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(ca) #29 de El Libertario de Venezuela

From Nelson_Méndez <mendezn@camelot.rect.ucv.ve>
Date Tue, 1 Oct 2002 17:42:39 -0400 (EDT)



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(Hoy martes 1 de octubre sale a la calle un nuevo número del vocero anarquista venezolano, que en la siguiente edición - prevista para fines de noviembre - llegará a los 7 años de vida. En este # 29 destaca el artículo que sigue, donde el compa Pedro Pablo da cabal respuesta a las acusaciones que el chavismo ha lanzado recientemente contra el movimiento anarquista local)

         Un cierto panfleto bolivariano

En agosto pasado, el chavismo distribuyó ampliamente un volante firmado por el equipo de análisis político de la Alcaldía del Municipio Libertador-Caracas (también circuló ampliamente vía Internet y fue reproducido en varias publicaciones pro-gubernamentales), donde se hace una crítica al anarquismo y su concepción de cambio y revolución frente a la llamada revolución bolivariana. Nos creemos en la obligación de responder a esta crítica, surgida no sabemos por qué causa precisa, pero que adivinamos nace del temor frente a un movimiento que en el mundo se ha mostrado como la mejor alternativa frente al actual orden de cosas, algo que la revolución bolivariana dice aspirar y cuyo fracaso en alcanzarlo es evidente para todos.

Con pintoresca exageración en el discurso, se abre diciendo: La revolución bolivariana es la más hermosa propuesta de cambio planteada al país en los últimos 100 años. Hablar de propuesta (desconocida más allá de afirmaciones propagandísticas, generales y vacías de contenido) luego de casi 4 años en el gobierno es una exageración porque, como dice el refrán, lo que va a salir se asoma y lo que se ha asomado se parece más a la clásica combinación latinoamericana de liberalismo económico con autoritarismo político y populismo verbal, aderezada con mucha ineptitud y torpeza, que nadie puede asociar razonablemente con una revolución y menos socialista. Lo que ha sido el movimiento chavista es revolución si por tal se entiende girar en el mismo lugar alrededor de un mismo punto; es cambio si se trata un quítate tu para ponerme yo en el disfrute del tesoro público; y hay que tener un sentido estético muy particular para ver lo hermoso de la miseria, hambre, degradación y desamparo que padecemos tras estos 44 meses de ineptitud al timón. Agravado porque, como bien lo dice el escrito, Venezuela es un país con inmensas riquezas y una profunda vocación de paz.

No entraremos en el detalle de los absurdos que pueblan el libelo, como que la marcha del 11-A es una señal de que la oposición pierde; como la defensa de una paz armada, obsoleta herencia conceptual de la Guerra Fría; como la denuncia que hacen contra los retorcidos intentos del TSJ (Tribunal Supremo de Justicia), olvidando que fue la revolución quien lo nombró; como la oscuridad que envuelve el abundante uso de la categoría pueblo, de claro origen fascista; ni la reivindicación de la figura de Chávez, nada brillante en las confusas jornadas del 11-A y días subsiguientes, investido aquí como único líder reconocido por el pueblo y por todos los revolucionarios.

Centrémonos en la crítica al anarquismo, construida con más calificativos que ideas sustantivas. Dice el panfleto: A los anarquistas con sus discursos pseudo revolucionarios, incendiarios y su desesperación inmadura, les decimos que la revolución es con todos y para todos. Resulta que somos pseudo revolucionarios, como si abogar por la desaparición de todo poder autoritario institucionalizado, entre otras cosas, fuera pseudo; somos incendiarios, lo que no sabemos a qué se refiere a menos que tenga que ver con el fuego que prende en los corazones de quienes reflexionan sobre nuestra prédica; padecemos de desesperación inmadura, ignorando que el anarquismo lucha denodadamente por un cambio revolucionario auténtico desde antes que apareciera el marxismo y lo hace en todo el mundo, con páginas heroicas escritas en América Latina, sin desalentarse en sus aspiraciones, con fracasos y éxitos que han servido para madurar nuestras ideas, dar solidez a nuestras propuestas y responsabilidad a los que las sostenemos.

