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(ca) Kurt Wilckens, la eterna justicia

From FAU-IAA Hamburgo <fauhh1@fau.org>
Date Sat, 25 Jan 2003 17:00:30 -0500 (EST)


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Esta es la historia de Kurt Gustav Wilckens, anarquista. Hijo de
August Wilckens y Johanna Harms. Nació un 3 de noviembre de 1886
en Bramstedt, distrito de Segeberg, provincia de
Schlegwig-Holstein, en lo que fue la Alemania del Norte lindando
con Dinamarca. Aquel hombre, alto, de cabellos rubios, ojos
color azul claro, y frente ancha, había estudiado jardinería, e
ingresado en 1906 durante dos años, al servicio militar en la
primera compañía del Garde-Schutzen-Bataillons prusiano. Luego
en 1910, al viajar a los Estados Unidos para perfeccionarse en
su oficio, conoce, trabajando junto a sus compañeros de
aventuras en las cosechas, las ideas libertarias. Principalmente
estudian las de Leon Tolstoi. Antes de arribar a Buenos Aires el
29 de septiembre de 1920, Wilckens tiene un primer conflicto con
los organismos represivos de Estados Unidos. En una fabrica de
pescados, en donde él trabajaba, dirigió una acción realmente
curiosa. Se envasaban pescados en escabeche y en conserva, pero
había dos calidades de mercancía: los mejores iban a parar en
envases de lujo a los almacenes de la burguesía, y el resto se
colocaban en envases baratos para venderlos en barrios obreros.
El mismo convenció a sus compañeros de fabrica y procedieron al
revés: pusieron las mejores partes en los envases baratos y las
destinaron a los barrios obreros. El alemán, fue expulsado y se
fue a trabajar a las minas de carbón. Desde 1916 enfrenta una
seguidilla de huelgas, que posteriormente le costaran la
deportación a su país natal el 27 de marzo de 1920. Al llegar
nuevamente a Alemania, se pone en contacto con sus compañeros de
ideas en Hamburgo, donde se entera que en la Argentina existe un
ferviente movimiento obrero libertario. Ya en nuestro país
trabajo en las quintas frutales de Cipolletti, en Rió Negro, y
luego como estibador donde tomo contacto con los trabajadores
rurales y sus organizaciones obreras. Ya en 1922, llegaban a
Buenos Aires las noticias de lo que estaba sucediendo con las
matanzas en la Patagonia: Wilckens seguirá con intensas
expectativas el movimiento patagonico; apenas conocía el español
pero se esforzaba por interpretar las noticias de la expedición
del 10 de Caballería a cargo del Tte. Cnel. Héctor Benigno
Varela. El anarquista era corresponsal de dos periódicos
alemanes: Alarm de Hamburgo (órgano oficial de la Federación
Libertaria Anarquista y de las Comunidades Libertarias de
trabajadores de Alemania) y Der Syndicalist de Berlin,
correspondiente a la Unión de Trabajadores Libertarios de
Alemania (anarco-sindicalista). Los informes sobre el
fusilamiento de los trabajadores rurales patagónicos lo
conmocionaron. La idea de los sufrimientos de esos pobres peones
lo atormentaba. El había conocido al trabajador patagonico
cuando estuvo en Rió Negro y en villa Iris, en el sur
bonaerense. Los amaba entrañablemente por su sentido de la
amistad, por su hospitalidad, por su humildad y sus pocas
palabras. La injusticia que se engendraba en el fusilamiento de
esos hombres de campo por profesar ideas libertarias, (además de
que él comprendía de que solo querían el bien de la humanidad),
determinaría definitiva y sentencialmente su accionar posterior.
Los obreros de Santa Cruz merecían justicia. Esa particular idea
a la que los anarquistas llaman "justicia proletaria" comenzó a
girarle en su cabeza. Suprimir a Varela, aquel militar
responsable de los fusilamientos de 1922 de los 1.500 obreros
patagónicos bajo la presidencia de Hipólito Yrigoyen, lo seducía
desde hacia tiempo. Cuando sus compañeros de cuarto estuvieron
de viaje, pudo despistar a la policía acerca de su domicilio.
Hasta los propios amigos pensaban que se había marchado a México
o a Estados Unidos; pero la realidad era que el alemán estaba
preparando, en silencio, el atentado, para que ningún otro
compañero pueda salir perjudicado. Andrés Vázquez Paredes,
vinculado a los grupos expropiadores, será el que le dará el
explosivo. Es evidente que Wilckens para llevar a la practica su
atentado tomo contacto con estos grupos, que por ese entonces
operaban dentro del anarquismo: él no tenia idea de como se
fabricaba una bomba. A pesar de su formación tolstoiana y
pacifista, comprendía a los compañeros mas violentos que no
podían soportar la violencia de los patrones y gobiernos.
Entonces llego el momento. Alrededor de las 7 de la mañana del
25 de enero de 1923, Varela salió de su domicilio de la calle
Fitz Roy y se encontró encarnada en el firme rostro de Wilckens,
a la ferviente furia de los 1.500 obreros patagónicos asesinados
bajo su mando. Diecisiete heridas graves: doce producidas por la
bomba y cinco balazos en la parte superior del cuerpo,
sentenciaron los médicos legalistas Klappernbach y del Solar. Al
alemán no le tembló la mano, pero en su camino paso lo
imprevisto: una niña se cruzo entre el "fusilador fusilado" y
él. Se llamaba Maria Antonia Palazzo, de 10 años de edad. La
actitud de cubrirla con su propio cuerpo para que no recibiera
ninguna esquirla lo había perdido: las heridas recibidas en las
piernas le impidieron la huida. Cuando noto que tenia huesos
quebrados en las piernas vio que cualquier intento de escapar
resultaría en vano y no resistió. Ahora estaba allí, en la
comisaría, en lo peor. Allí, indefenso, frente a los que querían
y exigían saberlo todo: "Fui yo solo. Único autor. Yo fabrique
la bomba sin ayuda. Acto individual.", explico Wilckens, a lo
que unos meses mas tarde agregará en una carta fechada el 21 de
mayo de 1923; "No fue venganza; yo no vi en Varela al
insignificante oficial. No, él era todo en la Patagonia:
gobierno, juez, verdugo y sepulturero. Intente herir en él al
ídolo desnudo de un sistema criminal. Pero la venganza es
indigna de un anarquista!!. El mañana, nuestro mañana, no afirma
rencillas, ni crímenes, ni mentiras; afirma vida, amor, ciencia,
trabajemos para apresurar ese día". Meses mas tarde Wilckens
seria asesinado en la cárcel por un miembro de la Liga
Patriótica Argentina, Ernesto Pérez Millán. Informe elaborado en
base al libro de Osvaldo Bayer, La Patagonia Rebelde. Tomo 4,
"El Vindicador".

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