulso hacia la auto-determinación.
NO, ustedes no van a decidir por nosotros, nosotros mismos vamos a decidir.
Reinventar la democracia significa articular este impulso hacia la
auto-determinación.

El impulso hacia la auto-determinación no es la auto-determinación: no
puede haber auto-determinación en una sociedad capitalista,
simplemente por que el capitalismo está basado en la negación de la
auto-determinación. El impulso hacia la auto-determinación es un
movimiento, un mover, basado en la negación, en el NO. No
tenemos auto-determinación, lo que tenemos es un NO a la determinación
ajena y el impulso hacia la auto-determinación. Empezamos desde el NO y nos
movemos para fuera. En otras palabras, empezamos desde las fisuras, las
grietas en la dominación capitalista. Empezamos desde los NO, desde las
negaciones, las insubordinaciones, las proyecciones en-contra-y-más-allá
que existen por todos lados. El mundo está lleno de fisuras de este tipo,
denegaciones. En todas partes del mundo hay gente diciendo,
individual y colectivamente “No, no vamos a hacer lo que nos dice el
capitalismo: vamos a moldear nuestras vidas como nosotros queremos”. A
veces estas fisuras son tn pequeñas que ni los rebeldes mismos están
conscientes de su propia rebeldía, a veces son tan grandes como la Selva
Lacandona – y mientras más nos enfocamos en ellas, más empezamos a ver el
mundo no como un sistema cerrado de dominación total capitalista, sino
como un mundo lleno de fisuras, de negaciones, de resistencias, un mundo
preñado de otro mundo.Cada fisura es un impulso hacia este otro mundo, es
decir unimpulso hacia la auto-determinación. Nuestra lucha es para extender y
multiplicar y profundizar y fortalecer estas fisuras. Estamos hablando de
revolución, pero en la única forma en la cuál es posible concebir la
revolución ahora, como revolución intersticial.Esta es la reinvención de la
democracia, una reinvención que ya está en progreso. Este es un proceso
fragmentado pero universal y con raíces profundas. Tiene sus raíces en la
práctica cotidiana de la gente. Normalmente no mandamos a la gente que
queremos: discutimos, buscamos un consenso, desarrollamos formas
colectivas de tomar decisiones, formas horizontales: este es el
significado de la amistad o del compañerismo. Muchas de las luchas
actuales contra elcapitalismo en el mundo toman como principio básico de
la organización queel movimiento debería ser una extensión de relaciones de amistad
ycompañerismo de este tipo. La meta básica de la organización es extenderformas colectivas y horizontales de tomar decisiones. Donde alguna forma
dedelegación es necesaria, es importante que sea posible revocar la
delegación de inmediato, que sea de duración corta y, en la medida de
loposible, que haya rotación de los delegados.
La reinvención de la democracia es, por supuesto, una renovación
de una larga tradición de organización en la lucha anti-capitalista: es
la tradición de la democracia concejista o comunista o asemblista,
que está discutida en el análisis de Marx de la Comuna de Paris, que se
puede encontrar en los soviets de la revolución rusa, los concejos
comunitarios de los zapatistas, las asambleas barriales argentinas y en
muchos otros movimientos. Decir que la democracia representativa no es una
forma de organización adecuada para el impulso hacia la
auto-determinación no significa, por supuesto, que la democracia directa o
concejista no tenga sus problemas. La distinción entre delegados y
representantes es crucial, pero siempre va a depender en la práctica de la
participación activa de la gente. También en una comunidad pequeña hay
muchos problemas prácticos relacionados con aquella gente que no puede o
no quiere participar activamente en el proceso, el peso disproporcional
que adquiere la gente más activa o más articulada, etcétera. Probablemente
problemas de este tipo son inevitables, en la medida en que un sistema
perfecto de democracia directa implicaría la participación de
personasemancipadas.Pero no somos (todavía) emancipadas. Somos más bien discapacitados
ayudándonos mutuamente a caminar, cayendo frecuentemente. Sin
duda alguna hay algunos que pueden caminar mejor que otros: en este sentido
la existencia de algún tipo de vanguardia probablemente no se puede
evitar.
La pregunta es si estos medio-discapacitados deberían avanzar
corriendo – como vanguardia – dejando a los otros gateando en el piso y
gritándonos “no se preocupen, vamos a hacer la revolución y regresaremos
para ustedes” (pero sabemos que no lo van a hacer), o si tratamos mejor de
avanzar al mismo paso, ayudando a los más lentos.

Probablemente uno no puede pensar en la democracia directa como
modelo o como una serie de reglas sino más bien como orientación como
lucha incesante para destilar el impulso hacia la auto-determinación
social que existe dentro de todos nosotros. No puede haber modelo fijo
precisamente porque el impulso hacia la auto-determinación es el movimiento
de una pregunta. Lo que es importante no es el detalle sino el sentido
del movimiento: en contra de la separación y la substitución, hacia
el fortalecimiento de la comunidad de lucha, una comunidad basada
en el reconocimiento mutua de la dignidad humana.

V. - ¿Qué hacer, entonces, con nuestra desilusión? En todo el
mundo existe el mismo desencanto, una crisis de confianza en el estado y en
la posibilidad de lograr cambios a través de la democracia representativa,
una crisis de confianza en los partidos políticos. La pregunta
para nosotros es cómo reaccionamos a esta crisis. ¿Decimos “vamos a
luchar por un estado justo con una democracia representativa genuina y
vamos a fundar un partido político nuevo y honesto que realmente
representa los intereses de sus miembros” o decimos simplemente “NO al
estado, no a lademocracia representativa, no a los partidos políticos”?
La respuesta es clara. Decimos NO al estado, a la democracia
representativa, a los partidos políticos. No podemos cambiar elmundo a
través del estado, ni a través de la democracia representativa,ni a través de los partidos políticos. Estas son formas de
organización que nos excluyen, no articulan el impulso hacia la
auto-determinación.No estoy diciendo que no deberíamos nunca votar:
probablemente en algunascircunstancias sí tiene sentido votar. Pero está claro que no
podemos cambiar el mundo a través de las elecciones. La crisis de la
democracia y de los partidos no es un problema, es una oportunidad, una
oportunidad de reinventar la democracia y cambiar el mundo.

John Holloway




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