A - I n f o s
a multi-lingual news service by, for, and about anarchists **

News in all languages
Last 40 posts (Homepage) Last two weeks' posts

The last 100 posts, according to language
Castellano_ Català_ Deutsch_ Dutch_ English_ Français_ Italiano_ Polski_ Português_ Russkyi_ Suomi_ Svenska_ Türkçe_ The.Supplement
{Info on A-Infos}

(ca) Errico Malatesta: El Estado socialista

From ellibertario@nodo50.org
Date Tue, 11 Mar 2003 12:36:41 +0100 (CET)


 ______________________________________
        AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
           http://www.ainfos.ca/
       http://ainfos.ca/index24.html
 _______________________________________



Errico Malatesta: El Estado socialista
Por El Libertario (CRA-AIT) 10/03/2003
El siguiente es un texto escrito por el anarquista Errico
Malatesta... El Libertario lo dedica a todos aquellos nuevos
"heroes de la izquierda socialista democrata" que han llegado o
pretenden llegar al poder para "ayudar al pueblo". A Chavez,
Lula, Lucio y demas "salvadores" de la izquierda democrata...



El Estado socialista

"La conquista de los poderes públicos" es el objetivo de los
socialistas-demócratas.

No examinaremos esta vez hasta qué punto este fin está de
acuerdo con sus teorías históricas, según las cuales la clase
económicamente predominante detentará siempre y fatalmente el
poder político, y, por tanto, la emancipación económica debería
necesariamente preceder a la emancipación política. No
discutiremos si, admitida la posibilidad de la conquista del
poder político por parte de una clase desheredada, los medios
legales pueden bastar para lograrla.
Queremos hoy discutir únicamente si esta conquista de los
poderes públicos se armoniza o no con el ideal socialista de una
sociedad de seres, libres e iguales, sin supremacías ni división
en clases.

Los socialistas demócratas, especialmente los italianos, que,
quieran o no, han sufrido más que otros la influencia de las
ideas anarquistas, suelen decir en alta voz, por lo menos cuando
polemizan con nosotros, que también quieren abolir el Estado, o
de otro modo dicho, el gobierno, y que precisamente para poder
abolirlo quieren apoderarse de él. ¿Qué significa esto? Si
significa que pretenden con el acto de conquistarlo, abolir el
Estado, anular toda garantía legal de los "derechos adquiridos",
disolver toda la fuerza armada oficial, suprimir todo poder
legislativo, dejar en su plena y completa autonomía todas las
localidades, a todas las asociaciones, a todos los individuos, e
instaurar una organización social de abajo a arriba, mediante la
libre federación de los grupos de productores y consumidores,
entonces toda la cuestión quedaría reducida a ésta: que expresan
con ciertas palabras las mismas ideas que nosotros expresamos
con otras palabras: Decir: queremos asaltar aquella fortaleza y
destruirla, o decir: queremos apoderarnos de aquella fortaleza
para demolerla, es una misma cosa.

Quedaría, sin embargo, entre los socialistas-demócratas y
nosotros la diferencia de opinión, ciertamente de máxima
importancia, sobre la participación en las luchas electorales y
saber si yendo los socialistas al parlamento favorecen o
estorban la revolución, si preparan los hombres para una radical
transformación del presente orden de cosas o si educan al pueblo
para aceptar, después de la revolución, una nueva tiranía; por
lo menos en aquella finalidad estaríamos de acuerdo.
Pero la verdad es que estas declaraciones de querer apoderarse
del Estado para destruirlo, o son censurables artificios de
polémica, o, si son sinceras, provienen de anarquistas en
formación que aún se consideran demócratas.

Los verdaderos socialistas demócratas tienen una idea bien
diferente de esta "conquista de los poderes públicos". En el
Congreso de Londres, para no citar más que una declaración
reciente y solemne, dijeron claramente que es necesario
conquistar los poderes públicos "para legislar y administrar la
sociedad nueva". En la Critica Sociale leímos que es un error
creer que el partido Socialista una vez llegado al poder podrá o
querrá disminuir los impuestos, que, al contrario, el Estado
deberá, por medio de un aumento gradual de los impuestos,
absorber gradualmente la riqueza privada para poner en práctica
las grandes reformas que el socialismo se propone (institución
de retiros para la vejez, para los inválidos, para los
accidentes del trabajo; organización de escuelas dignas de los
países civilizados; rescate de los grandes capitales, etc.) y de
este modo irse encaminando hacia la lógica meta del perfecto
comunismo, cuando todo se transformará en beneficio público y la
riqueza privada en riqueza de la sociedad. (José Bonzo, "El
partido socialista y los impuestos". Critica Sociale, mayo de
1897).

