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(pt) MEDIA: Robert Fisk - Ceguera, hipocresía y mentiras de Estados Unidos (en,it)

From Worker <a-infos-pt@ainfos.ca>
Date Tue, 15 Oct 2002 14:20:10 -0400 (EDT)


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Hace años, en un atiborrado restaurante subterráneo 
en el centro de Teherán, mientras tomábamos 
duq -bebida iraní a ba-se de menta y yogurt- el 
antiguo director de investigación nuclear de Saddam 
Hussein me contó lo que le había pasado cuando 
hizo una petición personal para que un amigo suyo 
fuera excarcelado. \"Me sacaron de mi oficina en 
Bagdad y me llevaron con el director de la seguridad 
estatal -me dijo-. Me arrojaron por unas escaleras y 
caí en una celda bajo tierra, me desnudaron y me 
amarraron a una rueda que estaba sujeta al techo. 
Después, el director vino a verme\". 

Dijo: \"Usted nos va a decir todo sobre sus amigos. 
En su campo de investigación, usted es todo un 
experto, el mejor. Pero en mi campo de investigación 
yo soy el me-jor\". Fue entonces cuando comenzaron 
con los azotes y los electrodos. 

Todo esto ocurrió, por supuesto, cuando Saddam 
Hussein aún era nuestro amigo, cuando estábamos 
alentándolo a seguir asesinando iraníes durante la 
guerra que ocurrió desde 1980 hasta 1988 contra 
Teherán, cuando el gobierno estadunidense -bajo el 
mando del presidente Bush padre- otorgaba a Irak 
fondos preferenciales de asistencia agrícola. No 
mucho tiempo antes de eso, los pilotos del mandatario 
iraquí dispararon un misil contra un buque de guerra 
estadunidense llamado Stark, y casi lo hundieron. 
Fue un error del piloto, aseguró Saddam Hussein, la 
nave estadunidense fue confundida con un petrolero 
iraní. Estados Unidos perdonó alegremente al dictador
 iraquí. 

Así eran aquellos tiempos. Pero quien hubiera asistido 
a la inauguración de la Asamblea General de Naciones 
Unidas y visto al presidente Bush hijo contarnos con toda 
su pasión texana acerca de las golpizas, las azotainas 
y las violaciones en Irak, hubiera pensado que apenas 
las había descubierto. Como ejemplo de una descarada 
hipocresía histórica, nada iguala esa parte del discurso 
del presidente. Hussein, al parecer, se transformó en un 
fulano malvado cuando invadió Kuwait en 1990. Antes 
de eso, era sólo un fiel aliado de Estados Unidos, un 
\"hombre fuerte\", que es como nuestros muchachos de 
las agencias de prensa gustan de llamar a nuestros 
dictadores, para no tildarlos de tiranos. 

Pero la verdadera mentira en el discurso del presidente
 -que ha dominado el discurso político estadunidense 
desde los crímenes contra la humanidad del 11 de 
septiembre del año pasado- fue la virtual au-sencia de 
cualquier intento de explicar las razones reales por las 
cuales Estados Unidos se vio bajo ataque. 

En su mendaz artículo publicado recientemente en el 
periódico The Independent, el secretario de Defensa 
estadunidense, Donald Rumsfeld, también intentó 
enmascarar la realidad. El ataque del 11 de septiembre, 
anunció, fue un atentado contra un pueblo \"que cree 
en la libertad, que practica la tolerancia, que defiende 
los derechos inalienables del hombre\". Como de 
costumbre, no hizo absolutamente ninguna referencia 
a Medio Oriente, a las de-plorables y sesgadas 
políticas de su país en la región, ni a su implacable 
apoyo hacia aquellos dictadores árabes que tienen algo 
que ofrecer, como lo hicieron con Saddam Hussein, 
por ejemplo, en momentos en que el director de
 investigaciones nucleares iraquí padecía su calvario. 
Tampoco aludió a la presencia militar estadunidense 
en las más sagradas tierras musulmanas ni a su 
incondicional respaldo a la ocupación israelí de Palestina 
en Cisjordania y en la franja de Gaza. 

Curiosamente, un muy débil fantasma de esta realidad 
sí logró colarse en el comienzo del discurso de Bush. 
Contenía dos frases cuya importancia fue totalmente 
ignorada por la prensa estadunidense -y cuyo significado
 real bien pudo haber pasado desapercibido por el 
mismo Bush, ya que no fue él quien escribió el discurso-,
 pero pese a todo fue muy revelador. \"Nuestra 
seguridad común -dijo- está siendo desafiada por 
conflictos regionales; una lucha étnica y religiosa que 
es antigua pero no inevitable. En Medio Oriente no puede
 haber paz para ninguna de las partes sin libertad para 
ambas partes\". Luego repitió su gastada frase sobre 
la necesidad de una \"Palestina democrática e 
independiente\". 

