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(ca) LA CAMPANA DOSSIER Nº 38 /LA MENTIRA DE UNA GUERRA

From <a-infos-ca@ainfos.ca>
Date Thu, 20 Mar 2003 09:52:27 +0100 (CET)


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AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
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http://ainfos.ca/index24.html
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LA MENTIRA DE UNA GUERRA: URANIO EMPOBRECIDO

El ejército norteamericano ocultó en 1991 los riesgos
radiactivos

Es condición de los Estados y sus dirigentes mentir. Tanto en
la paz como en la guerra, la razón de estado obliga a falsear,
camuflar y ocultar deliberadamente aquello que contradice,
debilita u obstaculiza algún designio ocasional de la
administración política estatal y sus personajones. Hay quien
dice que la primera víctima de toda guerra es la verdad, lo que
no deja de ser cierto a condición de añadir que la verdad es la
primera víctima del Estado, indepen-dientemente de que sus
ejércitos y fuerzas armadas estén sangrientamente activas o no.
Lo único que puede cambiar es el grado de descaro y ofensivo
desprecio con que actúan las autoridades en su violento intento
de confundir a las poblaciones respectivas.
En 1991 EEUU y sus aliados bombardearon durante semanas Iraq,
con la excusa de haber invadido la aldea feudal de Kuwait,
riquísima en petróleo. Fue la llamada Guerra del Golfo, en
realidad una colosal masacre sobre una población indefensa . En
el bando aliado “occidental” apenas hubo víctimas, mientras que
los iraquíes muertos fue-ron centenares de miles, aunque nadie
llegó a saber nunca cuántos ni quiénes, pues todo lo ocultó la
férrea censura mi-litar. Tampoco llegó a saberse cómo habían
muerto tantas personas iraquíes, pues oficialmente los
bombardeos se limi-taban a precisos objetivos militares, lo cual
era evidente-mente falso. Sólo algunas raras informaciones
lograron atravesar aquella eficaz censura y uso táctico de la
mentira, como el ametrallamiento de las caravanas de huidos en
la carretera de Basora.
Con todo, a los pocos meses, empezó a circular en “occidente”
la noticia de que un extraño mal, el “síndrome del Golfo”,
aquejaba a muchos soldados aliados, sobre todo norteamericanos y
británicos. Gran número de esos milita-res murieron, sin que
oficialmente se reconociese el origen del mal. Poco a poco se va
haciendo luz sobre lo ocurrido, pues para el poder actual, la
verdad es inocua cuando los hechos a los que se refiere son ya
“Historia” propia y se decreta la impunidad de los crímenes
otrora silenciados.
Hoy, cuando se disponen a repetir la misma acción horrenda
sobre el mismo pueblo iraquí, convendrá recordar como
construyeron aquella mentira y conocer los resulta-dos del uso
de “uranio empobrecido” sobre la munición y el armamento
convencional, pues ahora mismo lo emplearán de nuevo -como lo
hicieron sobre Yugoslavia o Afganistán- y nos volverán a mentir
del mismo cínico modo que en el 91.
¡Para que nadie pueda argumentarnos que ahora les cree o que
confía en la sinceridad de las autoridades imperiales y sus
secuaces!, publicamos el documentado texto del “Boletín Armas
contra la guerra nº 7. CIAR, sobre la información básica
aportada por el médico militar estadounidense Doug Rokke.

