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(ca) LAS PRESAS DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTONOMA DE MEXICO

From ondina@aleph.pangea.org
Date Mon, 6 Mar 2000 18:57:08 -0500


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      A - I N F O S  N E W S  S E R V I C E
            http://www.ainfos.ca/
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 BREVE PLATICA CON TANIA HERNANDEZ
por Ondina e Hijas del Mais

Los grandes crímenes de estado siguen impunes en México. Los grandes
corruptos gozan de la protección del sistema. Pero los estudiantes, los
jóvenes que se atrevieron a desafiar el rumbo del neoliberalismo y demandar
educación gratuita, siguen en la cárcel.
En el Reclusorio Femenil Norte del Distrito Federal, 62 mujeres del
movimiento estudiantil de la UNAM y del Consejo General de Huelga
permanecen entre rejas desde hace ya más de un mes. Tania Hernández,
estudiante de psicología de 22 años, cuenta: “La cárcel nos ha
fortalecido. Yo siento que nos incrementa la conciencia, pues qué jodido
está todo para que por luchar por la educación tienes que llegar a la
cárcel. Eso nos incrementa la rabia y el coraje. En este sentido, entre
nosotras no hay ninguna que diga que ya no quiere saber nada con el CGH ni
con la lucha, sino al contrario, quiero salir libre para seguir. Al mes de
estar encerradas, ninguna de nosotras se arrepiente de haber estado en la
Prepa 3 o en la asamblea del CGH del día 5 en la noche. Recuerdo que cuando
nos detuvieron nos aventamos el primer “goya”, llorando, sintiéndolo, con
todas las fuerzas, muy firmes.”
Lo más grave que cuenta Tania es el caso de Erica Romero Rubio, una
muchacha de 18 años que recibió un macanazo en el vientre de parte de la
Policía Federal Preventiva durante el operativo en la Prepa 3 y que sufre
desprendimiento de matriz y no ha parado de sangrar desde entonces. En la
cárcel, no la han empezado a atender hasta 3 semanas después.
¿Cómo es posible que no la liberen para que pueda solucionar su problema de
salud que puede afectar su capacidad reproductiva desde los 18 años? Otra
de las internas, Rosario Paniagua, recibió un golpe que le causó una fisura
en la cadera. No la han atendido ni hecho las radiografías necesarias.
Tania es muy clara al explicar el encuentro que ha significado la cárcel
para todas ellas: “Nos estamos organizando como mujeres. En el CGH nunca
hubo el intento, aunque sentimiento sí que había, por ejemplo muchas chavas
que fuimos a Chiapas y nos reunimos todas juntas a pesar de las tendencias,
pero luego no hicimos más. En el movimiento no fue reflexionado el tema de
género, la verdad es que hubo muy pocos logros en el CGH como mujeres, no
hubo reflexión ni avances, aunque a nivel individual o de facultad sí lo
hubiera, pero como colectividad no.
Ahora sí nos hemos dado cuenta de que somos mujeres dentro de un movimiento
social y eso es algo a tomar muy en cuenta. En la cárcel nos vemos
cotidianamente, hablamos en asamblea de muchas cosas, también de los
hombres, hemos reflexionado. Podemos aportar mucho como mujeres. Ahora
queremos escribir una carta colectiva a los chavos que están presos
diciéndoles que les damos chance de que se apapachen, que no se quiebren.
Nosotras somos muy afectivas, nos apapachamos, nos decimos ¡aay chiquita!
Los chavos están más tronados, porque tienen la afectividad más reprimida.
Nosotras tenemos diferencias políticas muy grandes, pero estamos
tranquilas, unas están más decaídas porque es pesado darse cuenta que ya
cumplimos un mes aquí dentro, pero el ánimo sigue bien porque hemos logrado
crear un espíritu de cuerpo, nos abrazamos, nos queremos, nos cuidamos unas
a las otras”.
Tania cuenta: “Hacemos asamblea cada dos o tres días por la noche, a veces
la mitad se quedan dormidas. Nos levantamos a las 6 y media siete de la
mañana, tenemos que entregar los colchones, pero luego nos regresamos a
dormir. Los días que hay visita nos bañamos, nos vestimos y arreglamos.
Luego nos pasamos el día leyendo, escribiendo, discutiendo. Somos un
desmadre.

Cada tarde hacemos aerobics de esos de oriente. Luego, muchas de nosotras
están haciendo lo que se llama “popotillo”, un cuadro o paisaje que se va
rellenando de palitos delgaditos. Las que le entran al “popotillo”quedan
todas enajenadas haciendo eso, hasta hacen concurso a ver quien termina
primero, dicen que se lo van a llevar a los directores de sus facultades,
para que vean lo que aprendieron en la cárcel.”

Las presas políticas están ahora en la discusión de si aceptar las fianzas
que los jueces están decretando para algunas de ellas e ir recobrando la
libertad a cuentagotas o quedarse para hacer presión y lograr la liberación
de todas o ninguna.

