A - I n f o s
a multi-lingual news service by, for, and about anarchists **

News in all languages
Last 30 posts (Homepage) Last two weeks' posts

The last 100 posts, according to language
Castellano_ Català_ Deutsch_ English_ Français_ Italiano_ Português_ Russkyi_ Suomi_ Svenska_ Türkçe_ All_other_languages
{Info on A-Infos}

(ca) CONSEJO DE GUERRA POR DESERCIÓN EN VALENCIA A UN ANTIMILITARISTA

From 10586gh6@teleline.es
Date Wed, 16 Feb 2000 14:02:04 -0500


 ________________________________________________
      A - I N F O S  N E W S  S E R V I C E
            http://www.ainfos.ca/
 ________________________________________________

> ;
> From: MOC Subject: Consejo de guerra en Valencia
> 
> 
> NOTA INFORMATIVA DEL MOC VALÈNCIA
> 
> CONSEJO DE GUERRA POR DESERCIÓN EN VALENCIA A UN ANTIMILITARISTA
> PARTICIPANTE EN LA CAMPAÑA DE "INSUMISIÓN EN LOS CUARTELES"
> 
> El próximo jueves, 17 de febrero, a las 10.00 h. tendrá lugar en la sede
> del Tribunal Militar Territorial Primero de Valencia (C/ Serrano Flores, nº
> 6, junto al paseo de la Alameda) el juicio por deserción contra el
> antimilitarista del Moviment d'Objecció de Consciència (MOC) y del Grup de
> Recolzament a la Deserció (GREDE), Óscar Cervera García. Se enfrenta a una
> petición fiscal de 2 años y 4 meses de prisión militar como consecuencia de
> su participación en la campaña de desobediencia civil antimilitarista
> llamada "insumisión en los cuarteles".
> 
> El insumiso-desertor valenciano se incorporó al acuartelamiento "General
> Almirante" en la Base Militar de Marines (València) , donde había sido
> destinado para realizar el servicio militar, el 11 de noviembre de 1998. Al
> día siguiente desertaba de la unidad para incorporarse, junto con otros
> antimilitaristas del MOC y del GREDE a una concentración antimilitarista,
> que tuvo lugar en la puerta de la base militar, haciendo así pública su
> desobediencia.
> 
> Su delito es participar en el movimiento de desobediencia civil impulsado
> por el MOC que extiende la insumisión dentro de los cuarteles. El objetivo
> de esta campaña antimilitarista es empezar a cuestionar el nuevo modelo de
> Fuerzas Armadas profesionales que se está construyendo de espaldas al
> control popular, poniendo en evidencia sus graves costes económicos y
> sociales, y sus verdaderas funciones de dominación Norte - Sur, a través de
> la OTAN y la UEO. Para el MOC es preciso abrir un debate en profundidad
> sobre la defensa en la sociedad: ¿qué queremos defender? ¿de qué tenemos
> que defenderlo? ¿cómo debemos hacerlo?
> 
> Otros treinta y tres antimilitaristas se han sumado desde el comienzo de
> esta campaña a la "Insumisión en los Cuarteles". La mayoría ya han sido
> juzgados y condenados a 2 años y 4 meses de cárcel militar. Diez de ellos
> se encuentran cumpliendo condena en la prisión militar de Alcalá de
> Henares. Entre ellos, Carlos Pérez Barranco, insumiso valenciano, que fue
> detenido el pasado día 30 de enero en una acción noviolenta en el cuartel
> de San Juan de la Ribera, en València, y que pasó así a cumplir la condena
> impuesta por el Tribunal Militar que le juzgó en Badajoz el 17 de diciembre
> de 1998.
> 
> Se da la circunstancia que el próximo día 20 de febrero se cumplen 11 años
> desde que el Movimiento de Objección de Conciencia iniciara la campaña de
> insumisión, a la que desde entonces se han unido miles de jóvenes que han
> venido expresando así su rechazo al servicio militar y al ejército, con el
> apoyo de numerosos colectivos sociales.
> 
> Moviment d'Objecció de Consciència (MOC València)
> teléfono de contacto: 96 391 67 02 (se pueden dejar mensajes en el 
contestador)
> 667 275 840 (Óscar)
> 
> 
> CARTA DE ÓSCAR CERVERA AL JUEZ MILITAR
> 
> Valencia, 16 de enero de 1999.
