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(ca) La conflictividad del campo andaluz y el SOC

From <lahaine_red@yahoo.es>
Date Mon, 4 Nov 2002 14:47:52 -0500 (EST)


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La conflictividad del campo andaluz y el SOC

x Rubén Ibán
 

La lucha contra la más reciente reforma laboral, y en
concreto la reforma del PER, ha puesto o debería haber
puesto de actualidad la conflictividad y la lucha del
campo Andaluz y Extremeño con una larga historia a sus
espaldas. Esta tradición de lucha se ve reflejada en
la actualidad en la moderada combatividad del
Sindicato de Obreros del Campo, que aúna en mayor o
menor medida diferentes corrientes de la lucha obrera
que se han desarrollado en este ámbito, la ocupación
de tierras, el nacionalismo y el catolicismo de
izquierdas o las corrientes comunistas y libertarias.

Dada la falta de credibilidad de los sindicatos
mayoritarios, el SOC parece destinado a cargar con
gran parte de la lucha de los jornaleros desde su
fundación en el 77. Esto a pesar de sus carencias y
contradicciones. Las respuestas a las reformas del
gobierno están enfocándose por el momento hacia la
desobediencia civil: cortes de carretera, ocupaciones
simbólicas, marchas, huelgas de hambre,... sin embargo
la lucha del jornalero tiene un potencial mucho mayor
que este.

Vamos a intentar examinar el origen de la endémica
problemática del campo andaluz que es a su vez el
origen de su conflictividad social.

El latifundio

El campo andaluz ha sido históricamente un nido de
subversión y levantamientos biografiado por
historiadores del XIX como Bernaldo de Quiros y Diaz
del Moral o por sus propios protagonistas como
“Historia de dos revoluciones” de Perez del Alamo. El
periodo de luchas que comienza con el levantamiento de
Loja en 1868 y que termina con la matanza de Casas
Viejas en el 1933 fue el mas conflictivo del que se ha
venido a llamar “espartaquismo andaluz”(1). Esto no es
casualidad, pero no se encuentra aquí el origen del
problema, para ello debemos remontarnos mucho mas
atrás. Aunque no es el momento de buscar el origen del
espacio político y humano llamado Andalucía, muchos
autores definen el mismo como el territorio
conquistado por Fernando III en el siglo XIII mas el
Reino de Granada. La conquista cristiana de gran parte
de la península fue fundamentalmente diferente de la
de Andalucía. El norte fue ocupado mas por la presión
demográfica que por la acción militar, mientras que la
meseta, además de encontrarse escasamente poblada
durante la mayor parte del periodo de convivencia de
ambas culturas, fue ocupada de forma muy espaciada en
el tiempo. La ocupación de Andalucía occidental se
produce mediante la acción de Estados ya consolidados
y en un periodo muy escaso de tiempo. Esto se traduce
fundamentalmente en la creación de grandes
latifundios.

El latifundio es una consecuencia de la expansión y
conquistas de un Estado feudal como el
Castellano-Aragones. Así parece deducirse de la
coincidencia de la estructura de la tierra en
latifundios tanto en las ultimas zonas de la península
ocupadas por los cristianos como en las tierras
posteriormente conquistadas en América. Y es que “la
única experiencia de la que partía el Reino de
Castilla y Aragón ante la conquista de América, era la
conquista del sur de la península Ibérica arrebatada a
los árabes”(2). Hemos de tener en cuenta que la
composición del ejercito de un Estado en la alta edad
media era fundamentalmente diferente del de un Estado
moderno. Así, el origen del latifundio medieval se
encuentra en el pago de servicios a los señores
feudales por sus conquistas en nombre de una
determinada corona.

Durante un tiempo XV-XVII la emigración a América, y
el comercio de los puertos andaluces con este
continente, atenúa la conflictividad latente en esta
situación de una gran masa de campesinos sin tierra,
aunque tampoco quiere decir que no existiese y no es
casualidad el famoso levantamiento de Fuente-obejuna
ni muchos otros. Cierto que esta situación era
principalmente patrimonio del valle del Guadalquivir,
pero también es cierto que esta zona fue la mas
poblada de Andalucía por mucho tiempo.

En el XIX, con el paulatino deterioro del comercio con
América, y el traslado de los ejes de desarrollo a las
zonas mejor posicionadas con respecto a Europa,
Andalucía comienza a convertirse en una región
subdesarrollada con respecto al resto de la península
a la vez que se convierte en una de las zonas mas
conflictivas y preocupantes para el Estado.

