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(pt) MEDIA: [Los anarquistas en la Division Leclerc]

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Date Tue, 24 Aug 2004 07:52:36 +0200 (CEST)


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A - I N F O S S e r v i ç o de N o t í c i a s
Notícias sobre e de interesse para anarquistas
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[de rojo y negro]
[EL PAIS] París rinde homenaje a sus libertadores españoles
Lluís Royo, el último de los 3.500 republicanos que participaron en la
División Leclerc, condecorado con la Legión de Honor
Mientras en Francia se homenajea a la resistencia española durante la II
Guerra Mundial, en la España democrática se sigue negando el merecido
reconocimiento a los luchadores antifascistas, decenas de miles aún yacen
en fosas comunes, los pocos que aún quedan vivos son olvidados por la
Administración, aún tienen antecedentes penales como vulgares delicuentes
o asesinos, eso sí las calles, plazas y parques de las ciudades del Estado
español siguen plagadas de nombres de sanginarios generales franquistas,
de sanginarios políticos como Arias Narro (el carnicerito de Málaga) o de
estatuas ecuestres o no del dictador Franco.Mientras aquí hace bien poco, Pedro J. director del diario EL MUNDO,
escribía en una editorial que no había que remover el pasado, que había
que olvidar...
"¡París!, París ultrajado, París roto, París martirizado, pero también
París liberado, liberado por sí mismo, liberado por su pueblo con la ayuda
del Ejército francés, con el apoyo de toda Francia, de la Francia que
lucha, la única Francia, la auténtica Francia, la Francia eterna". Son las
palabras pronunciadas por el general Charles de Gaulle hace 60 años, el 25
de agosto, desde el balcón del Ayuntamiento de la capital francesa.
Celebraba la liberación de la ciudad pero también intentaba darle un
sentido histórico. De Gaulle reconocía el papel jugado por la Resistencia
interior, es decir, por grupos sobre los que él ejercía un control muy
relativo, al tiempo que procuraba reforzar el aspecto estrictamente
nacional de la gesta. París se libera sin ayuda de nadie. La presencia de
tropas estadounidenses, canadienses o británicas, desembarcadas en
Normandía desde el 6 de junio, o de los 300.000 soldados franceses
procedentes del Ejército colonial y que, con la ayuda aliada, avanzaban
desde Provenza a partir del 15 de agosto, es olvidada por De Gaulle.
Los parisienses que el día 24 de agosto ocupaban el Ayuntamiento salieron
a recibir tres blindados que, a las 21.22, habían ocupado la plaza delante
del edificio. Eran los liberadores llegados del exterior, los que iban a
garantizar el éxito de la rebelión parisiense comenzada el día 10 a través
de una huelga de ferroviarios, a la que se sumó la policía y, un día
después, los empleados de correos. "Creíamos que eran americanos. Hablaban
mal el francés pero resultaron ser españoles, los republicanos españoles
de la División Leclerc", explica Léo Hamon, un resistente francés. Uno de
esos republicanos, Lluís Royo Ibáñez, catalán, hijo de aragoneses,
militante de Esquerra Republicana, había vivido una sorpresa semejante en
noviembre de 1942. "Entonces estaba en Marruecos. Había cruzado la
frontera [francesa] de Prats-de-Mollo tres años antes, después de la
debacle, apenas cumplidos los 18. Durante casi un año, tras pasar unos
meses por el campo de concentración de Agde, había podido trabajar como
payés cuidando viñedos, pero tras la derrota francesa ante los alemanes la
prefectura no quería renovarme los papeles. Los gendarmes empezaron a
hacerme chantaje: o bien me iba a trabajar a Alemania reemplazando a un
francés, o bien me expulsaban hacia España. Quedaba una tercera opción:
apuntarse a la Legión extranjera". Y la Legión le llevó primero a Argelia,
luego a Marruecos. "Ahí viví la llamada Operación Torch, el desembarco
aliado en África. Los primeros americanos que vi hablaban español. ¡Eran
mexicanos! Ellos tenían cigarrillos y yo chocolate. Yo estaba con un
belga, teníamos que defender una posición con un mortero, pero ni él ni yo
sabíamos manejarlo. Además, ¡no íbamos a dispararles a los aliados!".
La nueva situación africana le permitió abandonar la Legión y sumarse a la
mítica 2DB, la II División Blindada del general Leclerc, que venía de
Chad. "Me integré en la novena compañía, la nueve, en español, porque ahí
todos éramos españoles, excepto el capitán Dronne, que lo chapurreaba pero
lo entendía todo. Él hablaba muy bien el alemán". Y muy pronto todos
embarcaron para el Reino Unido. "No, Inglaterra no. Desembarcamos en Gales
y luego nos llevaron a entrenar a Escocia. El trayecto marino, con un
barco de fondo plano, es uno de los peores recuerdos de mi vida". Lluís
Royo dice no haber tenido nunca miedo durante toda la II Guerra Mundial.
"Todo el miedo posible ya lo había gastado durante la batalla del Ebro, en
la trinchera, casi enterrado bajo tierra, aguantando cañonazos durante más
de una semana". Llegar a Normandía en su blindado -"como todos los de la
nueve, tenía un nombre de batalla española: Belchite, Guadalajara, Teruel,
Guernica... Después de entrar en París los rebautizaron. El mío pasó a
llamarse Libération"- no le impresionó, aunque guarda un mal recuerdo de
"las exigencias reglamentarias de los yanquis, que te hacían saltar tan
cargado de material que, si caías al agua, te ahogabas".
Para Lluís Royo, que se ha quedado a vivir en Cachan, en las afueras de
París, al lado de la calle dedicada a la División Leclerc, la misma calle
por la que él transitó para liberar París, "la II Guerra Mundial era la
continuación de la Guerra Civil de España. Yo no luché por liberar
Francia, sino contra Hitler, Mussolini y Franco. Y esa lucha pasaba por
entrar en París". En la capital tuvo que desalojar a los alemanes que
ocupaban el edificio de Les Invalides, pero de eso no quiere hablar,
prefiere recordar "a los soldados mutilados que estaban albergados allí:
ciegos, sin piernas o sin brazos, desfigurados. Era espantoso". La
liberación de París no fue un paseo, aunque los alemanes pusieron un
empeño escaso en conservar la ciudad. La 2DB tendrá 130 bajas. Unos mil
resistentes parisienses también perdieron la vida, así como 600 ciudadanos
anónimos, atrapados por la batalla. Las bajas alemanas serán superiores a
los 2.000 muertos. "La 2DB estaba integrada por 14.500 soldados, de los
cuales unos 3.500 éramos españoles. De la nueve soy el único que sigue con
vida". Royo no llegó, como alguno de sus camaradas, hasta Berchtesgaden,
el refugio de Hitler. "Me hirieron en el Mosela, una región francesa que
los alemanes consideraban alemana. Aún tengo metralla en los pulmones.
Querían internarme en un hospital francés, pero mi capitán me envió a
Inglaterra. Allí tenían penicilina y aquí, en Francia, todo lo arreglaban
a base de agua y buenas palabras".
Las buenas palabras para los españoles fueron escasas. Su condición de
soldados de un Ejército derrotado, el republicano, les dejó sin
glosadores. Los franceses andaban empeñados en evitar el oprobio de una
Administración americana, como la que dirigía Italia. De Gaulle ponía todo
el énfasis en la participación francesa en las operaciones militares que
iban a llevar a los aliados hasta el corazón de Alemania. "Pero fueron los
americanos los que no quisieron que los aliados cruzaran los Pirineos y
acabaran con Franco, como sí acabaron en cambio con Hitler y Mussolini.
Algunos de mis colegas de la nueve, una vez en París, dejaron el Ejército
para participar en la tentativa guerrillera de liberación del Valle de
Arán. La verdad es que entonces los franceses ya no nos necesitaban. En
París había miles de jóvenes que querían enrolarse". Lluís Royo, que no
volvió a España hasta finales de los años cincuenta -"mi familia había
venido varias veces a verme aquí pero yo, cuando fui a Barcelona, recibí
la visita de la policía, y si iba a visitar a viejos amigos luego ésos
también eran interrogados por la policía"-, vive de una modesta pensión
que cobra del Estado francés. "Y con una de mis hijas, que me cuida
muchísimo". Está contento de que ahora Francia y París les recuerden, pero
piensa "que todo eso había que haberlo hecho diez años después de acabada
la guerra, cuando el poder francés ya estaba consolidado y nosotros ya
hacía tiempo que no éramos ninguna amenaza para Franco". Como el Miralles
de la novela de Javier Cercas, Soldados de Salamina, Royo ha combatido en
medio mundo, bajo distintas banderas, pero siempre a favor de la libertad.
Ahora es uno de los protagonistas de un filme de Jorge Amat para la
televisión francesa, le conceden la Legión de Honor y una placa en la
fachada del Ayuntamiento recordará el acento español de los libertadores
de 60 años atrás.
La fiesta de la historia