> 
> Sr. Juez:
> 
> Bastará para presentarme con que le diga que soy un desertor e insumiso en
> los cuarteles. El pasado dÌa 10 de noviembre de 1998 ingresé en el
> Acuartelamiento "General Almirante"  (Base Militar de Marines), según
> indicaba la orden de incorporación al servicio militar obligatorio que se
> dictó desde el Centro de Reclutamiento de Valencia el 21 de octubre,
> destinándoseme a la unidad de servicios (USBA) de la susodicha base. Al día
> siguiente, 11 de noviembre, salí del cuartel por la tarde, aprovechando el
> correspondiente pase de pernocta y me incorporé a una concentración
> antimilitarista y a favor de la insumisión en los cuarteles que tenía lugar
> cerca de la puerta del mismo. Desde entonces no he vuelto a aparecer por
> dicho recinto militar ni tengo intención alguna de hacerlo. El día 12 del
> mismo mes comuniqué por teléfono al coronel jefe de la base, Elías Isach
> Castelló, mi firme decisión de desertar del ejército, haciéndole saber (tal
> como declaro por escrito ahora) que mi acción se enmarca y tiene pleno
> sentido dentro de una campaña colectiva de desobediencia civil
> antimilitarista conocida como "insumisión en los cuarteles".
> 
> Dicha campaña fue puesta en marcha por el Movimiento de Objeción de
> Conciencia (MOC) (al que pertenezco) en febrero de 1997, profundiza en la
> campaña de insumisión que viene llevándose a cabo desde hace diez años, y
> sus objetivos principales son: desenmascarar y denunciar públicamente la
> funesta misión que cumplen los ejércitos, asÌ como los efectos perniciosos
> que ejerce el militarismo en la sociedad; abogar por la acción colectiva,
> pública y noviolenta como instrumento de lucha contra la injusticia, la
> desigualdad social y por la abolición del ejército (que es precisamente uno
> de sus principales sostenes); y propugnar, haciéndolos realidad, valores
> como la paz, la solidaridad, la justicia y la democracia directa. Somos ya
> 26 los insumisos en los cuarteles que hemos desertado del ejército, varios
> de ellos ya han sido juzgados y condenados por los tribunales militares, y
> han cumplido o cumplen en la actualidad penas de prisión militar. Muchas
> otras personas, colectivos u organizaciones sociales, desde distintas
> perspectivas ideológicas, participan y dan su apoyo a esta campaña
> antimilitarista. Ahora mismo, nuevas deserciones están preparándose...
> 
> Así pues, las motivaciones que me llevaron a desertar de las Fuerzas
> Armadas son de índole ética, ideológica y política. Aunque no me siento
> obligado a explicitarlas delante de ningún tribunal, y menos de uno
> militar, al que no reconozco autoridad alguna para juzgar mis acciones y
> mucho menos mi conciencia, sí deseo hacerlas públicas e instarle a Ud. a
> reflexionar y a dialogar sobre ellas. El 19 de diciembre pasado, junto a un
> nutrido grupo de antimilitaristas, yo y otros dos nuevos desertores más,
> hicimos p™blica nuestra desobediencia ante las puertas del Cuartel General
> del Ejército, en Madrid. Al igual que manifesté ese día declaro ahora lo
> siguiente:
> 
> El ejército no nos defiende de ningún peligro real, ni su existencia
> responde a ninguna necesidad social objetiva. La visión que pretende
> imponerse a la sociedad desde los estamentos gubernativo y militar,
> consistente en considerar como hipotéticos enemigos a seres humanos de
> otras nacionalidades, países o estados es a todas luces falsa y maniquea.
> Con ello pretende generarse una verdadera coerción social, el control de
> las conciencias y sentimientos colectivos sobre la base del miedo a la
> diferencia frente a los otros/as y a alimentar una conciencia nacional
> paranoica y peligrosa para la convivencia pacífica entre las sociedades
> humanas. En cambio las Fuerzas Armadas son un mecanismo perfectamente
> inútil para resolver los verdaderos problemas que nos afectan a todos y a
> todas: el paro, la pobreza y la exclusión social, la destrucción del
> entorno ambiental, el recorte de los servicios y prestaciones sociales, el
> autoritarismo, el machismo, el racismo, así como cualquier forma de
> violencia contra los derechos humanos y sociales. Más aún, como bien
> demuestra la historia de la humanidad, los ejércitos son el último garante
> de que las causas que originan estos problemas: la explotación económica y
> de la naturaleza, la desigualdad social y de género, el patriarcado, las
> relaciones de dominación - dependencia Norte - Sur, y el propio
> militarismo, sigan existiendo, en beneficio de la minoría privilegiada que
> se beneficia de ello, aunque signifique condenar a la miseria a más del 80%
> de los seres humanos.