Independientemente de la decadencia económica de la
región, el latifundio en Andalucía se traduce en
monocultivo, paro estacional, hambrunas y apabullante
desigualdad entre una reducida elite de grandes
propietarios y una gran masa de campesinos sin tierra.
A su vez la posibilidad para los latifundistas de
vivir cómodamente de las rentas impide el desarrollo
de una burguesía al estilo de las europeas en las
ciudades, no hay demanda de maquinaria luego no se
desarrolla la industria y los capitales no sé
reinvierten(3). Esta situación sin embargo se mantiene
a lo largo de cinco siglos mediante la alianza del
terrateniente con el funcionario del Estado, lo que se
califica como “caciquismo”. Así los sucesivos
levantamientos de campesinos sin tierra son acallados
a base de látigo y cárcel cuando no a cañonazos.

Las ideologías en el campo Andaluz.

Visto esto es fácil comprender que la problemática
particular del campo Andaluz y Extremeño no es otra
que la existencia del latifundio. Es este un problema
eminentemente político y no es de extrañar que tras la
creación de la AIT(4) las doctrinas comunistas se
extiendan como un polvorín por estas latitudes. Es así
el anarquismo la doctrina que más rápida y
profundamente se expande entre los jornaleros(5). Esto
se debe, en parte a que los primeros difusores de las
ideas comunistas que llegaron a Andalucía eran
discipulos de Bakunin, en parte quizas al propio
carácter individualista y desengañado de la politica
institucional del jornalero Andaluz.

El nacionalismo, que hace su aparición con Blas
Infante, también juega su papel- aunque sin calar
realmente en la sociedad andaluza- denunciando el
origen del latifundio en la conquista del territorio
por parte de los reinos de Castilla y Aragón. Estas
herencias las asume el SOC como heredero de la lucha
de los jornaleros tras el estancamiento, para la lucha
de clases, que supone el Franquismo. Prueba de ello es
el origen anarcosindicalista de muchos de sus miembros
que se afilian tras la escisión entre la CNT y la CGT.
Por otra parte la conciencia nacional cala tan
profundamente en el SOC por coincidir su auge con el
periodo de mayor difusión de estas ideas con la
llegada de la democracia, las masivas manifestaciones
del 4D y el aplastante resultado del referéndum por la
autonomía.

La izquierda nacionalista andaluza, aunque pueda ser a
veces algo chovinista, no ha fomentado nunca ningún
tipo de xenofobia. Son repetidas las denuncias del SOC
de las condiciones de explotación de los inmigrantes
en los regadíos de Huelva y Almería, y no han dudado
en apoyar los encierros de inmigrantes como él ultimo
en la Pablo de Olavide. El nacionalismo del SOC entra
mucho mas dentro del patrón de nacionalismo
antiimperialista, inspirados en las luchas por la
independencia latinoamericanas. Esto es común a parte
de los nacionalismos periféricos del Estado español,
sin embargo el SOC no lleva una política realmente
nacionalista. Sus reivindicaciones no parecen prestar
demasiada atención a la independencia y es natural
pues su lucha tiene una orientación bien diferente.
Parece pues percibirse que su carácter nacionalista es
mayormente simbólico y nace de la relación entre el
ente llamado Andalucía y la existencia de campesinos
sin tierra.

La otra orientación integrada por el SOC, el
socialismo en sus diferentes vertientes (libertario,
demócrata o marxista), parece mucho más real en cuanto
a las luchas que esta llevando a cabo este sindicato.
La lucha de los jornaleros, ahora como siempre, es una
lucha por la posesión de la tierra, la única solución
a su situación. Sin embargo esta lucha tiene dos
caminos bien diferentes, la reforma agraria y la
ocupación directa de la tierra. La primera de ellas es
de contenido reformista como el mismo nombre indica,
la segunda implica un cambio revolucionario y por lo
tanto la ruptura con las instituciones.

Las reformas agrarias dentro del contexto industrial y
post-industrial han sido defendidas y realizadas por
gobiernos reformistas de carácter socialdemócrata y de
socialismo de Estado, lo que no quiere decir que no
sean positivas y tengan una repercusión positiva real
en la calidad de vida de la población. Un ejemplo
claro es el Chile de Allende. El PSOE también defendió
durante un tiempo la posibilidad de una reforma
agraria, por supuesto antes de conseguir el poder y
mostrar los verdaderos intereses que defendía este
partido, y es que la posibilidad de una reforma tan
grande como la que haría falta en Andalucía sobre la
propiedad de la tierra es imposible de realizar en la
actualidad por cauces democráticos.

El SOC pretende la reforma agraria, y en este sentido
el verdadero carácter de este sindicato seria el de
reformismo radical. Sin embargo las instituciones no
están interesadas en pactar con este colectivo, que
resulta dentro de la economía actual totalmente
prescindible y fácilmente sustituible por mano de obra
inmigrante. Es ahí donde reside la radicalidad de este
sindicato, pues la única vía de actuación que tiene es
la acción directa y al margen de las instituciones,
incluso cuando controlan varios ayuntamientos. Dentro
de esta orientación el uso de la ocupación directa de
la tierra no es sino una medida de presión para
obligar a los gobiernos a realizar dichas reformas.
Mediante este tipo de acciones se ha conseguido la
expropiación de fincas(6), sin embargo esto no
presenta una solución global para el conjunto de los
jornaleros, dado que el modelo “Marinaleda” no ha
conseguido expandirse a pueblos de características
similares(7).