Prueba de esta ignorancia es que aconsejan que la revolución es con todos y para todos precisamente al anarquismo, que reniega de cualquier división y distinción, que por eso no es demócrata (gobierno de alguien sobre otro al que "representa") sino ácrata (nadie gobierna a nadie), que rechaza cualquier liderazgo permanente como el que ese mismo impreso reclama para la revolución bolivariana, y que consiste en una dirección colectiva socialmente reconocida (no pretenden que sea aceptada ni elegida), constituida por un centro de dirección revolucionaria que organice y conduzca al pueblo. A diferencia del anarquismo que surgió, se nutrió y se nutre de la gente, parece que  el chavismo considera al pueblo como una sarta de estúpidos que necesitan ser organizados y conducidos. Si hubiera resistencia, entonces el escrito dice que se disponen a la confrontación combinando la violencia y lo institucional, renegando de los conciliadores y de las negociaciones, en clara revelación de que sus intenciones son exclusivamente de dominación.

Sin duda que el punto clave de esta crítica es la oración que proclama: Es preciso que comprenda [el anarquismo] que un pueblo, sin una dirección que construya estrategias en todos los terrenos, es un pueblo inerme frente a sus enemigos y destinado a perderse en escaramuzas aisladas y de segundo orden. La expresión habla por sí sola. Por lo pronto reconoce que el anarquismo no admite supremacías ni liderazgos de nadie; pero lo grave es que contradice el consejo que nos diera antes al hacer una clara exposición de cómo considera al pueblo, puesto que afirma que por sí solo es inerme y, como no puede pensar, está destinado a perderse. Ante esta ineptitud de la gente, este infantilismo del pueblo, la revolución bolivariana pregona que sólo le queda obedecer las esclarecidas estrategias de los líderes, que son ellos (Mussolini no lo habría dicho mejor). ¿Puede alguien sensato, anarquista o no, aceptar esta propuesta (depositar toda esperanza en un grupito de mortales que en nuestro caso ni siquiera tiene calificaciones altas en nada) cuando, desde la revolución rusa hasta Hitler, pasando por Mussolini, Franco, Perón y Fidel, ha demostrado su inutilidad en forma contundente? Sólo desde una perspectiva anclada en el Siglo XIX se puede proferir una declaración tan anacrónica e insultante para la inteligencia. Si algo ha aprendido la gente en el mundo con todos los fracasos del Siglo XX, y lo está aprendiendo en Venezuela a pasos agigantados, es precisamente que no se debe dejar la dirección de ninguno de sus asuntos en manos de nadie que no sea las de ellos mismos. A lo más, permitir que alguien coordine o administre, un empleado, pero está fuera del buen sentido y de la experiencia histórica optar por un centro de dirección revolucionaria que organice y conduzca al pueblo, fije metas y objetivos, construya estrategias, nos fiscalice y luego nos notifique en un círculo bolivariano cuales son nuestras obligaciones, mientras sufrimos penurias a causa de la revolución bonita. Todo esto porque somos supuestamente incapaces para elegir nuestro camino.

Pasando por un momento al plano práctico de la rimbombante revolución dirigida por ese núcleo de iluminados que conducirá y ordenará, por los que hay que dar todo; tenemos algunas preguntas como parte del pueblo que no participa en negociaciones cupulares, ni somos explotadores terratenientes o travestis de la dominación foránea: ¿quiénes integran ese centro de dirección revolucionaria, cuántos son, qué pretenden, quién los nombra?, ¿los elige el Espíritu Santo en un Pentecostés Bolivariano?, ¿en ese centro acaso no estuvieron Olavarría, Miquelena, Peña, Angela Zago, los 4 Comandantes, Izarra, Escarrá, Lameda, Puchi, Pablo Medina? (algunos de los ex-chavistas que ahora adversan al Comandante)... De acuerdo a lo que hemos visto, el fulano centro de dirección revolucionaria parece cambiar según los ciclos lunares. Dado que el escrito afirma que no se trata de un problema con Chávez o contra Chávez, cuando Miquelena se separó ¿con quién de los dos se fue la revolución y por qué?. El auténtico movimiento revolucionario, originado en las propuestas del 4-F, ¿Es el de Chávez o el de los otros comandantes con Arias a la cabeza?...  ¡Cuántas frases hechas dichas sin ningún fundamento y sin ninguna relación con la realidad!