> 
> El ejército no aumenta nuestra seguridad. Lejos de contribuir a desactivar
> conflictos, los ejércitos y la proliferación armamentística los agravan,
> aumentan los desequilibrios entre los pueblos y posibilitan que lleguen a
> convertirse en guerras. Un ejemplo claro lo constituye la pervivencia y el
> refuerzo de estructuras militares como la OTAN y la UEO. Los dirigentes
> políticos y militares de estas organizaciones no tienen reparos en hablar
> del "peligro", cuando no del 2enemigo del Sur", y crean fuerzas de
> intervención rápida capaces de actuar ante cualquier "inestabilidad" que
> pueda producirse en el Norte de África o en Oriente Medio. Sin embargo, la
> realidad muestra una vez más cuanto de cinismo hay en este discurso de la
> "amenaza del Sur". Los cinco países mediterráneos de la Unión Europea,
> concentran un 91% de la riqueza (P.N.B.), frente a sólo el 9% del total
> atribuible a los diez países mediterráneos del Magreb y del Próximo
> Oriente. En cambio, sólo el presupuesto de defensa de Francia, Italia y
> España es 75 veces superior al de todos los países del Magreb juntos. Más
> bien habría que evidenciar cómo la seguridad del Norte rico consiste en la
> inseguridad y la opresión del Sur empobrecido, cómo se inventan enemigos
> que justifiquen la existencia y la potenciación de las estructuras
> militares de los estados y sus organizaciones multilaterales, y cómo se
> mantienen grandes empresas destinadas a la producción y al negocio de la
> venta de armamento.
> 
> El ejército no garantiza la paz. "Si vis pacem, para bellum" (si quieres la
> paz, prepara la guerra), reza una antigua consigna militar que todavía
> corona la puerta de entrada a algún que otro recinto castrense (como por
> ejemplo la del cuartel de Paterna, en Valencia). Con esta doctrina
> belicista pretende justificarse lo injustificable: que ingentes recursos
> materiales y humanos se dediquen a la preparación de la guerra, mientras se
> recortan las partidas presupuestarias destinadas a cubrir necesidades
> básicas como la educación y la sanidad pública, los servicios sociales, las
> prestaciones por desempleo... En 1998 el Estado Español no tuvo reparos en
> destinar casi 2 billones de pesetas de los presupuestos generales para el
> gasto militar (partidas del Ministerio de Defensa y de sus organismos
> autónomos, pensiones militares, Guardia Civil, contribuciones a la OTAN y a
> la UEO, adquisición de tanques Leopard y la construcción del avión de
> combate europeo: el Eurofighter,...). Sin embargo, ningún ejército defiende
> la paz. Las misiones presuntamente humanitarias y pacificadoras en
> conflictos como los de Bosnia, Albania o Kosovo (conflictos generados o
> agravados por el injusto orden internacional actual y alimentados por armas
> occidentales), no son mas que un pretexto para justificar los ejércitos
> delante de la opinión pública de los estados occidentales y un obstáculo
> para buscar y construir vías alternativas de defensa popular noviolenta,
> como la desobediencia civil o el apoyo a los desertores de los ejércitos
> contendientes.
> 
> El ejército no defiende la democracia. Es más, el militarismo y todo lo que
> rodea la defensa militar se caracterizan por desenvolverse con el mayor
> secretismo y la más absoluta carencia de control popular. La integración
> plena y definitiva del Estado Español en la estructura militar de la OTAN
> en 1997 y la reciente ampliación de las bases aeronavales de Rota y Morón,
> violando sin ningún escrúpulo incluso las condiciones contempladas en el
> falsificado referéndum de 1986, son buenos ejemplos de lo dicho. Dada la
> situación geográfica de la Península Ibérica y el papel estratégico que se
> le asigna dentro de los esquemas de la Alianza Atlántica, el territorio
> español se ha convertido en una plataforma de agresión sobre el Sur del
> Mediterráneo y Oriente Medio. El ingreso en la OTAN, frustra
> indiscutiblemente la posibilidad de una política exterior autónoma basada
> en la cooperación, la paz, el diálogo y la confianza mutua, especialmente
> con los paÌses árabes y mediterráneos, y agranda la fractura democrática
> inherente a las políticas militares. Ahora ya, no será siquiera necesario
> que el órgano que ostenta la supuesta representación de la soberanía
> popular -el Parlamento-, y menos aun la ciudadanía, deba pronunciarse antes
> de que la OTAN emprenda una acción militar con participación española.