El presidente francés, Jacques Chirac, y el alcalde de París, Bertrand
Delanoë, presidirán el día 25 el acto central de conmemoración de la
liberación de París. Un espectáculo musical de Jérôme Savary ocupará la
plaza de la Bastilla y todos los parisienses han sido invitados a sumarse
al baile vestidos a la moda zazou, la de principios de los años cuarenta.
Antes, el día 24, se descubrirá la placa con la que el Ayuntamiento de la
capital rinde homenaje a los republicanos españoles que entraron en la
capital. El presidente del Senado español, Francisco Javier Rojo,
acompañará al alcalde.
La iniciativa que rinde homenaje a quienes comenzaron el combate en España
en 1936 tiene un cierto valor de reparación, tal y como lo reconoce Anne
Hidalgo, primera teniente de alcalde de París e hija de una familia de
republicanos españoles. "Es una parte de la historia que ha sido ocultada.
Estoy muy contenta de que se haga luz sobre los hechos precisamente
durante mi mandato. Sólo lamento que no pueda estar presente Étienne
Roda-Gil, que hubiera leído sus poemas. Para él, la causa de la República
española era una parte importante de su vida". El poeta y letrista
Roda-Gil, hijo de anarquistas catalanes, falleció el pasado mayo, sin
poder hacer realidad la Fundación de Ayuda a la Creatividad que quería
crear en Perpiñán.
EL PAIS





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