Pareciera que este rollo antiliberal-bolivariano-indígenista-ecológico-cristiano- pacífico-armado-democrático-participativo-moralista-revolucionario no es más que una mampara que oculta el burdo culto a una persona, porque si bien no se trata de un problema con Chávez o contra Chávez resulta que es impensable prescindir del único líder reconocido por el pueblo y por todos los revolucionarios. Así se entiende mejor la crítica del panfleto a los anarquistas. Bolivarianos o "escuálidos" (mote que Chávez le acuñó a la oposición parlamentaria), toda la dirigencia venezolana está educada en el modo del poder personalista, de mandar arbitrariamente, de usar a la gente y a los bienes públicos en su beneficio propio o, a lo más, de su grupo. Así lo hicieron los caudillos del siglo XIX, así lo hizo Gómez (dictador entre 1908 y 1935), así lo hicieron los dirigentes en la democracia post-1958, y así pretende hacerlo tanto Chávez como sus adversarios institucionales. Todos hablan de libertades, de prosperidad, de construir futuro mejor, pero se trata del gatopardismo de cambiar todo para que todo quede como está. Frente a este afán de dominación, sólo el anarquismo se levanta como una referencia en contrario y es tan molesto para el chavismo como para cualquiera que haya dirigido, o aspire dirigir, al aparato estatal.

A través de los años los únicos que han negado que el individuo deba ceder las prerrogativas que le corresponden como persona en aras de una ideología, de una religión, de un caudillo o de una revolución hemos sido los anarquistas. Para la revolución real, no hay que ceder nada en manos de nadie, sino que debemos sumar, buscar voluntaria y armónicamente lo que consideremos lo mejor para todos. Somos adultos, podemos hacernos cargo de nuestros asuntos sin necesidad de nadie que nos ordene y conduzca. Y aprendimos esto de muchos de los indígenas de América que así han vivido, de 150 años de luchas sindicales, de la revolución española de 1936 y de tantas formas de organización que la gente sabe darse en su propio beneficio, sin necesidad de que alguien nos diga qué debemos hacer. A diferencia de lo que parece ser la propuesta bolivariana de defender la supuesta revolución por la revolución misma, el anarquismo nunca defendió las abstracciones vacías y cuando promueve la revolución lo hace por cada uno de nosotros, buscando no el bienestar de la humanidad en genérico sino el de cada persona concreta.

El panfleto dice: A los bolivarianos nos parecía que era suficiente [para avanzar por la vía de la redención popular] un Estado que dirigiera de manera consciente el reparto de riqueza de manera justa. Se dieron cuenta de que no es así, sólo que la razón del fracaso no es la protesta de la oposición del 11-A como afirman. La primera causa está en pretender que alguien debe asumir el papel de salvador y por eso le debemos obediencia ciega. La segunda causa es plantear la salvación mediada por un Estado cuya propia existencia radica en impedir esa liberación. Es como tratar de apagar un incendio con una lata de gasolina y, por hacer eso estamos como estamos. Claro que también cabe que lo que buscan no sea la redención popular sino mantener la dominación, pero con otros beneficiarios y cambiando el discurso. Sea cual fuere la razón, el anarquismo con su alternativa sirve como espejo, mostrando lo absurdo de los intentos de maquillar el afán de poder y señalando el camino de una auténtica revolución, que no se apoye en la esclavizante sumisión a una estructura militarizada sino en la igualdad, la libertad y la solidaridad entre los integrantes de esta sufrida humanidad.

Coincidimos con lo que termina diciendo el volante: cualquier salida que pretenda violentar nuestros derechos democráticos y soberanos tendrá que enfrentar a un pueblo con convicción. Pero entre esas salidas cuestionadas entendemos que la revolución bolivariana está en igual plano con las aventuras golpistas de derecha o las marrullerías de la "salida institucional" que tanto entusiasmo generan en los políticos de oposición. Mientras que intenten pasar por la puerta del Estado tendremos que prepararnos para muchos fracasos, porque esa puerta no da a ninguna vía positiva. Los males del capitalismo no se solucionan manteniendo y fortaleciendo la estructura política que lo sostiene, el Estado, por más que se pretenda disfrazarlo de revolucionario. En el mundo actual, proponer que la salvación es un Estado con un único líder reconocido por el pueblo, sea Chávez o cualquier otro, es hablar de un círculo cuadrado.


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