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(ca) LA CAMPANA Nº 224: UN NUEVO DELITO DE ESTADO Y DEL SEÑOR MINISTRO Autorizó maniobras militares a sabiendas del daño que iban a producir

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Date Wed, 15 Oct 2003 22:14:12 +0200 (CEST)


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AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
http://www.ainfos.ca/
http://ainfos.ca/index24.html
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La edición de este mes de la revista científica Nature recoge el informe
de científicos españoles y británicos sobre las autopsias realizadas a
los cetáceos zifios (semejantes a los delfines) muertos durante las
maniobras realizadas en aguas de las islas Canarias por fuerzas navales
españolas y de la OTAN. En aquella ocasión, el ministro español, Federico
Trillo, despreció a la comunidad científica y ecológica, mintió a toda la
sociedad y cometió un clamoroso delito ecológico. Todo ello con la más
absoluta impunidad.
Unas maniobras militares realizadas por la marina española y la OTAN
durante el mes de septiembre de 2002 en las inmediaciones de las islas
Canarias provocaron la muerte a incalculable número de mamíferos marinos.
El día 24 de aquél mes, cuatro horas después de que comenzasen las
maniobras navales, sólo en las playas de Fuerteventura aparecieron
varados 14 delfines zifios de unos 2000 kilos, 11 de ellos muertos y los
otros tres agonizantes. Aquellas maniobras -útiles para nada bueno- fueron autorizadas
expresamente por el ministro Federico Trillo, pese a la advertencia de
numerosos zoólogos marinos y otras personas conocedoras del mar, que las
potentes emisiones acústicas de los sonar LFAS incorporados a los buques
y submarinos matarían a muchos animales de la zona. Entre otras autoridades científicas, los miembros del departamento de
Zoología marina de la Universidad de Las Palmas y la Sociedad para el
Estudio de los Cetáceos marinos alertaron inútilmente conforme aquellas
maniobras afectarían mortalmente en particular a los grandes mamíferos,
algunas de cuyas especies están en peligro de extinción local o mundial
y, en consecuencia, especialmente protegidas por normas españolas e
internacionales. Varias manifestaciones ecologistas, una de ellas
celebrada en Puerto del Rosario, reclamaron la cancelación de las
maniobras. No faltó quien exigiese que el dinero que iba a ser dilapidado
tan desastrosamente, se utilizase para la protección ambiental, la
investigación marina y la defensa del patrimonio común de la humanidad:
el Océano. Aquellas sensatas reclamaciones fueron respondidas por el ministro, con
el alarde de cinismo y estupidez que le caracterizan, asegurando ante los
medios de comunicación y la infame sociedad que se lo tolera, que “no
había pruebas concluyentes de la relación entre la muerte de los
mamíferos marinos y las emisiones de los sonar, que serían usados en
aguas canarias”. De nada valió que las personas que conocían las características de los
sonar y el modo en que sus emisiones afectaban a la fauna marina, le
recordasen al mentecato señor Trillo que esa fatídica relación había sido
confirmada por numerosos informes, entre ellos, algunos oficiales de la
flota norteamericana en Hawai (1998), Bahamas (2000) y de la propia OTAN
en Grecia (1998). Ha pasado un año, desde que un número indeterminado de cetáceos muriese
en aguas de las islas Canarias. El señor Trillo continuó cometiendo
impunemente tropelías, alguna de las cuales llegó a matar a más de
sesenta personas. La misma sociedad que le había tolerado mentir sobre
los cetáceos, parece continuar prestándole mayoritariamente su apoyo
electoral. Las autoridades ambientales, locales, regionales y nacionales,
así como los jueces -buenos funcionarios al fin y al cabo-, archivaron
con un “no ha lugar” desdeñoso las denuncias por delito ecológico. La edición de este mes de la revista científica Nature recoge el informe
de científicos españoles y británicos sobre las autopsias realizadas a
los cetáceos zifios (semejantes a los delfines) muertos durante aquellas
maniobras. El informe del equipo de Antonio Fernández, de la Facultad de Veterinaria
de la Universidad de Las Palmas no deja lugar a dudas. En 10 de los 11
animales a los que se hizo la autopsia, se observaron burbujas de
nitrógeno en la sangre y ciertos órganos vitales y estas fueron la causa
orgánica de su muerte. ¿Qué provocó el aumento de nitrógeno sanguíneo?
Todo apunta a la emisión de ultrasonidos por los sonar militares, tal y
como ya había sido anteriormente observado en otros lugares en los que se
había este tipo de aparatos LFAS, con un nivel sonoro de entre 230 y 240
decibelios, que es una intensidad acústica 100.000 veces superior a
cualquier motor acuático.



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