> Queda también garantizada la continuidad de las bases norteamericanas,
> posibilitando hasta su ampliación, y se abre la puerta a la presencia de
> armas nucleares en el territorio del Estado Español. Y por si fuera poco,
> la adaptación y "modernización" del ejército español, acorde a los esquemas
> atlantistas y de los intereses militares estadounidenses, hará crecer aún
> más el presupuesto militar, nuevamente en detrimento de las partidas
> sociales y de aquellas que deberían destinarse a la cooperación solidaria
> entre los pueblos.  En fin, un ejemplo más de cómo las decisiones en
> materia de "defensa" responden a designios que son dados de antemano, desde
> el poder, sin que haya ningún lugar para la libre discusión pública. Así,
> todas las decisiones relacionadas con la defensa militar se toman ignorando
> la voluntad popular, manipulando y engañando vilmente a la opinión pública,
> y pasando con absoluto desprecio por encima de principios democráticos
> básicos.
> 
> El ejército no defiende los derechos humanos. No lo ha hecho nunca, como
> tampoco lo hace ahora. De hecho, las fuerzas y cuerpos militares son y han
> sido los mayores violadores de los derechos humanos. Los casos de
> Guatemala, Chile, Argentina, El Salvador, Colombia, Argelia, Indonesia,
> Turquía... y tantos otros, llenan las páginas más negras de violaciones
> sistemáticas de los derechos humanos, con la implicación directa de sus
> ejércitos y/o dictaduras militares en tales atrocidades. Nuestra propia
> historia reciente es otro ejemplo: el régimen militar franquista con su
> oscuro legado no deja lugar a dudas. Pero, las nuevas Fuerzas Armadas
> "democráticas" no parecen cumplir tampoco un papel honroso desde el punto
> de vista de la promoción y defensa de los derechos humanos. Si no, no se
> explica cómo el Estado Español puede ser aliado de gobiernos como el de
> Turquía (miembro también de la OTAN) que somete al pueblo kurdo a un atroz
> genocidio; cómo puede autorizar la exportación de armas de fabricación
> española, cuando no vendérselas directamente, para que el ejército turco
> las emplee eficazmente; o realizar maniobras militares conjuntas (sin que,
> sea dicho de paso, "nuestros" militares parezcan escandalizarse). Y es que
> el caso de la venta de armas y de la cooperación militar española con otros
> países, merece una mención aparte. En aras de potenciar y modernizar la
> industria militar, con el fin (aparte de hacer negocio, claro está), de
> desarrollar la tecnología propia que necesita el ejército (así lo han
> venido declarando los sucesivos ministros de defensa), se han vendido y
> siguen vendiéndose grandes cantidades de armamento a numerosos países del
> llamado Tercer Mundo, mucho de ellos involucrados en conflictos bélicos y/o
> que violan sistemáticamente los derechos humanos, como Marruecos,
> Tailandia, Indonesia, México, Colombia, la misma Turquía e incluso en su
> tiempo a la dictadura de Pinochet en Chile. ¿Puede existir mayor ignominia
> y desprecio hacia los derechos humanos?...
> 
> El ejército es el mayor peligro para la paz. Afirmación que resulta obvia y
> que sería innecesario enunciar, si desde el poder político y militar no se
> intentara continuamente tergiversar los hechos hasta lo inimaginable. Bien
> sabido es que el fin de los ejércitos no es otro que hacer la guerra. A
> ello dedican todos sus esfuerzos y para ella se preparan en tiempos de
> "paz". No importan los efectos catastróficos que esto tenga sobre la vida y
> la convivencia de los pueblos, ni que se haga en contra de los intereses
> objetivos de la gran mayoría de los seres humanos.