Por lo visto es un gobierno completo lo que nos prometen los
socialistas-demócratas, un gobierno con toda la necesaria
secuela de múltiples y diversos funcionarios, de policías y
carceleros (para los que tuvieren intención de no obedecer), sus
jueces, administradores de fondos públicos; con sus programas
escolares y sus profesores oficiales, etc., etc., y,
naturalmente, con todo un cuerpo legislativo que hará leyes y
fijará los impuestos y los varios ministerios que ejecutan y
administran las leyes.

Sobre esto podrá haber diferencias de modalidad, de tendencias
más o menos centralizadoras, de métodos más o menos
dictatoriales o democráticos, de procesos más o menos rápidos o
graduales; pero en el fondo todos están de acuerdo, porque esta
es la sustancia de su programa.
Es necesario ver ahora si este gobierno que los socialistas
desean ofrece garantías de justicia social, si podría o querría
abolir las clases, destruir toda explotación y opresión del
hombre sobre el hombre, si, en una palabra, podría y querría
fundar una sociedad verdaderamente socialista.

Los socialistas-demócratas parten del principio de que el
Estado, o gobierno, es simplemente el órgano político de la
clase dominante. En una sociedad capitalista, dicen, el Estado
sirve necesariamente los intereses de los capitalistas y les
garantiza el derecho de explotar a los trabajadores; pero en una
sociedad socialista, abolida la propiedad individual y
desaparecidas,
con la destrucción del privilegio, todas las distinciones de
clase, entonces el Estado representaría y volveríase el órgano
de los intereses sociales de todos los miembros de la sociedad.

Pero aquí se presenta una inevitable dificultad. Si es verdad
que el gobierno es necesariamente y siempre el instrumento de
los que poseen los medios de producción, ¿cómo podrá efectuarse
el milagro de un gobierno capitalista con la misión de abolir el
capital? Será, como querían Marx y Blanqui, por medio de una
dictadura impuesta revolucionariamente, como un acto de fuerza,
que revolucionariamente decreta e impone la confiscación de las
propiedades privadas a favor del Estado, representante de los
intereses colectivos? ¿O será, como parece quieren todos los
marxistas y gran parte de los blanquistas modernos, por medio de
una mayoría socialista mandada al parlamento por el sufragio
universal?

¿Se procederá de golpe a la expropiación de la clase dominante
por parte de la clase económicamente sujeta, o se procederá
gradualmente obligando a los propietarios y a los capitalistas a
que se dejen quitar poco a poco todos sus privilegios?

Todo esto parece extrañamente en contradicción con la teoría del
"materialismo histórico" que para los marxistas es dogma
fundamental. Nosotros no queremos ahora examinar estas
contradicciones ni saber lo que pueda haber de verdad en la
doctrina del materialismo histórico.

Supongamos que de cualquier modo que sea, el gobierno ha caído
en manos de los socialistas y quedó bien y fuertemente
constituido un gobierno socialista. ¿Habría, por este solo
hecho, llegado la hora del triunfo del socialismo? Nosotros
creemos que no.

Si la institución propiedad individual es el origen de todos los
males que conocemos, no es porque una cierta parte de terreno
esté inscrita en el registro de la propiedad en nombre de fulano
o de zutano, sino porque dicha inscripción da a este individuo
el derecho de usar de la tierra como le plazca, y el uso que de
ella hace es regularmente malo, es decir, en perjuicio de sus
semejantes. En su origen todas las religiones dijeron que la
riqueza es un gravamen que obliga a sus poseedores a cuidarse
del bienestar de los pobres y servirles de padre, y en las
fuentes del derecho civil vemos que el señor
de la tierra está preso por tantas obligaciones cívicas que
mejor parece un administrador de los bienes en interés del
público, que propietario en el sentido moderno de la palabra.
Pero el hombre está de tal modo forjado que cuando tiene modo de
dominar e imponer a los demás su voluntad, usa y abusa hasta
reducirles a la esclavitud y a la abyección. Así el señor, que
debía ser padre y protector de los pobres, se transformó siempre
en su más feroz explotador. Así sucedió y sucederá siempre con
los gobernantes.