El comandante médico forense Dr. Doug Rokke, es especialista en
guerra nuclear, biológica, química y en situaciones de urgencia.
Fue profesor de la Universidad Estatal de Jacksonville, Alabama.
Veterano de las guerras de Vietnam y del Golfo, recibió medallas
y distinciones por las responsabilidades asumidas durante la
guerra no solamente por parte del general Pagonis sino también
del propio Norman Schwarzkopf. Durante la Guerra del Golfo tenía
responsabilidad absoluta de coordinar la medicina preventiva y
fue el máximo experto en descontaminación del ejército
estadounidense.
Tras servir en el ejército durante 35 años, hoy es un activo
militante contra la guerra y para la abolición de las armas de
uranio empobrecido.
Doug corrobora en una entrevista reciente que «el uranio
empobrecido está contaminado con plutonio, neptunio, americio
... que sus consecuencias permanecerán eternamente... no sólo
para los veteranos de la Guerra del Golfo, sino para los
residentes en Irak, Kosovo, Afganistán, Okinawa, Escocia,
Vieques, Maryland, Indiana, etc» y concluye «que su utilización
es un crimen contra la humanidad»... (1).
En 1992 Doug dio cursos a más de 1.500 miembros del personal de
salud y del mando sobre lo que se sabía de los riesgos ligados a
una posible contaminación de las tropas, pero sus vídeos
didácticos sobre el peligro del Uranio Empobrecido no fueron
difundidos a las tropas.
Más adelante hacia el final de la guerra se le encargó ocuparse
del uranio empobrecido y coordinar un equipo para limpiar los
restos.
Doug, señaló que «había óxido de uranio por todas partes,
especialmente importante en los tanques» y que «la contaminación
terrestre se extendía a unos veinticinco metros alrededor de los
tanques. No cabe duda de que nadie habría debido acercarse a
menos de veinticinco metros sin trajes protectores y máscaras
adecuadas».
Las máscaras de gas que se distribuyeron durante la Guerra del
Golfo no se mantenían bien sobre la cara y su impermeabilidad no
era perfecta lo que producía un riesgo de inhalación de las
partículas de uranio o de contacto epidérmico con ellas. La
única solución son los trajes NBC donde la máscara está
completamente soldada a una capucha que a su vez está integrada
con el resto del traje.
Las máscaras de protección que se distribuyeron estaban mal
concebidas. «Observamos un gran número de disfuncionamientos de
éstas máscaras y reportamos estos déficits hasta lo más alto de
la cadena jerárquica. Pedimos que se resolvieran pero no hubo
ninguna reacción».
En febrero de 1992 informó al Secretario de la Conferencia
sobre Higiene Industrial en la base de Wright Patterson del
Ejército del Aire, en Ohio, de que había riesgos y de que había
que dar tratamientos médicos y que habría que limpiar los
lugares afectados.
Lo dijo y no dejó de decirlo desde entonces. Fue como predicar
en el desierto...
Todos los afectados coinciden en que no recibieron información
sobre los riesgos que corrían.
Dean Fahey es autor de un libro publicado a finales de 2000 que
se llama «No busques no encuentres». Actualmente trabaja en el
Military Toxic Project, una asociación militante que estudia los
efectos del uranio empobrecido. Cuenta cómo se enteró de la
existencia del uranio empobrecido. «En otoño de 1990, estaba en
la Marina y me entrenaban en la utilización del Phalanx. Se nos
dijo que las balas contenían uranio empobrecido, pero enseguida
nos tranquilizaron: «sí, hay uranio, pero está empobrecido, no
es peligroso, no tenéis nada que temer».(2)

El caso de Doha, Kuwait 1991

Algunas municiones no explotan en el momento del impacto, pero
se queman y se vuelven muy inestables, basta a veces tocarlas
para que exploten. Es lo que sucedió en Doha.
Los hombres del equipo de limpieza del capitán Doug Rokke
estaban intentando proceder a la descontaminación de los
materiales acumulados cuando tras una falsa maniobra hubo una
explosión y todos murieron. 4 carros de combate Abrahams M1A1
cargados de munición de UE, así como 660 obuses de 10 mm y 9 720
de 25 mm, se quemaron. Eso representa unas 5 toneladas de UE.
(3)
Dan Fahey, asesor legal y funcionario de ayuda social en
«Swords to Plowshares», una organización de veteranos de San
Francisco describe el incidente durante el cual las tropas
fueron expuestas al uranio empobrecido sin saberlo:
«Hubo un incendio en 1991 en Doha, Kuwait, en el que varios
miles de cartuchos de uranio empobrecido se quemaron. Hubo
varias explosiones durante seis horas y el fuego arreció hasta
el día siguiente. Debido al Acta de Libertad de Información, nos
enteramos de que mientras el fuego tuvo lugar, un equipo de
destrucción de artillería se introdujo en el lugar del incendio.
Pero antes de llegar, avisaron a los comandantes de la base de
Doha de que los cartuchos de uranio empobrecido estaban
quemándose, así que debía mantener a la gente alejada del área
que estaba a favor del viento y usar protección respiratoria. Y
ahora sabemos que este mensaje nunca se transmitió a las tropas.
Como resultado, mucha gente estuvo expuesta durante el
incendio».
Fahey sigue explicando que las tropas también fueron expuestas
después del fuego, ya que no hubo ningún aviso sobre la
presencia de contaminación por uranio empobrecido; a las tropas
se les ordenó limpiar el recinto con escobas, palas y sus
propias manos sin ningún tipo de protección.
Según el Proyecto de Educación sobre el Uranio Empobrecido, «El
incendio en la base estadounidense de la Armada Negra en Doha,
Kuwait, destruyó más de 660 balas de tanque de gran calibre con
uranio empobrecido, 9.720 cartuchos de pequeño calibre con
uranio y cuatro tanques M1A1 con munición de uranio empobrecido
también. Alrededor de 9.000 libras de penetradores de uranio
empobrecido se perdieron en el incendio, exponiendo a miles de
combatientes a los óxidos de uranio existentes en el aire». (4)
Las concentraciones de polvo de uranio nunca fueron medidas
afirma el capitán Doug (5). Probablemente porque ya se suponían
sus resultados catastróficos que era preciso ocultar.
A pesar de los ya conocidos problemas de salud de los
veteranos, el informe de la Armada de los Estados Unidos sobre
las exposiciones al uranio empobrecido en Doha no ha sido
publicado ni comunicado al Comité del Consejo Presidencial de la
Enfermedad de la Guerra del Golfo, y las tropas siguen estando
apostadas en este territorio altamente contaminado y peligroso
como Doha.