> 
> Hace menos de un mes, hemos podido comprobar cuál es la utilidad de los
> ejércitos en los últimos bombardeos a Irak efectuados por aviones
> estadounidenses y británicos, con el consentimiento o la complicidad de los
> gobiernos europeos (entre ellos el español, que no ha dudado en
> proporcionar apoyo logístico a tan criminal operación desde las bases
> militares españolas). No importan las muertes inocentes que se produzcan,
> no importa que se masacre a un pueblo ya castigado por un embargo inmoral,
> no importa que se violen hasta los principios fundamentales del tan
> cacareado, maltrecho e interesado derecho internacional. Este nuevo acto de
> terrorismo institucional no ha tenido otra motivación real que la de
> afirmar con arrogancia el papel de EE.UU. como gendarme del mundo, con
> total desprecio hacia las víctimas civiles y la destrucción que los
> bombardeos y el embargo ocasionan a la población iraquí. El apoyo del
> gobierno español y el uso de las bases militares para las acciones bélicas
> son acciones de vergonzosa complicidad con el genocidio.
> 
> Terminada la guerra fría, desaparecido el enemigo "comunista", la Guerra
> del Golfo de 1991 dejó bien a las claras cuál es el verdadero objetivo de
> los ejércitos y estructuras militares de los países occidentales (EE.UU.,
> la Unión Europea y Japón): garantizar el acceso libre y barato a recursos
> estratégicos como el petróleo, asegurar el dominio económico, político y
> militar de los territorios y países que sean necesarios para ello, y evitar
> cualquier inestabilidad que pueda poner en peligro el orden internacional
> que propugnan, aunque para ello haya que estigmatizar a algún antiguo
> aliado que fue útil en el pasado, como el régimen iraquí.
> 
> A lo largo de este siglo se han producido decenas de guerras, dos de ellas
> mundiales, con un balance total verdaderamente estremecedor: más de cien
> millones de personas muertas, y muchas más mutiladas, heridas, huérfanas,
> refugiadas, etc. La supuesta época de paz que vendría después de finalizada
> la guerra fría con todos sus buenos augurios, no ha sido mas que un
> espejismo: desde 1980 ha habido más de sesenta conflictos armados en el
> mundo, que han provocado centenares de miles de muertos y más de diecisiete
> millones de refugiados. Estas víctimas eran y son mayoritariamente
> pacíficas e indefensas, población civil sometida a vivir los desastres de
> la guerra y del militarismo. ¿Existe alguna duda de que la sola existencia
> de los ejércitos es una amenaza constante para la paz mundial y para la
> vida de las personas y los pueblos?
> 
> El ejército defiende la injusticia social y económica. Como instrumento al
> servicio de los estados, las fuerzas armadas, mantienen y defienden
> mediante la fuerza y la coerción, los intereses de la clase dominante. En
> el orden internacional, el militarismo es la estructura de desarrollo del
> imperialismo, de la división internacional del trabajo y de la expoliación
> del llamado Tercer Mundo, de la carrera de armamentos, de la economía
> enfocada a la preparación de la guerra y de la amenaza de destrucción del
> planeta. A través del control financiero (Banco Mundial y Fondo Monetario
> Internacional), comercial (Organización Mundial del Comercio), político
> (G-7, ONU) y militar (OTAN) (que ejercen las burguesías de los países
> centrales con sus todopoderosas empresas transnacionalesñ, se continúa
> dominando y expoliando a los países empobrecidos de la periferia:
> sirviéndose de sus recursos naturales, beneficiándose de su mano de obra
> barata, favoreciéndose de las desiguales relaciones comerciales y del
> control de los precios, ahogando sus economías por el pago de la deuda
> externa. Parece que en la actualidad, ya no es necesario ocupar territorios
> mediante intervenciones militares coloniales para mantenerlos bajo el
> dominio económico y político. No obstante, el militarismo sigue siendo el
> último garante de la injusticia. Cuando el devenir de los acontecimientos
> hace que las grandes potencias, con el fin de mantener o defender sus
> intereses, juzguen necesario intervenir militarmente en una determinada
> región del planeta, sus agencias informativas y los medios de comunicación
> mayoritarios ya se encargan de escondernos cuáles son sus verdaderas
> intenciones, maquillándolas de razones humanitarias, de lucha contra el
> narcotráfico o contra el terrorismo internacional.