La organización les da solidez y les permite reivindicar su combatividad
aún dentro de la cárcel: “Un día vino la CNDH a visitarnos, muy cínicos
ellos, venían a preguntarnos cómo era el trato y esas cosas. Nosotras todas
nos pusimos a gritarles que gracias a ellos se violó la autonomía
universitaria. Todas nos organizamos para decirles lo que pensamos. Les
dijimos que conocíamos bien los derechos humanos, entre los que está el
derecho a la educación. Luego les reclamamos que quién les va a pagar el
sufrimiento de nuestros padres. Luego les gritábamos que sacaran sus
sonrisas cínicas, fuera!! Fuera!! Les hacíamos gestos como huevos, luego
gritamos consignas. La directora del penal, que era la que los había
traído, estaba consternada. También hicimos nuestro acto de resistencia
civil cuando nos iban a hacer la ficha sinaléptica. Todas nos negamos a
poner la huella dactilar, se armó una buena.Otra acción que hicimos fue
cambiar el pizarrón de una sala donde ahora ya no nos dejan subir, pusimos:
“Ya vieron lo que pasó en El Mexe, cuidado, siguen ustedes” y “presos
políticos libertad” y muchas más cosas. Como ven, nosotras estamos fuertes,
organizadas, los chavos están más aguados, traen un desmadre, fue la CNDH y
no hicieron nada.”

El espacio donde pueden recibir visitas las estudiantes es apenas un
corredor y un patiecito de 15 metros cuadrados, junto a una coladera. Ahí
se amontonan muchachas, padres, madres con bolsas, refrescos, yogurts para
las hijas. Y novios. También maestras solidarias que abrazan a las chavas y
les dan las gracias por su entrega a una causa justa, o señoras que
estuvieron en la lucha estudiantil de 1968 y vienen a saludar. No hay lugar
para sentarse, ninguna intimidad en lo que se habla, pues es inevitable
escuchar 4 conversaciones a la vez. El gobierno del DF no ha tenido la
deferencia de buscar un espacio mínimo para que las presas políticas puedan
recibir. Pero no parece importarles a ellas. Las reclusas visten de color
blanco y café, todas llevan colgados unos bolsitos tejidos que han
aprendido a confeccionarse en las largas horas del encierro. Se las ve
guapísimas, algunas casi niñas, limpias, sus rostros llenos de vida. Nos
vemos peor las visitas, es seguro.

Tania nos explica la situación de la cárcel: “En cada celda estamos unas 10
o 11 compañeras, estamos muy estrechas, por suerte hace una semana nos
dejan las puertas abiertas y podemos dormir en los pasillos y así no estar
unas casi encima de otras. En el día salimos a un patiecito que es muy
chiquito, ahí algunas se asolean, otras hacen ejercicio y también gritamos
consignas, eso nos gusta y nos va muy bien. Las custodias no nos dejan
gritar, pero siempre les decimos que sólo una más. Ahora vamos a hacer una
carta a la dirección del penal para pedir permiso especial para gritar
consignas.”


Se ha establecido una inmejorable relación de las estudiantes con el resto
de internas: “Algunas chavas que ya bajaron a población, porque la mayoría
estamos en ingreso, nos cuentan que se juntan con las internas y platican,
muchas de las mujeres que están aquí por los más diversos delitos fueron
torturadas, entonces nuestras compañeras les explican que tienen derechos,
ahora les pedimos a los del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro
que nos manden machotes de denuncias para que las internas puedan poner sus
casos.”

Respecto al futuro del movimiento estudiantil y los pasos a tomar, las
mujeres presas han llegado al acuerdo de que “eso tiene que salir del
consenso, de las asambleas afuera que saben como están las cosas, son
quienes deben tomar las decisiones, nosotras no emitimos una opinión sobre
qué hay que hacer. Lo que tenemos claro es que el conflicto no ha sido
solucionado y hay un pliego petitorio que se tiene que cumplir, no sólo
está la demanda de libertad para todos los presos, sino unas exigencias por
las que estamos todos luchando”.

Tania reflexiona: “Nos da miedo también la libertad, porque seguro que el
hostigamiento contra nosotros estará muy grueso, habrá que cuidarse un
chingo, pues los procesos de cada quien a ver como evolucionan. Ahora
sentimos inquietud de no saber qué hacer, si salir con las fianzas o
quedarnos todas. Pero afuera hay mucha necesidad, muchas cosas que hacer. A
los compañeros que salen les decimos que por favor no nos dejen solos, que
aquí resistimos, pero que luchen porque sabemos que hay gente que se va a
quedar y no puede quedarse nadie”.

Las presas descubrieron ciertas desigualdades de sexo en la cárcel misma:
“Los chavos tuvieron periódicos desde el primer día. A nosotras no nos
llegó ese privilegio hasta 3 semanas después.”
Otra cosa que las presas advirtieron fue que casi no iban medios de
comunicación ni organizaciones a verlas a ellas en comparación con los
hombres. No obstante, para hablar con la prensa, como para todo, las
estudiantes se han organizado: “Nosotras acordamos participar todas, lo
hacemos rotativo, tiene que ser múltiple de 6, sino pues nos lo sorteamos.”

No todo son desventajas: “Con los padres, la hemos tenido más fácil que los
hombres, primero porque quieras o no, somos mujeres y nos ven como ¡ay mi
hijita, pobrecita!. No ha habido casos de padres que se desesperaran, más
en los hombres. Ahorita en cada visita discutimos todos los temas con los
padres, como lo de las fianzas, hacemos comunicados a los padres de familia.

Hay grandes colas para llamar por teléfono. Cuenta Tania que una de las
presas, Norma, tiene a su compañero Alvarito en el reclusorio de hombres.
Para poderse hablar, marcan al mismo lugar a dos teléfonos distintos y ahí
sus amigos pegan un aparato a otro. La necesidad hace despertar el ingenio.
FIN






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