De nada sirve decir que cuando el gobierno salga del pueblo hará
los intereses del pueblo; todos los poderes salieron del pueblo,
porque el pueblo es quien da la fuerza, y todos oprimen al
pueblo. De nada sirve repetir que cuando no haya clases
privilegiadas el gobierno no podrá dejar de ser el órgano de la
voluntad colectiva. Los gobernantes constituyen por sí mismos
una clase, y entre ellos se desarrolla una solidaridad de clase
mucho más poderosa que la existencia entre las clases fundadas
sobre los privilegios económicos.

Es verdad que hoy el Gobierno es siervo de la burguesía, pero
más lo es porque sus miembros son burgueses que por ser
gobierno; como todos los siervos detesta al amo y le engaña y
roba. No fue para servir a la burguesía que Crispi saqueó los
bancos, como tampoco era para servirla que violó la
Constitución.

Aunque el gobernante no abuse ni robe personalmente, provoca en
torno suyo una clase que le debe sus privilegios y tiene interés
en que permanezca en el poder. Los partidos de gobierno son en
el campo político lo que las clases propietarias en el
económico.

Mil veces lo hemos repetido los anarquistas y toda la historia
lo confirma: propiedad individual y poder político son dos
eslabones de la cadena que sujeta la humanidad. Imposible
librarse de uno sin librarse del otro. Abolid la propiedad
individual sin abolir el gobierno y aquélla se reconstituirá por

obra de los gobernantes. Abolid el gobierno sin abolir la
propiedad individual y los propietarios se reconstituirán en
gobierno.

Cuando Federico Engeis, tal vez previendo la crítica anarquista,
decía que, desaparecidas las clases, el Estado propiamente dicho
no tiene ya razón de ser y se transforma de gobierno de hombres
en administrador de las cosas, no hacía más que un vano juego de
palabras. Quien tiene el dominio sobre los hombres, quien
gobierna al producto gobierna al productor, quien mide el
consumo es dueño del consumidor.
La cuestión es ésta: o se administran las cosas según los libres
pactos de los interesados y entonces es la anarquía, o son
administradas según la ley fabricada por los administradores y
entonces es el gobierno, es el Estado, y fatalmente será
tiránico.
Aquí no se trata de la buena o de la mala- fe de este o aquel
hombre, sino de la fatalidad de las situaciones, y de las
tendencias que en general los hombres desarrollan cuando se
hallan en ciertas circunstancias.
Además, si se trata verdaderamente del bien de todos, si
verdaderamente administrar las cosas quiere decir en interés de
los administrados, ¿quién mejor puede hacerlo que los mismos
productores y consumidores de estas cosas?

¿Para qué sirve un gobierno?
El primer acto de un gobierno socialista apenas llegado al poder
debería ser este: Considerando que siendo gobierno nada podemos
hacer y paralizaríamos la acción del pueblo obligándole a
esperar leyes que no podemos hacer sino sacrificando los
intereses de unos y de otros y de todos los nuestros en
particular, nosotros, gobierno, etc., declaramos abolida toda
autoridad, invitamos a todos los ciudadanos a que se organicen
en asociaciones que correspondan a sus varias necesidades,
confiamos en la iniciativa de esas instituciones y para bien de
ellas les aportaremos el tributo de nuestra obra personal.
Jamás gobierno alguno hizo cosa semejante y tampoco lo haría un
gobierno socialista. Por esto si algún día el pueblo tiene la
fuerza en sus manos y sabe ser juicioso impedirá que se
constituya un gobierno cualquiera.

Errico Malatesta


 Email:: ellibertario@nodo50.org
 URL:: http://www.nodo50.org/ellibertario





*******
   ****** Servicio de noticias A-INFOS *****
 Noticias de, y de interés para, anarquistas

-SUSCRIPCIONES: lists@ainfos.ca
-RESPONDER: a-infos-d@ainfos.ca
-AYUDA: a-infos-org@ainfos.ca
-WWW: http://www.ainfos.ca/org
-INFO: http://www.ainfos.ca/org

Para recibir a-infos en un idioma solamente escribir para lists@ainfos.ca
la mensage seguinte:
                                    unsubscribe a-infos
                                    subscribe a-infos-X
con X= ca, ct, pt, en, fr, etc (i.e. el codigo del idioma)



A-Infos Information Center