Cementerio de Udairi

El caso de Doha no es una excepción. Por ejemplo, el cementerio
de Udairi en el oeste de Kuwait contiene una gran parte de los
desechos de vehículos destruidos en la Guerra del Golfo. En el
norte hay una zona de entrenamiento militar.
En noviembre de 1994 los controles estadounidense mostraron
dosis de radiactividad hasta de 24 veces la dosis
fraudulentamente calificada como admisible. Pero en ningún
momento (tampoco en 1998), se hicieron mediciones en el terreno
de entrenamiento y de pruebas (6).
Es preciso resaltar que en estos terrenos es donde, desde hace
9 años, varios miles de soldados estadounidenses se han
entrenado y han sido contaminados por el UE.
El capitán David Keefer era responsable de todas las municiones
empleadas en la operación Tempestad del Desierto incluyendo las
de uranio empobrecido. Su trabajo consistía en comprobar el
almacenamiento y el transporte hacia las unidades. Trabajó con
el capitán Doug Rokke enterrando los vehículos en el fondo de un
agujero en Arabia Saudita envueltos en materiales aislantes.
Es preciso plantearse ¿aislantes por cuánto tiempo comparado
con los miles de millones de años que dura su radiactividad?. Lo
que fraudulentamente se llamó descontaminación.
Sus hombres no llevaban protección sencillamente porque no las
tenían, no se les había proporcionado a pesar de que iban a
trabajar con materiales altamente contaminados. A pesar de que
él no estuvo en contacto directo con los desechos y que su papel
consistía en coordinar las operaciones, enfermó. Lo primero que
tuvo fueron terribles dolo-res de estómago seguidos de diarreas
violentas que podían durar desde algunas horas a quince días,
luego dolores articulares, migrañas violentas, problemas
gastrointestinales, erupciones cutáneas.
Su personal tuvo toda clase de enfermedades. Por ejemplo,
menciona el caso de su superior que sangraba por la boca, tenía
graves problemas pulmonares. Los test de diagnóstico de
tuberculosis y de hepatitis B eran positivos sin que estuviese
afectado por estas enfermedades, su piel se decoloraba por
placas enteras, se encontraba débil, fatigado y tenía dolores
articulares. Los médicos se encontraron totalmente sobrepasados
y fueron incapaces de decirle qué es lo que le pasaba (7) ...
No se dieron cuidados médicos a ninguno de los que trabajaron
en la recuperación, civiles o militares, que manipularon
materiales contaminados durante dos años. Los civiles y
militares miembros del equipo de Doug no se beneficiaron de
tratamiento ni de examen alguno. La mayoría de ellos están
enfermos o muertos.

Capitán Doug Rokke

Al propio capitán Doug no se le dio tratamiento médico a pesar
de que se encontraba enfermo. Incluso durante dos años se le
ocultaron los resultados de sus análisis, disponibles en el
Ministerio de la Energía desde marzo de 1995, que se le habían
hecho por tener problemas renales y respiratorios.
Tuvo que intervenir un general para que finalmente se los
dieran el 30 de junio de 1997, dos años y medio después. El
informe decía: “Como el uranio en su cuerpo es cinco mil veces
la dosis admisible, usted podría tener necesidad de ayuda. -
Cuando pregunté ¿qué ayuda podrían darme?, me respondieron -
¡ninguna!... - ¡Increíble!», comenta Doug.
«En Noviembre de 1994 mi excreción urinaria era de 1.500
microgramos por día... pero pasaron 2 años antes de que me lo
dijeran... A pesar de que según las directrices del Departamento
de Defensa de 1992, si eliminas más de 15 microgramos por día
hay que hacer tests inmediatamente y si es más de 250
microgramos por día debes tener asistencia médica continua y ser
hospitalizado. Eso es lo que hicieron a un especialista de su
equipo encargado de los problemas de uranio empobrecido, al
director del proyecto que conocía los hechos y que había
planteado preguntas”.
Podemos plantearnos ¿qué es lo que hicieron con el soldado
medio, qué es lo que hicieron con las mujeres y los niños» (8)
...
La respuesta es: absolutamente nada, sino chantajearles para
que no declararan su enfermedad ni se enfrentasen a las
autoridades.

Así que:
Soldadito, soldadito
antes de ir a la guerra
piénsatelo un poquito ..

NOTA: Contacto con el comandante D. Rokke: Dlind49@aol.com

1. The war against ourselves, interview with major Doug Rokke.
www.yesmagazine.org
2. Entrevista con Dean Fahey en Maisonnier y col.: Frederic
Loore, Roger Thilling «uranium appauvri. La guerre invisible».
Robert Laffont. Paris. 2001
3. Christine Abdelkrim - Delanne. Guerre du Golfe. La salle
guerre propre. Cherche midi editeur. París 2001.
4. Entrevista de Gary Null con Dan Fahel 23 Julio 1997. Citado
en «The Gulf War´s troubling legacy» Townsend letter for doctors
números de Agosto, Septiembre Octubre 1988.
5. Entrevista en Meisonnier op cit 2
6. Christine Abdelkrim - Delanne. Op cit 3
7. Maisonnier y col.: op cit 2.
8. Entrevista en el video reportaje de Maisonnier emitido por
canal plus España en febrero del 2000 en documanía censurado con
11 mn. menos que el original emitido en Francia y en Bélgica
«uranium appauvri. La guerre invisible»






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