> 
> En el orden interno, la militarización social es el proceso por el cual
> desde las instancias de poder se intenta que la sociedad justifique y deje
> en manos de cuerpos armados y de "seguridad" la "defensa" de sus supuestos
> "enemigos", bien sean agresores externos o internos (delincuencia,
> terrorismo, grupos violentos, inmigrantes ilegales,...). Este proceso, de
> sentido claramente antidemocrático, fomenta formas crecientes de
> autoritarismo, represión y violencia institucionalizada, y oculta las
> verdaderas causas de estos problemas: injusticia y desigualdad social, paro
> y exclusión, división Sur - Norte... De esta forma, el poder consigue
> mediante la coerción y la fuerza el mantenimiento del orden establecido,
> oponiendo un serio obstáculo a cualquier intento de transformación social
> verdaderamente democrática.
> 
> El ejército es la mayor amenaza para la democracia. Las instituciones
> castrenses, por su propia idiosincrasia, como cuerpos armados, jerárquicos
> y autoritarios, son especialmente propicias para la realización de golpes
> de estado, el fomento de tramas antidemocráticas y el mantenimiento de
> dictaduras, regímenes autoritarios y personalistas. La historia de muchas
> naciones y pueblos está jalonada de numerosos ejemplos de esta lacra. Sin
> ir más lejos, en los últimos 200 años el ejército español no nos ha
> defendido de agresión o enemigo externo alguno, su única misión -a parte de
> protagonizar ominosas guerras coloniales, por mantener el dominio de
> territorios cuyo derecho a la soberanía e independencia había sido
> claramente transgredido por España, (Cuba, Filipinas, Puerto Rico,
> Marruecos, El Sahara, Guinea Ecuatorial, etc.)- ha sido la de agresor
> contra el propio pueblo, siendo un peligro constante para el ejercicio de
> las libertades públicas y un eficaz instrumento represivo en manos de los
> poderes dominantes.
> 
> En nuestra época, y en el contexto geográfico y político en el que nos
> encontramos, los militares no ocupan el gobierno ni intervienen
> directamente en la toma de decisiones políticas. No es necesario: el poder
> político ya está militarizado, funciona desde la lógica y los esquemas
> militaristas y no duda en tomar decisiones como: autorizar exportaciones de
> armas, la integración en la estructura militar de la OTAN o la implicación
> en acciones bélicas contra terceros países; que suponen una clara
> transgresión de los principios democráticos y de los derechos humanos, y el
> sometimiento del poder civil a los fines militares y a su lógica
> antidemocrática.
> 
> El ejército transmite valores belicistas, autoritarios, jerárquicos,
> machistas y represivos. La ideología que sustenta el militarismo promueve
> la disciplina, la obediencia ciega a las órdenes y a los mandos militares,
> el vano patriotismo, el heroísmo y la exaltación de la guerra y la
> violencia. Todos estos valores son contrarios a la dignidad de la persona,
> reducen al ser humano a una condición miserable al privarlo del ejercicio
> de su libertad, lo degradan conviertiéndolo en una pieza de una maquinaria
> absurda e infernal. El ejército necesita de este aborregamiento de las
> personas: es la base de su sistema disciplinario, de la jerarquía castrense
> y del sometimiento de los individuos a los fines militares. Los soldados
> obedecen las órdenes, no las cuestionan ni les está permitido discutirlas
> (hacerlo se considera un acto de rebeldía). Eso explica cómo pueden llegar
> a cometer los más diversos actos criminales, incluso contra población civil
> indefensa, justificándolos dentro de la lógica de la guerra: la que pone a
> los seres humanos en la terrible disyuntiva de matar o morir.
> 
> La transmisión de este tipo de valores no se circunscribe a la tropa. La
> conscripción ha venido cumpliendo la función de escuela de adoctrinamiento
> destinada a inculcar en los jóvenes los valores propios del militarismo. En
> la actualidad con el anunciado fin del servicio militar y el proceso de
> profesionalización de las Fuerzas Armadas, el Ministerio de Defensa y las
> instituciones militares, preocupadas por el rechazo social hacia lo militar
> y el exiguo entusiasmo de la población hacia los fines de la defensa
> nacional, están dirigiendo hacia la escuela y el ámbito educativo sus
> esfuerzos tanto de captación de futuros reclutas como de difusión de los
> valores militaristas. Así lo manifiesta sin reparos la Directiva de Defensa
> Nacional del 20 de diciembre de 1996, que establece que: "Se promoverá, a
> través del sistema educativo, en general, un conocimiento suficiente de la
> organización y política de la defensa, y de la función de los Ejércitos,
> para así fomentar el compromiso de los españoles con las exigencias de
> nuestra seguridad y defensa." Notable perversión de las funciones del
> sistema educativo y del propio concepto de educación.