Esto es tal vez lo más cercano que tendremos, hasta 
ahora, de un reconocimiento oficial de que toda esta
 terrible crisis es sobre Medio Oriente. Si ésta es una
 simple guerra de la civilización contra el \"mal\" -esa 
cantaleta que el señor Bush hace poco estaba 
vendiéndole otra vez y de manera cruel a sobrevivientes 
del 11 de septiembre y a familiares de las víctimas-, 
¿entonces qué son esos \"desafíos regionales?\" ¿Por 
qué Palestina logró insinuarse en el discurso ante la 
ONU de Bush? No hace falta decir que esta pequeña 
verdad, extraña e incómoda, no era del interés de los 
medios de comunicación de Washington ni de Nueva 
York, cuya acendrada negativa a investigar las causas 
políticas reales de toda esta catástrofe ha tenido como 
resultado una cobertura informativa que es tan bizarra 
como esquizofrénica. 

Antes de que anocheciera, el pasado 11 de septiembre, 
estuve mirando seis canales estadunidenses de televisión 
y vi 18 veces cómo se derrumbaban las Torres Gemelas 
del World Trade Center. Las pocas referencias a los 
asesinos suicidas que cometieron este crimen no mencionaron 
una sola vez que todos ellos eran árabes. Esa misma 
semana el Washington Post y el New York Times llegaron a 
extremos insufribles para separar su cobertura sobre Medio 
Oriente de sus conmemoraciones del 11 de septiembre, 
como si mezclar ambos temas en algún momento fuera una 
especie de sacrilegio o un acto de mal gusto. 

\"El reto de esta administración es ofrecer una explicación 
coherente y convincente de por qué el peligro de Irak se
 relaciona con los ataques del 11 de septiembre\"; esto es 
lo más cerca que llegó el Washington Post de sospechar 
una canallada, y lo hizo apenas en el séptimo párrafo de un 
editorial de ocho párrafos. 

Todas las referencias a Palestina o a ilegales asentamientos 
judíos, o a la ocupación israelí de tierras árabes, simplemente 
fue borrada de la conciencia pública la se-mana del aniversario 
de los atentados. Cuando Hannan Ashrawi, la más compasiva 
de las mujeres palestinas, trató de dar una ponencia en una 
universidad de Colorado el pasado 11 de septiembre, grupos 
judíos organizaron una masiva manifestación en contra de 
ella, y la televisión estadunidense simplemente desconoció 
la tragedia palestina. Es un honor para la labor reporteril que 
por lo menos fue transmitido el mordaz programa de John 
Pilger, titulado \"Palestina sigue siendo el tema\". Eso sí, en 
el penoso horario de las 23 horas. 

Pero tal vez ya carece de importancia. El señor Rumsfeld se 
presenta como alguien de muy dudosa reputación cuando 
afirma cosas tan absurdas como lo hizo cuando se le pidieron
 pruebas del potencial nuclear de Irak, y el respondió: \"La 
ausencia de evidencia no significa la evidencia de la ausencia\". 
Con afirmaciones así, bien po-dríamos poner fin a todo debate
moral. Cuando el señor Rumsfeld se refiere a \"la así llamada 
Cisjordania ocupada\", aparece como un hombre de muy mala 
reputación. Cuando promueve la política de un \"acto\" de guerra 
preventivo -como lo hizo en su artículo para The Independent- 
olvida la invasión \"preventiva\" de Israel a Líbano de 1982 que 
costó la vida a 17 mil 500 árabes en 22 años de ocupación y 
que terminó en un repliegue y en una derrota militar para Israel 

Ocurren cosas muy extrañas en estos momentos en Medio 
Oriente. La inteligencia militar árabe reporta traslados masivos 
de cargamentos de armas estadunidenses por toda la región, 
no solamente hacia Qa-tar y Kuwait, sino a través del Mar Arabe, 
del Mar Rojo y al este del Mediterráneo. Se dice que estrategas 
militares y estadunidenses se han reunido en Tel Aviv dos 
veces para discutir los posibles resultados de la próxima 
guerra en Medio Oriente. La destrucción de Saddam Hussein 
y la división de Arabia Saudita -escenario muy probable si 
Irak se desmorona- han sido durante mucho tiempo el sueño 
de los israelíes. Como lo descubrió Estados Unidos durante 
su fructífero periodo de neutralidad entre 1939 y 1941, la 
guerra aceita la maquinaria de la economía. ¿Es eso lo que 
está ocurriendo actualmente: la preparación de una guerra 
para reflotar la economía estadunidense?\" 

Mi colega israelí Amira Haas definió una vez nuestro trabajo 
como periodistas afirmando que somos \"el monitor de los 
centros de poder\". Nunca ha sido tan importante para nosotros
 hacer precisamente eso, porque si llegamos a fracasar nos
 vemos convertidos en el micrófono del poder. 

Por tanto, recomiendo algunos pensamientos para las semanas 
por venir: Re-cuerden los días en que Saddam Hussein era 
amigo de Estados Unidos; recuerden que los árabes que 
perpetraron los crímenes contra la humanidad del 11 de 
septiembre del año pasado vinieron de un lugar llamado Medio 
Oriente, una región llena de injusticia, ocupación y tortura;
 recuerden Palestina; recuerden que hace un año nadie hablaba 
de Irak, sólo de Al Qaeda y Osama Bin Laden. 

Y supongo que también debo recordarles que hablar 
sobre el \"mal\" puede ser muy útil para atraer multitudes, 
pero el \"mal\" también es un enemigo muy difícil de 
derribar con un misil. 

© The Independent 

Traducción: Gabriela Fonseca



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Directora General: Carmen Lira Saade


México D.F. Domingo 29 de septiembre de 2002


Mundo



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