La lucha presente.

En la actualidad existen dos luchas principales para
con los jornaleros, con los que estamos identificando
al SOC, a falta de otro ente político o sindical con
repercusión real que participe de esta lucha.

La primera, más radical, seria la lucha por la tierra.
Es esta una fuente de conflictividad que seguirá
latente en Andalucía y Extremadura mientras no se
acabe con la distribución actual de la tierra,
mediante reforma o mediante revolución. Dada la
imposibilidad de conseguir esto en el contexto actual
de democracia capitalista, es esta una reivindicación
que deberá esperar tiempos mejores, a menos que
encuentren medios de desobediencia a las instituciones
que se concreten en mejoras cualitativas para los
jornaleros. En este sentido, entre el reformismo y la
acción directa, se han llevado a cabo experimentos
interesantes como la ocupación de tierras, la creación
de cooperativas, idustrias transformadoras dirigidas a
la autonomia alimentaria, presupuestos e impuestos
participativos en Marinaleda y en Cabezas de San Juan.

La verdadera fortaleza de la lucha contra el
latifundio, es que esta es a su vez la lucha contra el
subdesarrollo. La reforma u ocupación de la tierra es
un paso ineludible para el establecimiento de un
modelo económico en el campo que lo saque da la
dependencia y el subdesarrollo. El segundo es la
transformación y distribución de sus productos por los
propios jornaleros, organizados en cooperativas. Sin
embargo, por deseable que sea esta visión, no es sino
un sueño en el momento en que nos encontramos.

La otra lucha es la lucha por conservar los subsidios.
Es esta una lucha mucho mas desesperada, puesto que
sus consecuencias inmediatas pueden ser desastrosas.
Los subsidios son medios para aplacar la
conflictividad del campo andaluz, y no es de extrañar
que su retirada conlleve una reacción en este. Todos
sabemos que no son sino parches a los problemas reales
de subdesarrollo y su función es eludir soluciones
reales (la redistribución de la tierra). Sin embargo
también hemos de tener en cuenta las consecuencias que
va a tener. Sin subsidio es evidente que muchos de los
jóvenes de los pueblos del valle que hasta ahora de
establecían en sus poblaciones van a dejar de hacerlo.
Aunque aumente notablemente el numero de temporeros
arrastrados regularmente fuera de su tierra, es muy
posible que se desarrolle un verdadero éxodo hacia las
capitales de provincia andaluzas, hacia el litoral y
hacia las regiones mas desarrolladas de Europa
occidental. Lo que propone el actual gobierno es el
lento genocidio de los pueblos de la campiña. El
paisaje desolador de los pueblos abandonados de
Castilla y Aragón corre el riesgo de extenderse al
sur.

El subsidio, al igual que la reforma agraria, solo
existen cuando sirven al poder, pues es el poder el
que pone y dispone. Si concluimos que esta puerta esta
sellada, solo les queda a los jornaleros y al SOC o la
radicalización y la ruptura total con las
instituciones o una lenta y dolorosa agonía.

Si esta insostenible situación desemboca en la
emigración o en un nuevo periodo de conflictividad
obrera, esta por ver. En las manos de los jornaleros
emigrados de Africa y Europa del Este, de los
andaluces y de los extremeños esta el futuro de esta
tierra.


Notas: 

1. Adoptado por Bernaldo de Quiros en “Colonización y
subversión en la Andalucía de los s. XVII-XIX.
2. Hector Silva “Iberoamérica: El largo ciclo de la
transnacionalización” (articulo).
3. Existe un cierto consenso en poner el latifundio
como origen del subdesarrollo andaluz. Un buen lugar
para buscar información sobre la frustración de la
industrialización Andaluza es el libro “Historia de
Andalucía Contemporánea” editado por la Universidad de
Huelva.
4. La primera sociedad carbonaria de corte comunista
se remonta a 1969 con la ejecución de ocho jornaleros
en Arahal tras la quema de los archivos del
ayuntamiento y con ellos de los títulos de propiedad,
según el mencionado libro “Historia de Andalucía
Contemporánea”.
5. Díaz del Moral hace un completo seguimiento del
mismo en su libro “Las agitaciones campesinas del
periodo bolchevista”.
6. Marinaleda, por supuesto.
7. En esto por supuesto influye la excesiva
dependencia de un liderazgo fuerte y mesianico, como
es el de Sanchez Gordillo, y la incapacidad de crear
nuevos cuadros politicos o dinamicas asamblearias con
menor necesidad de lideres.

Artículo enviado especial para La Haine
http://www.lahaine.org/


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