> 
> El ejército es una amenaza para las libertades individuales y colectivas.
> La sumisión de una persona al ejército para convertirse en soldado está
> vinculada inevitablemente con la pérdida de su libertad, de su libre
> albedrío, de su capacidad de pensar, actuar y decidir según su propia
> conciencia. La educación militar, con sus efectos psicológicos y sobre el
> comportamiento de la persona, conlleva la privación de los derechos más
> fundamentales del individuo. Éste se convierte en un mercenario al servicio
> de los fines del ejército: pasa a transformarse en un instrumento de la
> muerte en situaciones de guerra, o en un servidor útil para el
> mantenimiento de la esfera de influencia militar sobre las sociedades en
> tiempo de "paz". Pero como he mostrado repetidamente, los efectos del
> militarismo no quedan sólo en el ámbito de las personas reclutadas por los
> ejércitos. La influencia de las fuerzas e instituciones armadas en el
> gobierno de un estado y en general, en la sociedad, supone una restricción
> clara de las libertades colectivas. La construcción de una sociedad
> verdaderamente democrática, libre y plural pasa necesariamente por la
> desaparición del ejercito y de la lacra del militarismo.
> 
> Comprenderá pues que por todas las razones expuestas, no sólo no pueda ni
> quiera colaborar con el ejército, sino que además actúe colectivamente
> dentro del movimiento antimilitarista en aras del único objetivo concreto
> que puede contribuir irrevocablemente a la extinción radical de las
> guerras, del peligro de guerra y de los nefastos efectos del militarismo:
> la abolición de los ejércitos.
> 
> Aunque como movimiento político transformador nuestro fin último es la
> construcción de un nuevo modelo de sociedad, seguimos creyendo que nuestra
> prioridad específica es trabajar por la desaparición de los ejércitos. En
> efecto, la desaparición de los ejércitos no es un fin en sí mismo, pero su
> disolución nos liberaría al menos de uno de los principales garantes y
> condiciones de posibilidad de un orden injusto, un obstáculo para la
> transformación social y una amenaza para la paz verdadera basada en la
> justicia.
> 
> Así pues, mi acción de desobediencia civil al ejército, como la del resto
> de los antimilitaristas de diferentes lugares del Estado, constituye un
> gesto de responsabilidad y de compromiso con la transformación de un estado
> de cosas en el que se priorizan las políticas militaristas sobre las
> verdaderas necesidades que la sociedad siente como urgentes. Por su
> carácter público, noviolento y colectivo, de apelación a valores
> socialmente asumidos, de apertura del debate social, la insumisión en los
> cuarteles es una forma de participación social, de acción política
> radicalmente democrática.
> 
> Con ella intentamos activar el debate, secuestrado por las elites militares
> y gubernamentales, sobre de qué y cómo quiere defenderse la sociedad de los
> problemas que le afectan y de sus verdaderos enemigos: la opresión, la
> injusticia y la explotación. Las múltiples expresiones del militarismo
> nunca han conseguido identificar estos enemigos ni resolver los conflictos
> con justicia, sino que han contribuido significativamente a la perpetuación
> de este estado de cosas que rechazo radicalmente.
> 
> Atentamente, reciba un cordial saludo antimilitarista,
> 
> Óscar Cervera García.
> 
> 
> 
> 



                       ********
               The A-Infos News Service
      News about and of interest to anarchists
                       ********
               COMMANDS: lists@tao.ca
               REPLIES: a-infos-d@lists.tao.ca
               HELP: a-infos-org@lists.tao.ca
               WWW: http://www.ainfos.ca
               INFO: http://www.ainfos.ca/org

 To receive a-infos in one language only mail lists@tao.ca the message
                unsubscribe a-infos
                subscribe a-infos-X
 where X = en, ca, de, fr, etc. (i.e. the language code)


A-Infos
News